cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
Cariño
Reales |
06.07.16
  • 5
  • 5
  • 735
Sinopsis

Bruno siente que debe arreglar las cosas con alguien muy especial, pues tiene algo que decirle quemándole en el pecho, la garganta y la cabeza.

Tumbado en el lado izquierdo de su cama, Bruno echó un vistazo por enésima vez al reloj-despertador de su mesilla: las tres y cinco de la mañana. Resignado, soltó un bufido, se incorporó e hizo crujir el cuello y los hombros.

Era domingo y llevaba dos malditas noches sin pegar ojo por culpa de una idea que había ocupado cada rincón de su mente como una gota de tinta en un vaso de agua.

Una llamada. Solo eso y podría vivir tranquilo de nuevo.

Por más que se esforzara, le resultaba imposible encontrar una alternativa más sensata, y cuanto más lo pensaba más se veía empujado a hacerlo de una vez por todas. Tratar de olvidarlo era, naturalmente, la última opción a tachar en la lista.

Se volvió hacia la mesilla de noche y distinguió su móvil bajo la luz de los dígitos rojos del despertador, junto a un paquete de tabaco rubio y sus medicinas para el corazón; aquel era un contrasentido en que no se había detenido a pensar ni un segundo. A decir verdad, ni siquiera había tenido tiempo de hacerlo desde que le dio el infarto hacía cuatro meses. A partir de ese día, pareció haberse lanzado de cabeza a una espiral de decadencia: todo lo que pudo salir mal salió mal, y los «pequeños problemas», sencillamente, dejaron de tener importancia.

Estiró el brazo para coger el teléfono y lo abrió. La pequeña pantalla y el teclado se iluminaron con una luz azul que le obligó a entrecerrar los ojos hasta que se le hubieron acostumbrado. Ni siquiera necesitó marcar un número; pulsó una tecla y el nombre que buscaba apareció en letras blancas: Sandra.

Se pegó, casi se apretó el auricular contra la oreja. Volvió a consultar la hora de reojo: las tres y ocho minutos.

Su voz sonó tranquilizadora cuando, al quinto tono, contestaron al otro lado.

—Hola, cariño. Sé que es tarde y que… sigues enfadada. Lo siento mucho, no debí decirte esas cosas.

Una pausa.

—Pues claro que no lo pensaba. Joder, llevo dos puñeteros días sin dormir pensando en que estamos mal.

Pausa.

—Bueno, no es lo mismo: ahora el lado derecho está frío, y ya sabes lo poco que me gusta.

Volvió a quedarse en silencio unos segundos; luego se puso en pie mientras decía:

—Porque te echo de menos.

Una nueva pausa, esta vez más larga. Al oír lo que ella le dijo a continuación, Bruno no pudo evitar suspirar con un punto de irritación.

—Sandra, no empieces otra vez con que si te quiero. ¿Crees que me puedo permitir no hacerlo durante un maldito minuto? ¿Qué hay de todos los planes de boda que hacíamos a los dos años de salir juntos? Justo ayer haríamos nueve y...

Se calló de repente. Decidió cerrar los ojos y dejar que las palabras salieran.

—Pensaba pedirte que nos casáramos esa misma tarde, en el invernadero del jardín botánico.

De repente, todo enmudeció. Bruno notaba el pulso en los oídos, e instintivamente se llevó al pecho la mano que le quedaba libre. Al otro lado de la línea se oyó un hondo suspiro.

Tras lo que pareció una eternidad, su interlocutora rompió el silencio y, cuando terminó de hablar, él recuperó la voz:

—Estas cosas solo pueden ir en serio, Sandra.

Una corta pausa.

—Más que a nada en el mundo.

Ninguno dijo nada durante unos tensos segundos. Después, ella le hizo esbozar una leve sonrisa.

—Me conformo con oírtelo decir, amor.

Pausa.

—Claro, porque somos capaces de lo que sea si estamos juntos. Y cuando tengamos nietos, podemos contarles todas las historias que nos lo sigan recordando…

Nueva pausa.

—Sí, claro…

Ella dijo algo, y los dos estallaron en una carcajada que provocó las protestas de los vecinos de Bruno al otro lado de la pared.

—Será mejor que nos vayamos a dormir…

Al otro lado, ella le propuso algo, y él adoptó una expresión de sorpresa.

—¿Qué, ahora? —preguntó con pasmo. Al punto frunció el ceño y dio un cabeceo afirmativo—. Vale, hagámoslo… Sandra, ¿quieres casarte conmigo?

Esta vez, al oír la respuesta de ella al otro lado, Bruno sonrió de oreja a oreja. Una canción empezó a sonar en su cabeza, pero no lograba identificarla.

—No me iré ni una noche más sabiendo que no estás en mi vida. —aseguró.

Una pausa.

—Y yo a ti; lo sabes. Buenas noches, San. Descansa.

Bruno pulsó el botón rojo del teléfono, lo cerró y lo puso encima de la mesilla. Entonces, como si se hubiera roto un hechizo, las pulsaciones empezaron a bajarle lentamente. Volvió a dar un largo suspiro y, siguiendo una extraña lógica, encendió un cigarrillo y le dio una larga calada mientras se dirigía al ventanal de su dormitorio con el torso desnudo, a pesar de que era pleno otoño. Allí, las luces de la calle lo recibieron como a un amigo.

Fue entonces cuando supo qué canción le había venido a la cabeza. Era de Aerosmith, y se llamaba «I Don’t Wanna Miss A Thing». La estaban poniendo en el bar en que Sandra y él se conocieron aquella madrugada del veinte de enero. Ahora, su subconsciente la había traído de nuevo a su memoria.

Cuando ya estaba apurando el filtro, a Bruno se le ocurrió volver la cabeza para mirar la hora una última vez antes de acostarse: las tres y treinta y tres minutos. Le pareció el momento perfecto para apagar el cigarro en la baranda del ventanal, tumbarse en la cama y soñar con ella una vez más.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Ay. Gracias, Troodon.
    Texto*
    Qué teto más bien escrito, te has pasado con este. Muy bueno. Saludos
    Gracias a los tres. Me alegro de que os guste tanto.
    Muy bueno, coincido con Nora en que dejar los diálogos de Sandra sin escribir a sido muy original, la historia engancha con mucha facilidad para llegar a un desenlace muy romántico, me encanto
  • En el principio...

    No sé a qué viene esto. Me lancé a escribirlo en mitad de la noche sin tener una idea clara del argumento en mi cabeza, ni de si pretendía que fuese una historia independiente o parte de una más grande. En fin. Iré actualizando esta entrada conforme vaya teniéndolo todo más claro al respecto.

    Las oportunidades que se esfuman ante nuestros ojos quizá solo nos dejen a su paso el peso del remordimiento.

    ¿Qué nos queda cuando nuestro mundo se derrumba?

    En la noche en que los tres hombres realizan su labor, la magia puede darse en cualquier momento y lugar.

    ¿Quién dice que la locura no sea contagiosa?

    ¿Quién dice que la locura no sea contagiosa?

    ¿Quién dice que la locura no sea contagiosa?

    ¿Quién dice que la locura no sea contagiosa?

    Imagina una amplia extensión de hierba. Es plena noche, reina el silencio, y no se divisa una luz distinta a la de las estrellas en varios metros a la redonda. Un muchacho las contempla allí tumbado, con las manos en la nuca. Y, mentalmente, escribe esto.

  • 21
  • 4.56
  • 111

Siete palabras bastan. Keep calm and follow the Lethani.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.06.20
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta