cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
Caoba
Fantasía |
05.03.12
  • 4
  • 7
  • 3607
Sinopsis

La Naturaleza tiene el poder de transformar.

@font-face { font-family: "Arial"; }@font-face { font-family: "MS 明朝"; }@font-face { font-family: "Cambria Math"; }@font-face { font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 12pt; font-family: Cambria; }.MsoChpDefault { font-size: 10pt; font-family: Cambria; }div.WordSection1 { page: WordSection1; }

Tengo a mi madre en casa. Todos los días le paso un paño para quitarle el polvo y esas minúsculas gotas, semejantes a sudor, que desprende su cuerpo.

 

Ya no digo que es mi madre. Me recomendaban la visita a un psiquiatra. Ahora guardo un absoluto silencio respecto a la estatua de madera, tamaño natural, que me observa silente desde un rincón de mi estudio.

 

El caso de su desaparición se mantiene abierto para todos excepto para mí que conozco la rocambolesca verdad.

 

Mamá era ecologista, vegetariana y esotérica. Practicaba yoga y Tai chi. Yo la visitaba con frecuencia. Abría la puerta cuidadosamente con la llave que aún conservo y caminaba de puntillas hasta su dormitorio donde la encontraba, habitualmente, sentada en el suelo, en la posición del loto, sobre un cojín naranja, con las piernas cruzadas y los ojos semicerrados. Los  tres chuchos, que había rescatado de la perrera, la rodeaban somnolientos con la cabeza entre las patas. La música rozaba el cuadro con un dulce velo. La luz titilante de las velas participaba en la penumbra de la habitación. La varilla de incienso desprendía una columna de humo blanco que danzaba en el aire y lo impregnaba de un aroma brujo.

 

Al musitarle: "mamá", movía lentamente los dedos de las manos y estiraba su cuerpo hasta que me saludaba con un sosegado hilo de voz. Después tomábamos una infusión. Ella elegía el té rojo, entre los numerosos tarros de su estantería, porque sabía de mi inclinación por los sabores contundentes y las emociones fuertes, pero lo que iba a ocurrir superó mis límites.

 

No fui capaz de extrañarme ante la adoración que mi madre sentía por su cama. La consideré una más de sus excentricidades. Ella me repetía la historia del mueble traído desde Venezuela por mis bisabuelos. La escuchaba resignado conociendo la secuencia completa de la emigración ilegal, en barco, desde La Palma hasta la tierra que prometía todo aquello de lo que carecía el archipiélago canario y supe de la magia de la selva de dónde procedía la madera de caoba con que se fabricó.

 

No presté atención a sus historias acerca del rumor de las hojas del árbol que escuchaba al acostarse, ni a su certeza de que la madera respiraba, ni a sus sueños en los que feroces animales la amenazaban o respiraba el aroma dulce de las grandes flores tropicales. Aseguraba que su cama era su mejor amiga, que le hablaba, consolaba y aconsejaba con la sabiduría de la Naturaleza, madre primigenia y pródiga, donde había crecido.

 

Tampoco encontré motivo de preocupación en las infusiones que preparaba con astillas a pesar de que, cuando me pidió que le ayudara a separar la cama de la pared para realizar su limpieza anual, observé pequeñas heridas en la madera, algunas ya cicatrizadas, otras todavía frescas. Tan sólo admiré la exactitud realista de las imágenes en bajo relieve que decoraban la cabecera y que conformaban escenas cuyos protagonistas eran los indios amazónicos agrupados en torno a un chamán,

 

Cuando la piel y el pelo de mi madre comenzaron a adquirir un color caoba, utilicé mi lógica para atribuirlo al sol y a un nuevo tinte para el cabello. y el leve aroma a madera que percibía al besarla, a un perfume cosmético. Me preocupaba, eso sí, la rigidez que iban adquiriendo sus miembros a pesar de su disciplina física.

 

Nada me había preparado para lo que encontré aquel día cuando, después de empujar suavemente la puerta y llamarla, tan sólo me respondió la música. En su habitación, sentada sobre el cojín naranja y rodeada de sus perros, estaba la estatua de madera en que se había convertido mi madre. Sus delgados miembros tan rígidos como su cabello. Me acerqué con cuidado y toqué su hombro. Estaba caliente y desprendía un aroma dulce de flores. No percibí movimiento alguno en la figura, sin embargo, supe instintivamente que era ella.

 

La conmoción hizo que me dirigiera hacia la cama. Escudriñé atentamente la cabecera  y, entre los indios que rodeaban al chamán, pude distinguir la figura de mi madre, sentada en posición de loto, bajo las ramas de un árbol de caoba.

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Metamorfosis yógica, metamorfosis mágica, metamorfosis amazónica... Estoy con Vyce en su comentario sobre tu relato. Sin embargo, disiento en que la previsibilidad del desenlace sea un defecto en este caso. En ocasiones es una virtud: al lector le place ir "adivinando" el final, mientras disfruta del desarrollo y la prosa. Me ha parecido un buen relato, luisa. Un abrazo, z.
    La considero, bien estructurada.
    No te preocupes, si alguna vez te ocurre, solo tienes que borrar el comentario desde tu panel personal y entrar de nuevo al relato para modificarlo, un saludo
    Un texto que se mueve a la perfección entre esos elementos tan difícilmente conciliables como suelen ser los de la lógica pura de la realidad y las visiones mágicas no menos seráficas que nos han ofrendado tantas culturas primitivas. Tu narrativa, de una calidad muy de agradecer y poco corriente en estas webs, aclara y resuelve con una lucidez poética este “rapto fantasmagórico” que nos ofrendas en recuerdo de tu madre. El valioso auxiliar de tus bellas palabras que encadenan con un equilibrio y una calidad poco común una exquisita definición de la identidad de tu personaje materno, convierte, pues, la lectura de tu narración (magistral en todos los sentidos) en un placer. Creo que tu presencia en TR nos deparará sorpresas literarias de las que esta web, jeje, está muy necesitada. Bienvenida, compañera Luisa. Espero volver a leerte cuando me vaya asomando por aquí (“en mis noches de calma”), y muchas gracias por tu valoración “inesperada” Un saludo muy cordial. stavros
    Es original, está muy bien escrito y describe un tránsito que, remotamente, recuerda el de "La Metamorfosis" de Kafka, aunque sin las implicaciones negativas de este. Me ha llamado la atención "observé pequeñas heridas en la madera, algunas ya cicatrizadas, otras todavía frescas", supongo que con eso querías explicar que la madera de la cama estaba viva y si es así creo que merecía insistir un poco más en ello. Solo me preocupa que la evolución del relato no nos depara ninguna sorpresa, así que quizá se podría mejorar introduciendo algún detalle llamativo que corra tangencialmente a la historia. Un placer su lectura.
    Escribe tus comentarios...
    Encantador relato
  • Relato seleccionado en el Concurso de Cuentos Editorial Bohodón

    Todos cruzamos ese paso.

    La Naturaleza tiene el poder de transformar.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta