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8 min
CASA DE MUÑECAS
Varios |
28.02.13
  • 4
  • 8
  • 4598
Sinopsis

De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

 

Los presentes allí reunidos, guardaron silencio. Al llegar mi turno ordené con premura mis recuerdos, sonreí tímidamente y mis ojos se empañaron en lágrimas. Me dirigí a los presentes con voz temblorosa.

-“El primer recuerdo que me viene a la mente de mi infancia  en estos momentos, es la construcción de una casa de muñecas. Veo a mi padre al finalizar su jornada diaria, coger la sierra de marquetería y con sus manos ir dando forma a una pequeña casa de madera blanca. Durante años, aquella casa fue su obsesión, no se despegaba de ella en sus momentos libres, y salvo las ocasiones que el monstruo le visitaba,  sus manos ejercían un poder sobrenatural sobre aquella madera, dándole forma a muebles y  objetos decorativos.  La casa en sí, tenía dentro de ella una familia compuesta por el matrimonio y dos hijos, uno de cada sexo como  mi familia verdadera.

Recuerdo entonces, cuando el cansancio le vencía, como dormitaba en el viejo sofá de cuero verde, sin embargo, lo que más recuerdo eran sus gritos a deshora.

A veces, en la madrugada nos despertaban sus voces, y entonces sabíamos que el monstruo estaba con él, que había resurgido y le había ganado la batalla.

Olvidaba en aquellos momentos que nosotros éramos sus hijos, nos miraba con ojos desorbitados.  Yo no reconocía a mi padre, para mí era un total  desconocido. ¿Dónde estaba aquel hombre que dejaba de lado su momento de descanso y se volcaba en hacernos felices? ¿Por qué en esos momentos no sabía afrontar sus emociones conflictivas? Porque él tenía una dependencia”.- Justificando  su comportamiento con  mis últimas palabras.

-Muy bien Ana. ¿Puedes decirnos qué clase de dependencia era esa?- preguntó el psicólogo que hacía de coordinador.

-El alcohol… el que contenía un simple vino peleón al que era adicto… no podía vivir sin él, aún a sabiendas que ese pequeño monstruo era el que controlaba su vida.

-¿Te has dado cuenta Ana? Has utilizado la palabra “controlar” y la remarco con voz sonora, porque es una palabra muy utilizada por todos nosotros. Y añadió.

-¡Bebemos porque controlamos! ¿Tú qué opinas de ello, crees que es cierto?

-¡Nada más lejos de la realidad! El primer regalo del alcohol es el aturdimiento, perdemos la noción de las distancias, nos envuelve una ligera somnolencia, incompatible con el manejo de maquinas peligrosas, sobre todo las de conducción… es el peligro más inminente, sin embargo también están  los daños colaterales, el abandono de su trabajo, la desidia en el hogar y sobre todo, los maltratos que acompañan en los momentos de abstinencia o cuando se está completamente ebrio.

-Muy bien Ana, hoy has narrado un prolegómeno muy interesante. Nos has contado un recuerdo bonito de tu infancia, la construcción de una casa de muñecas, pero intuyo que no todo está dicho en esta historia ¿Vendrás a la próxima sesión?

Asentí, con la convicción de que allí estaba la ayuda que necesitaba. 

* * *

Llegué a casa y allí sobre un aparador estaba mi vieja casa de muñecas teñida de blanco, pasé la mano con mimo por cada una de sus balaustradas de madera, acaricié las telas que acompañaban sobre sus camas, sus cortinas de alegres colores en la cocina, los pesados terciopelos de los clásicos dormitorios.

Mis ojos se empañaron de lágrimas, cuando mis manos inconscientemente buscaron aquella lámpara del dormitorio… “no pude decir que no”… aquella frase me vino a la mente para recordarme quien era…

¿Y quien era en aquellos momentos? Sigilosamente me miré en un espejo que sobrevolaba sobre una consola. Vi a una mujer envejecida, pese a no tener más de cincuenta años, mis manos temblorosas buscaron un cigarrillo… y me alejé de la casa de muñecas  todo lo rápido que pude.

La soledad de mi habitación me trajo de nuevo los fantasmas del pasado. Vi pasar por delante de mí a mis familiares, ninguno de ellos se quedó allí.  Mi madre, con aquellos ojos enrojecidos que vi durante toda su vida, se alejó de mí suspirando. Mi hermano, quien coqueteó peligrosamente entre la vida y la muerte tantas veces, esta última un día se lo llevó dejándome al cuidado de mi padre, un hombre huraño y enfermo. Allí se encontraba frente a mí… moviendo la cabeza afirmativamente, vi una sonrisa en sus labios y me aferré a esa salida.

* * *

-Siempre busqué culpables.- Pensaba en aquel momento, mientras mis manos anudaban un foulard azul sobre mi camisa blanca. Me contemplé en el espejo, y mostró un rostro surcado de arrugas prematuras, sin embargo le sonreí a aquella imagen.

Estaba totalmente convencida, de que había dado un paso importante en mi vida. No estaba en absoluto arrepentida de aquella decisión. Recordó como aquella tarde una voz risueña la saludó al otro lado del hilo telefónico.

-¿Fare, Dígame?

-Necesito ayuda… la necesito…- Supliqué mientras me derrumbaba. Sin embargo, el primer paso estaba dado, el más difícil…

Llegué puntual a mi cita. Cinco de la tarde, hora taurina en España, la hora del té en Gran Bretaña, el país de origen de mi madre.

Crucé el umbral, y me encontré con los mismos presentes de la tarde anterior. Nos saludamos sin mucha efusividad.

Marcos, nuestro joven psicólogo se acercó a mí, me cogió de las manos y me llevó hasta su lado.

- Hoy comenzará Ana, su historia de la  casa de muñecas me llamó la atención. ¿Quieres seguir contándonosla?

Asentí y esta vez con una voz clara, me dispuse a seguir contando mi historia.

- Ya os conté que uno de los recuerdos más agradables de mi infancia, era la visión de mi padre construyéndome una preciosa casa de muñecas, siempre pensé que mi padre era una persona especial, estaba muy orgullosa de él, hasta que poco a poco empecé a darme cuenta de su adicción al alcohol. No quiero repetir, la repercusión que tiene en la familia, me voy a ceñir… en la desilusión, cuando descubrí por casualidad aquel doble fondo.

Allí, en la habitación que pertenecía a la niña de aquella preciosa casa blanca,  pendía una lámpara de diminutos cristales, por casualidad me enganché con uno de ellos en la manga de mi chaqueta de hilo, accionando un resorte que abría el tejado con imitación de pizarra… dejando al descubierto en su interior un par de botellas  medio llenas de cobardía que mi padre guardaba con sumo cuidado.

Recuerdo cuando mi madre enfurecida le tiraba toda la bebida que encontraba en casa, y parece que aún logro escuchar sus palabras, preguntando.

-Pero ¿dónde demonios escondes la bebida?

Mi madre se reiría ahora al ver dónde se hallaban escondidas.

La imagen de mi padre trabajando en aquella casa de muñecas se difuminó como por arte de magia. Sin embargo, no estoy aquí por él. ¡Estoy aquí por mí! Yo también me abracé ese mundo de sueños imposibles. Me aferré a las bebidas blancas, yo también las escondí bajo ese tejado de mi casa de muñecas.

 En una ocasión el resorte no funcionó y en pleno delirium tremens, empecé a destrozar esa casa, quité puertas, arañé el papel de las paredes… y entonces…

 Se produjo un silencio prolongado, un carraspeo por parte de un presente, y la pregunta de Marcos, me volvió a la realidad de ese momento.

-¿Qué sucedió Ana?

-Encontré frases escritas sobre aquellas paredes, que mi padre luego ocultó bajo papel pintado. Frases que decían… “no pude decir que no… y ahora ya es demasiado tarde” Recuerdo como la sabana que cubría su cuerpo marcaba las facciones de su cara, su cuerpo desnudo. Mi padre murió solo,  y yo… yo no quiero morir como él. Me di cuenta que él había malgastado su vida.  Volví a reconstruir esa casa con sus habitantes ficticios,  pero no pude reconstruir la realidad con mi familia.

-Nunca es tarde para cerrar las puertas a la vida, ¿verdad?- Preguntó Marcos, mirándome a los ojos.

Y allí frente a todos, dije que no… que no era demasiado tarde, allí estaba buscando ayuda para que el tejado de la casa de muñecas permaneciera cerrado para siempre.

Los aplausos de los presentes ensordecieron mis sentidos y por un momento creí ver a mi padre en uno de ellos, y me sonreía a mí… solo a mí.

 

 

 

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Comentarios
Valoraciones
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  • Muy bueno. Te felicito.
    HERMOSO
    Desde aquí os doy las gracias por vuestros comentarios, se agradece ver los fallos de una... no me enfado por ello ni mucho menos, siempre me han corregido comas, y alguna falta más por ahí y siempre lo he agradecido. También es cierto que no todos los relatos están bien escritos, porque alguna veces el escribir ha sido como una válvula de escape sin pensar en nada más pero me han servido de mucha ayuda. Tambien decir que sí este relato es crudo pero era para un concurso de alcoholismo y quedé finalista. Creo que ese es el mejor premio... hacer llegar el mensaje que incluía. Lo dicho no me enfado por ver mis fallos al contrario lo agradezco.Un saludo a todos.
    Relato bien hilvanado y atrapador, triste y dulce, como dicen. Con rico vocabulario y sin olvidar que lo importante no es lo hay que decir sino el como. Me gustô mucho, Lucía. (Tengo dos preguntitas: no se dice "mis ojos se empañaron de lágrimas", y a "emociones conflictivas" no le sobra la segunda palabra?) 8). Saludos.
    Un historia dulce, fuerte, sentida. La casa de muñecas hace el papel de refugio infantil para esconderse de los gritos del padre, pero también hace papel de lugar donde esconder el "monstruo" que su padre ni ella pueden vivir sin él. El título está muy bien escogido y el final es para encuadrarlo. Enhorabuena
    Buen relato, una historia conmovedora sobre un grave problema personal y social que realmente convierte al hombre en un muñeco. Es el tercer relato, creo, que te valoro y los anteriores me parecen mejores que éste, especialmente el del suicida que se arroja por la ventana. Bien, en todo caso, bienvenida de nuevo, Lucía, siempre se agradecen que los buenos escritores regresen. Eso sí, cuando valores un relato mío espera, por favor, a que esté terminado, para eso puse el aviso ( pierdo a menudo la conexión y por eso he de ir guardando, de ahí que mis relatos aparezcan inacabados ). Valoraste con una nota de 3 un relato de 11 minutos, a partir de las tres primeras líneas.
    Excelente relato, me ha dejado pensando. El alcohol es una de las peores adicciones, a veces lo olvidamos pero es terrible. Muy emotivo y bien narrado. Saludos
    Destreza narrativa, emotividad, retazos de esperanza en tus frases.
  • Llegó mi turno... esta semana estaba muy liada pero no he querido que pasara más tiempo... así que Roberto es hora de que pienses en una buena venganza... jejeje. Esto se acaba y me da penaaaa...lo he pasado bien. Gracias a todos por dejarme compartir espacio en estas páginas.

    La historia se reparte en tres capítulos...los niños soldados y el porqué de su crueldad. Siempre detrás de ellos está la mano negra...

    La historia de Samir la voy a repartir en tres entregas...

    Espero que no tengamos que esperar a esto para firmar un contrato indefinido... ojalá se arreglen las cosas pronto...

    No he podido evitar incluir un toque de romanticismo...drama...y alguna sorpresa. Espero que os guste,lo he escrito con mi mejor intención y he disfrutado haciéndolo. Ahora le toca a nuestra compañera Marfull así que ánimo, y a seguir escribiendo que es lo de que se trata.

    De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

    A veces se escoge el camino equivocado para llegar a un fin...

    Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

    A escribir se aprende escribiendo, no dejemos nunca de hacerlo.

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Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

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