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8 min
Celebridad vegetativa.
Humor |
07.10.14
  • 5
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  • 769
Sinopsis

Reflexión exagerada acerca de cómo el morbo del ser humano conspira con la fama.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Mientras tanto aquí, en Avenida Alberdi esquina Varela, en el afamado barrio de Flores, ciudad de Buenos Aires, vive Jorge González, un escritor novel que soñó con ser Cervantes pero jamás se despertó.

Literalmente, jamás se despertó. No luego de que un pibe chorro le alojara una bala en el hipocampo como reprimenda a su escasa colaboración en un asalto a mano armada. Y aun así note que Jorge, como bien escribí en el párrafo anterior, vive. Enmarañado por cables que le cruzan el cuerpo y lo amarran a la cama, pero vive. Preso absoluto de un coma permanente que le ha consumido el cuerpo hasta convertirlo en cadáver, pero respira. Asistido mecánicamente, claro.

Los parientes ya se acostumbraron a su existencia condicional y arbitraria. Lloraron, gritaron y suplicaron, pero al final aceptaron. Se pelearon con la ciencia y sus representantes inmediatos hasta que comprendieron que ciertas circunstancias de la vida son esencialmente aleatorias, y entonces, ante el azar desesperado, se volcaron hacia la fe. Rezaron, practicaron, volvieron a llorar pero sobre todo a suplicar y nuevamente no encontraron respuesta. También se pelearon con Dios y estuvieron enemistados el tiempo que les llevó comprender que siempre era conveniente tenerlo de su lado. Desde entonces han hecho las paces y viven en armonía a la espera de que el máximo creador decida la suerte final de Jorge. Diez años han esperado sin noticias del susodicho, y Leopoldo, padre de Jorge, estima que pueden pasar otros diez más hasta que el todopoderoso se expida. Como buen economista que es, ha hecho los números; ha hurgado en estadísticas mundiales de accidentes, que suele ser el rubro catalizador de los estados comatosos profundos y luego ha arrojado tendencias, calculado promedios y resuelto ecuaciones complejas para obtener el número aproximado de años que su hijo puede permanecer postrado en la cama sin la más mínima reacción. Claro que, como él suele remarcar, sus deducciones surgen de un modelo reducido que intenta replicar una realidad infinitamente más complicada. Después de todo, Dios no anda pendiente sólo de las víctimas de accidentes, sino que además tiene que encargarse de muchas otras cuestiones que perturban a la humanidad, como ser el hambre, la injusticia, la guerra y la pedofilia, por nombrar algunas. Pero incluso así, Leopoldo confía en sus cuentas, ya que asegura haber incluido un error estadístico considerable en el modelo.

Diez años de vida horizontal acolchonada, librado a la suerte de una familia dedicada que protege su cuerpo del desgaste provocado por el ostracismo. Todo ese tiempo tuvo que pasar hasta que por fin alguien ajeno al círculo íntimo se fijara en él; paradójicamente, una década menos de lo que se estima le llevará al omnipotente. Puede parecer tardío, aunque seguro, el merecido reconocimiento que a este autor le ha llegado en vida, luego de que un empresario del sector editorial, de escasa noción literaria pero indudable olfato comercial, se interesara en su obra tras leer un pequeño artículo en un diario local, que hacía referencia al lamentable aniversario de su estado vegetativo. Se trató de una grata casualidad, como lo son una vasta cantidad de los descubrimientos literarios, pues fue el amigo periodista de un vecino del barrio quien publicara una escueta nota del hecho a modo de favor personal para con la familia González y mencionara en la misma, como quien se refiere a un pasatiempo cualquiera, que Jorge solía escribir en sus ratos libres. Y de allí a la fama, sin más escalas que una simple corrección ortográfica y de estilo, de las casi cuatrocientas páginas que Estela, madre del ahora célebre escritor, pudo desempolvar a pedido de la editorial. Más de una docena de cuentos, una novela inconclusa y un poemario fueron suficientes para la publicación de tres libros en una seguidilla inesperada de éxitos que ha cautivado a miles de lectores iberoamericanos, y a otros tantos que sin ser hispanoparlantes, se las rebuscan para leer el castellano.

Todo un suceso. Las primeras cuatro tiradas del poemario se han agotado en tiempo récord y la editorial ya ha comenzado las diligencias pertinentes para traducir los textos al francés y al inglés, con el fin de abatir las fronteras idiomáticas que hoy limitan a la demanda. Y es que Jorge, contra todo pronóstico, pareciera estar en boca de todos los aficionados a la literatura, especialmente de los jóvenes, quienes deliran con sus versos y también con su prosa. Hasta los críticos más despiadados se han rendido ante la pluma endiablada de este Cervantes rioplatense, a quien un destino mezquino le ha negado su Quijote.

En el barrio también hay conmoción. Los vecinos más cercanos acuden entre lágrimas a felicitar a la familia del renombrado autor, y los que nunca jamás estuvieron presentes, también, e incluso con más fervor que los primeros. No faltan quienes llevan consigo algún ejemplar y caen en el indecoro de preguntar si Jorge firma autógrafos, por ignorancia o por estupidez, aunque los haya ignorantes y estúpidos a la vez, que desconocen exactamente cuáles son las limitaciones que padece un paciente en estado de coma agravado.

Lamentablemente la fama es así, con lo bueno y lo malo. Jorge, por fortuna y por desdicha, no se entera de nada. Griselda, su antigua novia de toda la vida a quien no le quedó más alternativa que abandonarlo en su supuesto lecho de muerte, ha reaparecido en escena, casada y con dos hijos, exigiendo el pago de regalías por su evidente rol de musa inspiradora en la lírica del poeta. Ante la contundente e inmediata negativa de la editorial, que amenazó con denunciarla por estafa, la despechada mujer redobló la apuesta y aseguró, con actitud más conciliadora, que sabía cómo terminaba la única novela escrita por Jorge, y que estaría dispuesta a revelarlo si tal información tuviera una recompensa justa. Y aunque más de un ambicioso directivo editorial lo haya pensado seriamente, no hubo trato. Decidieron, en cuerpo colegiado, que sería más rentable hacer correr la versión de que quizás exista un final y así potenciar la mística del irresuelto relato. Tendrían tiempo más adelante, cuando mermaran las ventas, de incorporar la versión conclusiva de Griselda, fuera cierta o no, lo que en realidad poco importa.

Mientras tanto, Jorge sueña, enchufado a su máquina de vivir. Los médicos aseguran que su cerebro está muerto, pero Leticia está convencida de que su hijo continúa soñando como cuando aspiraba a ser el popular escritor en el que sin saberlo se ha convertido. Ella, a su vez, sueña con que algún día despertará y la abrazará como solía hacerlo en la niñez. Muchos fanáticos también sueñan y fantasean con que el autor superará el coma profundo y volverá del limbo para finalizar su obra inconclusa y escribir nuevas y excitantes historias, pero sobre todo, para firmar miles de autógrafos.

El que no sueña, en cambio, es Leopoldo, porque lo suyo no es la ficción sino la realidad. Él, mientras los otros divagan, ha estado revisando fórmulas, inspeccionando ecuaciones y analizando las hipótesis iniciales de su modelo. Algo ha cambiado; las variables han mutado ante un inusitado giro estocástico y ahora el resultado final pareciera ser otro. Aquella estimación temprana que a priori predijera una ventana resolutiva de aproximadamente dos décadas, parece haberse reducido en forma significativa a una cifra temporal de proximidad vertiginosa. No puede ser otro el caso luego de que Jorge se haya transformado en una celebridad, y como tal, goce de una atención muy por encima del promedio. Porque en teoría, ante los ojos de Dios somos todos iguales, pero en la práctica, las realidades de la humanidad demuestran radicalmente lo contrario. Jorge, según los cálculos de su padre, está muy cercano a encontrar su destino final. La familia aguarda ansiosa pero aliviada, pues sea cual sea la voluntad del supremo, será por fin un punto final a tan vaga forma de existencia. Los vecinos acompañan en el sentimiento y se suman a la espera con la solidaridad barrial que los caracteriza. Los aficionados, por su parte, se mantienen expectantes mientras hacen estallar las redes sociales con millones de mensajes de toda índole. Los únicos verdaderamente nerviosos son los editores, pues no todos los escenarios son rentables. Jorge, así postrado como está, ya es estrella; si acaso muriera, pasaría a ser leyenda. Sin embargo, en el lamentable evento de una recuperación milagrosa, tendría apenas sus quince minutos de fama y luego ya nadie se acordaría de él. 

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  • Muy bueno. Me ha gustado mucho el estilo, el ritmo y los pequeños guiños cómicos. Enhorabuena.
  • Relato policial que narra las intrincadas peripecias de un agente encubierto de narcóticos, quien tras caer preso de las adicciones, regresa a la escena en muy extrañas circunstancias.

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