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Cambios, cambios y más cambios
Reales |
26.06.15
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Sinopsis

Todos los días tienes que estar dispuesto a recibir esa noticia que te cambiará la vida ¿Estás preparado para ello? La realidad siempre supera a la ficción.

Tercera vez que cambio de posición en la cama mientras los pájaros cantan anunciando el amanecer próximo. De nuevo esta tortura, llamada por muchos descanso, provoca que apague el despertador una hora antes de lo habitual y empiece el día cargado de energía positiva. Lo mejor para volver a encajar todos los huesos es meterse en la ducha, previa comprobación de la botella de butano, y tomarse un buen café cargadito para afrontar un nuevo día de trabajo.

El olor a café despierta a un muerto, y si lo acompañas de bollería industrial rebosante de aceites vegetales y grasas, la mañana se atisba productiva. Ya sólo queda un pequeño paso, seguir con lo recomendado por los médicos, revistas y programas de salud; no coger el ascensor o el coche y realizar ejercicio continuado durante las primeras horas de la mañana.

En mi caso es más por necesidad que por gusto, ya que el coche sólo lo utilizo para desplazamientos largos, dentro de núcleos urbanos le doy todo el protagonismo a mi ‘motorbike’, una de esas bicis que compras en el parque de arriba a un tipo que en cuanto pueda te la robará para volver a revenderla. Ya está todo listo, vamos para la oficina que hoy tenemos que apretar un poco y dar el toque final a un proyecto de telefonía móvil.

Pocas cosas deprimen más que una oficina situada en un barrio fantasma y, concretamente, en un edificio de pisos comprados a precio de saldo al banco de turno. Desde que entras al barrio, en el que se sitúa la empresa, te das cuenta de las verdaderas barbaridades que se han hecho desde que a un ególatra con bigote se le ocurrió la bárbara idea de vender todo el suelo a precio de saldo.

La mezcla entre amoníaco y friegasuelos barato indica que la buena de Maruja ya ha pasado por allí y tienes que tener cuidado de no resbalar, además siempre tiene un huequecito para mi bicicleta en el armario de los trastos. El ascensor continua averiado y no tiene pinta de que tenga solución en los próximos meses, así que tendré que subir a la tercera planta (antiguo apartamento B) a pie. Por el camino me encuentro con algunos compañeros a los que ni siquiera conozco y nunca he visto, seguro que están en otra planta.

Por fin llego a mi pequeño cubículo: una mesa, una silla y un ordenador, todo ello adornado con un cartelito elevado que muestra claramente la letra R y los números 1 y 5, es decir R15 o Recurso número quince que es como nos conocen los encargados de planta. Al sentarme encuentro una nota sobre el teclado que pone: venga a visitarme a la oficina. Qué raro que un jefe de planta llegue tan temprano y deje esta nota, no queda más remedio que ir hacia ese pequeño cubículo que muestra a todos los trabajadores de la planta que él es el superior.

—     Buenos días, le digo al entrar a su oficina.

—     Está despedido.

—     Pero…. ¿Qué hice mal? ¿por qué me despide?

—    Entienda que no es nada personal, yo sólo sigo órdenes de los de arriba y esta vez le ha tocado a usted. La nueva política de la empresa nos obliga a contar con menos trabajadores para implementar los nuevos proyectos que nos han encargado.

—     Pero si siempre se quejan de que hay mucho trabajo y poco tiempo. No entiendo nada, durante los últimos meses he trabajado como el que más y me he quedado después de la jornada de trabajo para terminar los proyectos que teníamos atrasados.

—     Y le felicitamos por su profesionalidad, pero las cosas son como son. Esta vez le ha tocado a usted, no se lo tome como algo personal. El trabajador actual tiene que aprender a tener una movilidad dinámica para aportar sus conocimientos en empresas de diferente lugares, pero estáis muy equivocados si creéis que el trabajo estable existe, tiene que tener siempre la maleta hecha.

—     Soy consciente de eso, no hace falta que me de esta charla, como podrás comprobar no tengo veinte años.

—     No hace falta que se ponga borde conmigo, le he dicho que no se lo tome como algo personal. Tómeselo como una nueva oportunidad para conseguir un trabajo mejor o para crecer en su vida laboral y aumentar su currículo.

—     Mi currículo tiene ya cerca de cincuenta hojas, creo que es lo suficientemente extenso para poder disfrutar de una vida personal estable más de 12 meses en una ciudad. Desde hace años sólo tengo una maleta de cartón y un cactus.

—     Me remito a lo que le dije antes, no sea negativo. Piense que este despido más que cerrarle una puerta le abre una ventana. Sólo tiene que apreciar como en esta empresa no hay un gran número de promociones internas, por lo que estaría estancado durante varios años antes de poder optar a un puesto de responsabilidad más acorde con su formación y edad.

—     Llevo buscando un trabajo acorde con mi formación desde que salí de la facultad, desde ese día sólo he tenido trabajos temporales, en prácticas y como becario. El contrato que usted comenta no existe o es un mito que utilizan para que sigamos trabajando.

—     Mire, yo llegué a esta empresa hace quince años y sigo aquí, el trabajo estable no es un mito, pero hay que trabajar muy duro para obtenerlo. Por favor, no me haga perder el tiempo y desaloje su mesa cuanto antes.

—     Está bien. Le di la mano de forma educada y me marché para recoger las pocas pertenencias que tenía en mi cubículo de trabajo.

Cuando  llegué a mi mesa pude encontrar encima de la silla una caja de cartón desmontable que habían dejado desde administración. Es verdaderamente triste que los últimos 8 meses de tu vida quepan en una caja minúscula. Sin despedirme de nadie de mi planta, pues no me había dado tiempo a conocer realmente a nadie, sólo alguna pregunta aislada y alguna indicación, cogí mis bártulos y me fui.

Al bajar las escaleras pude comprobar cómo subían hacia la planta de Recursos Humanos un grupo de jóvenes nerviosos y a la vez sonrientes, en sus caras pude ver la emoción del primer trabajo y la bisoñez que provoca la inocencia. En la planta de abajo busqué a Maruja para darle dos besos y despedirme de ella, pero sólo encontré una nota que decía: Suelo deslizante.

Camino a casa en mi motorbike pasé por la gasolinera para comprar un anunciograma y empezar a buscar trabajo en esta localidad, a ver si por primera vez en los últimos cinco años consigo mantenerme en el mismo lugar más de 10 meses seguidos. Me siento en la acera y mientras tomo un café miro detenidamente las ofertas: se necesita teleoperador autónomo, se necesita comercial a puerta fría, se necesita autónomo para trabajos relacionados con la administración, se necesita teleoperador autónomo, etc. Madre mía, vaya una puta mierda ¿esto es trabajo?

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  • Muchas gracias Cometa. Me encanta cuando un funcionario español se queja de su trabajo, no tienen ni idea de lo que es sobrevivir en la empresa privada. El empresaurio español campa a sus anchas a la espera de que llegue un meteorito que los estinga.
    Hoy en dia las empresas no buscan trabajadores, si no seres autonomos de carne y huesos que no tengan vida privada, que practicamente no tengan vida fuera de la empresa ya que ella lo es todo, hasta que ella te da una puta patada y te hecha a la calle una vez llegado el nuevo repuesto humano, buenisismo tu relato, demasiado bueno para la realidad del dia a dia laboral
  • Insomnio.... La realidad siempre supera a la ficción

    Microrrelato. La realidad siempre supera a la ficción.

    No soy ducho en la poesía, pero esta vez me desahogué de esta forma. PD: Saludos a Antipandora ;)

    Cuida a tus mascotas. La realidad siempre supera a la ficción.

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