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2 min
CAROL, CAROLINA
Varios |
15.12.17
  • 4
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Sinopsis

De una novela en construcción.

CAROL, CAROLINA

 

A cierta hora de la mañana, bien temprano mejor, las cosas adquieren su sonoridad exacta. El golpe de una cucharita en el fondo del vaso, de metal o de vidrio, es exactamente eso; el sonido sale claro, diáfano y, a veces, vibra un poco más en los tímpanos.

Café, azúcar, agua, no es necesario batir, se revuelve un poco y está pronto. Todo tan sencillo, tan simple, tan práctico.

Carol me mira desde el fondo de su femineidad. Me mira y me dice algo que no quiero entender, que no quiero descifrar ni siquiera escuchar.

El sabor del café se deshace en mi lengua. Ella está desnuda, a pesar del frío está desnuda y me dice no sé bien qué.

- Germán… - y las palabras se esfuman porque estoy pensando que esa boca que habla y come, besa, acaricia, da placer, mucho placer (pienso, me pierdo en pensamientos) también absorbe la vida con desesperación.

La he visto navegar sobre las fuerzas instintivas de mi cuerpo, la he visto sucumbir en esas mismas fuerzas y debajo del peso de mi deseo. Ella es tan frágil que da miedo amarla con toda mi furia clandestina. Se lo digo. Ella me mira, un tanto perpleja.

- ¿Furia clandestina?

- Sim, eu sou clandestino – le explico en português -, minha fúria é clandestina. Meu amor, também.

- Eu não te amo – se defiende ella y eso no lo quiero escuchar, no lo quiero entender.

Comprendo que el sonido del metal contra el vidrio (la chuchara girando en el vaso) dejó una brecha para su voz. No me ama. No importa. No me ama. No importa, no importa.

La beso con todo mi silencio, su boca sabe a sueño, a café, a nicotina, a saliva vieja y apenas amanecida. Todavía no nos bañamos y anoche, a pesar del frío, sudamos mucho. Olemos y su olor me parece bueno. Quiero despertarla para el sexo, pero su cuerpo se niega. Mis manos y mi boca exploran el deseado territorio de su piel. Ahora, lentamente, su lujuria comienza a encenderse, sus ojos se entrecierran, su boca espera por la mía, su piel arde. Ardemos. Pero no me ama, Carol, Carolina, la linda brasileña, no me ama.

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