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4 min
Cena de amigas.
Fantasía |
24.03.17
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Sinopsis

Esta noche Alice había quedado con sus amigas, Claire y Monic. Aunque alguien más se va a apuntar. ¿Quizás seas tú? ¡Estás invitado!

 

     — Sí esta noche tocaba ir a cenar con las amigas, ¡YuuPii!, y luego, ¡A bailar!

     Habían quedado en el Serendipity 3, en el 225 de la calle E60th, tenía un ambiente íntimo, con velitas en las mesas, había un par de parejas y dos chicos en una mesa, que no paraban de mirarlas.

     — Que tío más guaperas, y que simpático, creo que se me está girando algo en el estomago—pensaba Alice, mientras uno de ellos se les acercó —ufff, como está de cerca, ¿tendré bien la sombra de ojos? —mirándose en el reflejo del móvil—, me echaré el pelo hacia atrás —dejando al descubierto ese fantástico escote, echándose hacia atrás y pegándose al respaldo de la silla, para dejar al descubierto, aún más si cabe, esa voluptuosidad—, y los labios se me están secando...—apretando un poco los labios, mientras pasaba su lengua entre ellos, le miraba de reojo mientras se acercaba por la izquierda.

     Se presentó muy cortes y entonces el chico se puso a hablar. Mientras sus amigas hablaban con él, Alice se quedó parada, como catatónica, con una sonrisa de tierra trágame, y mirándose la entrepierna dijo.

     — Huy, ¡ha mojado mi flor! —mirando hacia a la entrepierna.

     Su flor, su tesoro, su preciada flor, su dulce e íntima flor, la que tanto mimaba. La escena era de corte total, pero ella no tenía la culpa, estas cosas pasan, las personas se emocionan, y al final pasa lo que pasa..

     — Claro tanto jiji, jaja, ahora te toco el brazo, ahora un par de besos, ¿ahora qué haces?, no puedes quedarte así, tengo algo en el estomago, creo que me voy a desmayar.  —Iba pensando, mientras intentaba encontrar una solución— disculpar tengo que ir al servicio —dijo algo abrumada—, ¿me acompañas Claire? — y cogió el bolso para taparse la entrepierna con él.

     — Lo siento, si puedo ayudar…—dijo preocupado Alfred, mientras veía como se levantaban y se dirigían a los lavabos.

     — Que sofoco, espero que no haya nadie en el servicio, que vergüenza. —pensaba mientras iba al servicio.

     Por suerte no había nadie en los servicios de señora, abrió la puerta, se metió dentro, y le dijo a Claire que se quedará vigilando fuera.

     — Espero que no haya manchado mucho. —pensaba mientras se bajaba la falda con delicadeza, como si fuera a romperse.

     Tiró de la cadena para que corriera el agua, y puso papel sobre el váter.

     — A saber quien ha estado antes y que ha hecho —dijo medio quejándose—, bueno yo no soy una santa, si alguien viera como tengo la flor, ¡menuda baba! —pensaba abochornada, mientras contemplaba ese jugo viscoso que salía de su flor.

     Se puso manos a la obra, no quería estropear el momento, y friccionó la flor suavemente para que saliera todo, separando los pétalos con delicadeza, deslizaba suavemente sus dedos entre ellos, pero no dejaba de pensar.

     — Para colmo, me dice “puedo ayudar”, con esa voz tan… ¡uis!, esto solo lo puedo arreglar yo sola, tranquila, relájate, mmm… mmm…—no pudo contenerse tenía que hacerlo con energía—sal, ya, venga, si, sii!, siiii!!!, ufff…—resopló aliviada, dejando caer los brazos, mordiéndose ligera y lentamente el labio inferior, y saboreando suavemente el superior.

     Se puso la falda, se lavó las manos y fue hacia el secamanos.

     — Ahora un poco de aire —pensaba, mientras levantaba la falda, dejando que el aire del secamanos fluyera hacia la flor, y rozara sus pétalos sedosos— ay, qué bien, que alivio, perfecto —abrió la puerta del servicio y allí estaba su amiga.

     — Joder Alice —le recriminaba Claire, en voz baja—si que has tardado, que has estado haciendo, no era para tanto.

     — ¿Como que no era para tanto?...

     — El tío esta mazao, y es guapote—contestó Claire—, pero…

     — Sí pero también un baboso —le cortó Alice—, ¡mira! —le decía a Claire señalando su flor, una bonita margarita, con todos sus blancos pétalos alrededor, bordada justo en el centro de la falda— una baba suya cayó en mi flor favorita, ¡estaba colgando como un moco!. Si es que no existen los hombres perfectos, en cuanto abrió la boca y salido aquel fétido aliento, me dejó sin respiración.

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