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8 min
Cero Negativo - Capítulo 2
Terror |
22.04.15
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Sinopsis

Tras sonar el telefono William decide contestar con la esperanza de hallar a otro superviviente.

Estaba tan conmocionado por todo lo que estaba pasando que ni siquiera pensé en el teléfono.

Me acerqué rápidamente y descolgué el teléfono temiendo que el ruido pudiera atraer a aquellos seres, ya que todo estaba muy silencioso.

-¿Hola, abuela, eres tu? Sonó la voz de una chica bastante asustada.

-Hola, lo siento, no soy tu abuela, por favor no cuelgues. Dije apresuradamente para evitar que colgase.

-¡¿Quién eres, dónde está mi abuela, qué le has hecho?! Dijo bastante agresiva.

-No sé que está pasando pero, toda la gente se ha vuelto loca. Entré en esta casa para curar mi

pierna y tu abuela era uno de ellos.

-¡¿Qué has hecho, maldito hijo de?!

Antes de que terminase la frase la interrumpí, sin saber muy bien como explicarle la situación, ya que parecía que ella sabía menos que yo de todo lo que estaba pasando.

-¡Yo no quería que nada de esto pasase, me dirigía al trabajo cuando un coche chocó contra mi!

¡No soy un asesino, pero eso ya no era tu abuela, créeme!

-¡Quédate ahí, voy hacia allí! Dijo ella.

-¡Espera no salgas a la calle! Antes de que pudiese terminar la frase ella colgó.

Mientras esperaba empecé a pensar que todo esto no iba a solucionarse pronto, que probablemente había afectado a todo el país, quizá al mundo entero. Así que decidí buscar todo lo que pudiese servirme para sobrevivir a esos seres. Encontré una bolsa bastante grande, la llené de comida, medicinas, cerré la cremallera y me la colgué al hombro derecho para evitar el hombro herido. Mientras hacía esto escuché como una de las ventanas se abría.

-¿Hola, estás ahí? Dijo la voz del teléfono.

-Si. Dije mientras sujetaba la escopeta mirando hacia la puerta de la que venía la voz.

La puerta se abrió y vi a aquella chica, era una chica baja, debía medir mas o menos metro sesenta como mucho, la diferencia de altura era bastante ya que yo mido metro ochenta y tres. Su pelo era castaño, llevaba el pelo recogido con una cinta dejando flequillos sueltos para adornar el peinado, complexión atlética, pechos pequeños. Vestía una chaqueta vaquera corta con una camisa blanca debajo, y unos leggings cortos de color negro, junto a unas zapatillas deportivas. Sus facciones eran delicadas, ojos verdes muy claros, tenía pecas en la zona de la nariz y bajo los ojos. No debía tener más de dieciocho años.

-Estas hecho una mierda, ¿Eres policía? Preguntó mientras apoyaba la mano en su cintura.

-¿Qué...? No... ¿Cómo has venido hasta aquí sin que te vean ellos?

-¿Ellos? Preguntó ella levantando una ceja.

Al ver su reacción llegue a pensar que quizá todo era una alucinación y que era yo quien se estaba volviendo loco.

-Los locos, ¿No los has visto? Pregunté sorprendido.

-En las noticias dijeron que no era recomendable salir a la calle, sin embargo mucha gente esta por ahí paseando, todos parecen tener la mirada perdida.

Al menos parecía que no me estaba volviendo loco, lo cual me reconfortó bastante.

-¿Cómo has venido sin que te vean? Repetí la pregunta.

-He evitado las calles principales. ¿Por qué tanta curiosidad? Preguntó ella enojada.

-Después de lo que vi ayer me sorprende que hayas podido pasar por su lado como si nada.

-¿Dónde está mi abuela? no se me ha olvidado. Dijo ella mirando la escopeta preocupada.

-En el baño, míralo tu misma. Dije mientras le cedía el paso hacia la puerta.

Ella se acercó a la puerta despacio y pasó por mi lado hasta que se encontraba justo delante de la puerta. Se quedó delante de la misma sin hacer nada unos segundos, quizá intentando reunir el valor para abrir la puerta, pero antes de que ella pudiese hacer nada se escucharon los gruñidos del ser que una vez fue su abuela, el cual se había roto el cuello anteriormente y que seguía intentando moverse. Al escuchar eso ella abrió la puerta y la vio, el ser empezó a hacer ruidos más fuertes y a mover la mandíbula. La chica dio un paso atrás al ver eso y dijo.

-¿Qué le pasa, como puede seguir viva? Dijo ella asustada.

-No lo sé... Todos son iguales, ayer me atacó uno sin brazo, es como si no sintieran el dolor.

Dije con tono triste.

-Yo... yo estaba fuera de la ciudad hasta esta mañana. ¿Qué demonios ha pasado?

-Todas las personas sin razón aparente se han convertido en eso.

-¿Por qué nosotros no? Dijo ella mirándome a los ojos.

-Sé tan poco como tú...

-¿Y... qué hacemos? He intentado llamar a todos mis amigos y a emergencias, pero nadie contesta. Dijo ella después de mirar hacia abajo.

-Si ni siquiera emergencias contesta quizá lo mejor sea buscar un lugar seguro.

-Pero debe de haber más gente como nosotros ¿no? Dijo ella triste.

-Tal vez... Mi hombro y mi pierna empezaban a dolerme más poco a poco así que arrugué mi cara al notar un leve pinchazo en mi pierna.

-Tu vendaje está sangrando, déjame que le eche un vistazo.

Después de quitarme la camiseta, ella empezó a quitarme el vendaje y a limpiar mis heridas, sus manos eran cálidas, pese a estar viviendo una completa pesadilla, estar con ella era reconfortante.

-Me llamo Emily por cierto, encantada de conocerte. Dijo mientras frotaba un trapo en mi hombro.

-Yo soy William.

-¿Qué edad tienes? Si no quieres no respondas, solo es por hablar de algo. Dijo Emily.

-Treinta y tres.

-Vaya, se te ve muy formado, yo parezco una cría adolescente, o eso dicen todos mis amigos.

Dijo mientras soltaba una risa.

-¿Qué edad tienes? Pensaba que tendrías veinte años como mucho.

-Tengo veintiséis años. Dijo ella mientras ajustaba un vendaje fuertemente.

-¡Ay! Ten más cuidado.

-Oh, perdona, es que no me gusta que la gente me vea como a una niña, ya soy una mujer. ¿Sabes?

-No creo que el aspecto sea lo que nos define como adultos. Dije mirando hacía abajo recordando a mi esposa.

-Ya veo... ¿Y a qué te dedicas? Yo estudio una carrera de medicina. Y en mi tiempo libre hago deporte.

-Trabajo como mecánico en un taller, es un buen vendaje, me alegro de que estudies medicina. Dije mientras me ponía la camiseta.

-Gracias... oye Will, ¿Puedo preguntarte algo? Dijo mientras se sentaba en el sofá frente a mi.

-Claro, dime. Dije mientras terminaba de colocarme la mochila.

-¿Has usado esa escopeta alguna vez...? Dijo muy seriamente.

-No, nunca. La cogí ayer de un coche de la policía. Dije mientras miraba la escopeta.

Después de terminar la frase abrí la cremallera de la bolsa y metí la escopeta y la caja de cartuchos. Aunque aún tenía la pistola encima.

-¿Crees que todo esto va a durar mucho tiempo? Ella mantenía su mirada seria.

-Espero que no... Dije mientras sacaba la pistola de la parte de atrás de mi pantalón.

Saqué el cargador y comprobé si había bala en la recámara, puse la pistola y el cargador en la mesita que había entre los dos sofás, abrí la caja de munición, había cincuenta balas. Después de ver cuántas balas había saqué las balas del cargador y conté diez balas por cargador.

-Seis cargadores.

-Parece que sabes lo que haces, ¿has usado armas antes? Dijo con curiosidad.

-No, pero he visto muchas películas. Dije esbozando una sonrisa.

Emily soltó una risa breve y preguntó:

-¿Y crees que vas a tener que usarla? Volviendo a ponerse seria.

-Si es necesario. Dije mientras metía el cargador de nuevo en la pistola.

Puse el seguro de la pistola y la volví a guardar en mi pantalón, fui a la cocina para coger otro cuchillo y dárselo a Emily, pero antes de que pudiera llegar a la cocina la alarma de un coche se activó. Me asusté por un momento y, acto seguido, me acerqué a la ventana de la cocina, Emily se acercó con cuidado también. Al asomarnos, vimos en la calle un coche con la alarma activada, sorprendentemente todos los seres de la zona venían de todas partes y se acumulaban alrededor del coche y lo golpeaban. Mirando bien me di cuenta de que dentro del coche no había nadie.

-¿Qué están haciendo Will? Preguntó ella susurrando.

-Acuden al sonido. Dije perplejo.

-¿Al sonido? Dijo ella sorprendida.

-Eso explica por qué no te han visto al venir hacia aquí, siendo tan pequeña y evitando pasar cerca

de ellos no hacías demasiado ruido.

-¿Pequeña? Dijo ella con tono de enfado.

-Parece que al transformarse en eso pierden su sentido de la vista, o al menos se les empeora.

-Oye... pero, debe de haber alguna cura, ¿No? Dijo ella con voz triste.

La miré a los ojos y con voz firme le dije:

-Sé lo mismo que tu Emily, solo podemos esperar.

-Está bien... lo siento... Dijo ella cabizbaja.

Cogí un cuchillo del soporte y se lo di a Emily, de momento no había decidido si era mejor salir de la casa, ir a la comisaría o salir directamente de la ciudad.

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