cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
Casi humano
Fantasía |
10.02.14
  • 4
  • 0
  • 1975
Sinopsis

Cuando el cazador se convierte en la presa.

El zorro clavó sus profundos ojos verdes en Viana cuando ella le apuntó con su arco. El animal no se inmuto cuando la muchacha entrecerró los ojos y se preparó para lanzar la flecha. Era como si no tuviera miedo, como si no sintiera un intenso pavor al ver la punta de la saeta tan cerca de su cuerpo, apenas unos diez metros más lejos. Parecía conocer de antemano cual sería su final y por lo tanto no merecer la pena sentir temor alguno. Viana tampoco entendía su comportamiento. Solo había una razón por la que un animal no se acobardara ante un humano: el  miedo. Y en la mirada de aquel zorro veía curiosidad, interés, inteligencia... Todo menos miedo. No pudo evitar retroceder cuando comprobó que el animal se acercaba lentamente sin dar ningún tipo de importancia a la afilada flecha que  ella misma sujetaba.  Sin embargo siguió apuntado a su cuello peludo sujetando el arco con firmeza. Poco a poco el animal iba acortando la distancia que les separaba caminando sobre el barro con su pasear elegante, alzando la cabeza con orgullo.  Mientras sus pezuñas dejaban suaves marcas sobre la tierra su pelaje brillaba con destellos rojizos, brillos escarlata que dejaron momentáneamente ciega a Viana. Trató de concentrarse, mas no pudo mantener la misma presión sobre la flecha. El proyectil se tambaleó hacia abajo desviándose de su verdadero objetivo. El zorro se detuvo entonces. La joven sorprendida ante la pasividad del animal fue incapaz de reaccionar. Era imposible que ante la posibilidad de escapar no lo hiciera, era imposible que pudiendo huir estuviera esperando a que ella cargara de nuevo el arco. Imposible... pero cierto y real. La muchacha comenzó a sentir ira, que crecía a una velocidad vertiginosa en su interior. Se sentía ridícula, pequeña y frágil ante la mirada verde de superioridad del zorro. ¿Cómo era posible que la presa pudiese intimidar de aquella manera al cazador? ¿Cómo podía sentirse ella atrapada en el juego de un ser que solo se guiaba por su instinto básico? ¿Por qué  tenía la sensación de que el animal la estaba retando, la retaba a lanzar la flecha y acertar? ¿Acaso podía oler su miedo? ¿Acaso no la veía capaz de disparar contra  él? Todos aquellos interrogantes la golpearon como una maza mientras volvía a apuntar al animal con la misma seguridad que antes. El zorro no tardo en levantarse del suelo y empezar a caminar hacía ella.

Viana sintió como sus dedos temblaban al sujetar la cuerda, ya tensa. Las dudas volvían a florecer y no sabía como disiparlas. El animal  se encontraba a pocos pasos de donde la joven sostenía el arco; unos escasos tres metros les separaban. La joven trató de asustar al animal para que se alejara pero fue inútil, no podía hacer que se detuviera. Sintiéndose como una niña pequeña no pudo contener las lágrimas de impotencia y estas comenzaron a descender por su rostro. Dejando que las lágrimas le nublaran la vista creyó percibir un atisbo de sonrisa en el rostro del animal. Esa sonrisa dejaba entrever satisfacción y euforia, control sobre la humana que no había sido capaz de matarlo. Cansada de sentirse utilizada por aquel zorro manipulador apuntó al cuello del animal de nuevo. Este dio un paso hacia delante. Sin tiempo para poder pensar Viana soltó la flecha. El proyectil, aquella saeta mortal, fue escupido con violencia, cortando el aire a su paso. Justo en aquel instante la muchacha buceó en la mirada del animal buscando el brillo de humanidad que desprendían sus ojos. Esta vez no lo encontró. El espacio se comprimió. El tiempo se detuvo.     

     El zorro despertó bañado en sangre. Desconcertado trató de ponerse en pie. Fue incapaz de moverse del suelo. Le costaba mucho respirar y sentía el sabor amargo de la sangre quemándole la boca. Le dolía todo el cuerpo, era un dolor lacerante que le impedía volver a levantarse. Emitió un débil gemido de incomprensión cuando comprobó que una flecha le había atravesado limpiamente el cuello. Todo empezó a oscurecerse y el animal volvió a escupir sangre, malherido. Mientras su vida se apagaba una sombra se acercó. No puede ver de que se trataba. Casi con resignación dejo de luchar por sobrevivir.  Finalmente la negrura lo cubrió todo.

         Viana abrió los ojos, sobresaltada. El barro del bosque cubría sus botas de caza y sus ojos estaban anegados en lágrimas. Muy cerca un zorro miraba al horizonte mientras olisqueaba el aire ajeno a la presencia de la muchacha. Las plumas de una flecha clavada en la tierra eran claramente visibles. Aquel objeto parecía ser, también, un elemento extraño para el animal que, hambriento, buscaba algo que comer. La joven cazadora, incrédula, no podía comprender como había podido fallar desde aquella distancia tan corta, una distancia desde la que nunca antes había errado. Se llevó ambas manos a la cabeza y se precipitó de rodillas contra el suelo. Estaba experimentando un ciclón de emociones que la atormentaban y al mismo tiempo la hacían sentir minúscula. Alzó la mirada hacía el zorro, aquel animal salvaje,  aquel ser que estaba tan lejos de parecerse a un humano. Todavía anonadada se preguntó si lo que le había impedido acertar había sido el miedo... o la compasión.

 Cuando la flecha se clavó en la corteza del árbol Viana volvió a la realidad. Entonces, el zorro fijó en ella su mirada esmeralda por última vez. Por un instante ella creyó percibir de nuevo aquel atisbo de inteligencia que tanto la había atemorizado, asombrado y fascinado. Sin embargo aquellos ojos estaban carentes de emoción humana alguna. El animal fue el que cortó el contacto visual mientras se inclinaba con recelo y se daba la vuelta antes de fundirse con el bosque y desaparecer. El silencio se apoderó del claro. Una media sonrisa se dibujó en el semblante de la joven. La suave brisa de la tarde la acarició el cabello y el viento trajo consigo unos gruñidos de agradecimiento. Un par de metros más lejos la flecha de Viana atravesaba la cabeza de una enorme serpiente.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 41
  • 4.44
  • 428

A mis 18 años llevo toda mi vida escribiendo. Amante de la escritura, de la lectura, de la música y de la natación. Estudiante de derecho e ingenuo y soñador por naturaleza. También clarinestista, pianista y guitarrista.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta