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2 min
Carta sin destinatario
Amor |
28.05.15
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Sinopsis

A veces me da por pensar que fuiste el error más bonito de mi vida, pero luego me miro y veo en quien hiciste que me convirtiera. Es entonces cuando me da por pensar que por culpa de corazones como los tuyos, el mundo ha dejado de creer en el verdadero amor.

A veces me da por pensar que sería la vida sin corazones rotos. 
A veces me da por tomar café, pintarme los labios de rojo y llorar.
A veces me da por acariciarme el cuello y recordar que, antes, eras tu quien lo hacía.
A veces me da por querer volver a probar mis alas, confiar en ellas.
A veces me da por preguntarme que sería la vida sin corazones rotos.

Empiezo a notar que nada es duradero, que todo nace y acaba muriendo. ¿Donde? Ni siquiera soy capaz de decir donde se ha quedado nuestro amor. Solía pensar que éramos invencibles, lo éramos. Me gustaba tanto estar entre tus brazos e imaginar que tu eras las alas que me permitían volar… Me volví adicta al ruido que provoca tu sonrisa. Caí rendida frente el brillo que emiten tus ojos cuando algo te entusiasma; y es que solías mirarme así, con tu dulce mirada mezclada con el veneno de tus ojos color café. 

Hace tiempo que no escribía, tal vez, tu me quitaste las ganas de hacerlo. Se que de alguna manera fue lo correcto. Se que cuando una sonrisa nazca en mi, agradeceré esas palabras de despedida que soltamos al aire. Por que llegaste a dispararme cien balas por cada palabra que pronunciaste, hasta me dolieron las palabras que callaste por miedo. ¿Miedo? ¿A qué? Creo que no se puede tener miedo de decir aquello que se siente justo cuando lo sientes. Y ese fue uno de nuestros problemas, nunca hiciste que pensara que me querías. Con tan solo saberlo ya no me bastaba, llegué a necesitar más, más de ti, y tú no me lo diste. El tiempo fue el culpable de mi desgasto, los días pasaban y cada vez veía menos amor en tus ojos. Intenté pensar que era algo normal, intenté aceptarlo y luchar por ti, por mi, por los dos. Nada era lo que pensaba, no éramos nosotros, eras tu, nada era como antes y el ritmo de tus latidos me lo confesó. 

R.Maya  
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  • Supongo que en mis dedos solo fluyen palabras destrozadas convertidas en balas sin destino. Quizás algo en mi necesita estallar y sacar con infinidad de emociones lo que guardo en mi. Quizás no deba hacerlo, se lo que duelen las balas, se lo que duelen las palabras destruidas...

    Que basamos nuestras vidas en búsquedas infinitas de respuestas, que basamos nuestros momentos en encontrar aquello que no entendemos. Pero lo que no queremos aceptar es que nunca existirán preguntas únicas. No hay una sola pregunta, cada instante las preguntas están cambiando. No existen respuestas únicas y tal vez inconscientemente nunca queremos llegar a ellas, por miedo, por el simple placer de vivir con incertidumbre.

    Sin esperarlo, has regresado a mi. Has provocado que algo muerto reviva y eso me ha hecho volver a sonreír.

    Porque realmente existe la conexión entre persones. Porque con solo mirarme sabes que mi corazón arde. Porque con tenerte, ya tengo la vida ganada.

    A veces me da por pensar que fuiste el error más bonito de mi vida, pero luego me miro y veo en quien hiciste que me convirtiera. Es entonces cuando me da por pensar que por culpa de corazones como los tuyos, el mundo ha dejado de creer en el verdadero amor.

    Por que me entregué a ti incondicionalmente, por que busqué en ti la serenidad que nunca había logrado encontrar. Creamos un nosotros, o eso pensé. En el fondo solo eras tu y tus habilidades para hacerme tuya. Caí engañada en las garras del amor, y tu en vez de salvarme, quisiste empaparme con más dolor.

    Porque aunque no sepas que te escribo tengo la necesidad de hacerlo. Tengo la necesidad de sacar todo aquello que tu has dejado a medias. Ya no me dueles, o eso quiero creer. Solo se que el tiempo lo cura todo, y que tu creaste una herida en mi que tarda en sanar. Lo conseguiré, porque si, porque no quiero escribirte más, porque no quiero dejar escritos mis sueños que no fuiste capaz de cumplir.

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Creo que escribir, de alguna manera, me salva de mis propios monstruos. Creo que escribiendo cojo el valor suficiente para saltar al vacío, aunque me asuste, aunque mis alas estén rotas...

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