cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

16 min
Cindy, la niña que conoció a Dios.
Terror |
01.04.15
  • 4
  • 4
  • 1319
Sinopsis

En ocasiones, los ángeles son enviados a lugares equivocados, con el fin de mostrar lo podrido que está el mundo.

Cindy, la niña que conoció a Dios.

La pequeña Cindy era una hermosa niña de 6 años. Ella era el vivo estereotipo de una niña anglosajona, con sus rizos dorados, sus ojos verdes y su piel clara y joven. Sin embargo, y por desgracia para la pobre Cindy, ella no venía de una familia que mereciera tener a tan hermosa criatura. Todo lo contrario, Cindy venía de otro tipo de seno familiar.

Su madre, Mary, tenía un expediente bastante largo por: Consumo ilegal de drogas en lugares públicos, robo a mano armada para comprar drogas e incluso uno o dos cargos de prostitución en lugares públicos para comprar…Drogas. El padre de Cindy, el señor Terry, por otra parte, solo tenía o debería tener una conciencia sucia, corroída y podrida por: plantarle droga a su esposa en un lugar público, dejar a su esposa tirada en una tienda donde él intento robar a mano armada y, por supuesto, negar rotundamente que él fue el proxeneta de su propia esposa.

 Cindy tenía hermanos. Catorce en total, ocho fueron abortados y seis fueron vendidos para comprar esa tan necesaria “Droga”.

Cindy era una inocente niña que, cada vez que había una discusión entre sus padres, se encerraba en su habitación, tomaba a su conejito Jack y su pequeña Biblia ilustrada y comenzaba a leer. Y leía y leía, pasaban horas, incluso a veces hasta se quedaba despierta toda una noche leyendo su pequeña biblia, esperando a que se calmara el escándalo que sus padres armaban.

Una noche, y como era de esperarse, después de 3 “largos días” sin las divinas drogas según el padre de Cindy; explotó lo que sería la discusión final entre la madre y el padre de Cindy. Ella, como siempre,  tomo a su conejito y su pequeña biblia y se puso a leer en el medio de la noche.

 Completamente de la nada se escuchó un disparo que exaltó a la pequeña Cindy, asustándola. De pronto el padre de Cindy entro a la habitación manchado con lo que a la inocente criatura le pareció salsa de tomate derramada.

-¿Papi por qué te llenaste de Kétchup, acaso se derramo?... ¿Ese fue el ruido que escuche hace un momento?-

El padre de Cindy sonrió de tan manera que parecía reformado. Cindy miro a su padre con una cara angelical, parecía un momento iluminado pero no lo era.

-Cállate! Venga Cindy agarra a tu conejo y lo que puedas, nos vamos de vacaciones-

-¿Que ha pasado papi? ¿Y la escuela? ¿Por qué estás tan molesto?-

-No es hora de hacer preguntas, ¿vale? No estoy molesto, solo he descubierto que me ha tocado un cupón para un viaje de vacaciones y se me ha caído la kétchup mientras se la ponía a mi cena, ahora empaca solo lo que puedas, no tenemos mucho tiempo-

-¿mami va a acompañarnos?-

-no hija, mamá quiere quedarse cuidando de la casa y no se siente bien para irse de viaje-

-¿No nos despediremos de ella?-

-Te He dicho que no hay tiempo. Vámonos, además tu madre está dormida, ¡vámonos!-

Agarrando a Cindy violentamente por su pequeño y delicado brazo, Terry la empujo hasta la puerta de la casa donde una extraña silueta negra estaba tumbada en el piso, arrastrándose lentamente.

-¡Papa! Es mamá, ¿que hace en el suelo?-

Preguntaba la inocente Cindy, preocupada por el bienestar de su madre, tratando de diferenciar entre la sombras lo que veía

-Es que tu mamá estaba tan cansada que se ha quedado dormida en el suelo. Cariño, ya nos vamos no te preocupes, descansa donde quieras te echaremos de menos- Terry decide acercarse más a la silueta negra, tumbada en el suelo, con Cindy de la mano por supuesto se agacha y le da un tierno beso de despedida a su esposa

-Cindy despídete de tu madre y vámonos de vacaciones-

-Chao, mami, te echaré de menos, cuida muy bien de Dolly. Sin Jack ella estará muy sola-  Se agacho y le dio también un beso de despedida a su dormida madre.

-Papá, creo que mi mami tiene frio, está helada-

-Debe ser porque esta acostada en el suelo, pero dejémosla descansar y vámonos de una vez-

-Cindy y su padre salieron de la casa, entraron al coche encendieron el motor, y antes de que Cindy pudiera, como de costumbre, arrodillarse en el asiento para ver el camino que iba dejando atrás, ya estaban a dos manzanas de distancia de su hogar. El padre de Cindy lucía preocupado, iba manejando muy rápido y sin mirar a ninguna parte más que al horizonte.

A la mañana siguiente, Cindy se despierta y ve que, aparentemente, ya habían llegado a alguna parte porque el carro estaba estacionado y su papá estaba tratando de despertarla.

-Llegamos, hija, aquí estamos-

Todo lo que veía Cindy era un pueblo casi abandonado, sin ninguna señal, y solo unas 15 casas y una iglesia

-¿Donde estamos, papá?-

-Pues estamos con tu tio Denys, el cura-

-¿Él es de los señores que hablan de Dios?-

-Si hija, él es de los señores que hablan de Dios-

-¿Y lo conoce?  ¿Lo ha visto? porque quiero pedirle otro cupón para que mi mami venga también-

-No hija, nadie ha visto a Dios. Pero ¿por qué dices eso?-

-Porque anoche, cuando discutían, estaba leyendo mi biblia y  le pedí a dios que nos mandara algo para salir de ese ambiente tan feo que había en casa, para disfrutar y divertirnos-

La expresión de la cara del padre de Cindy cambió de la manera  más brusca que se podía ver, sin aviso soltó un llanto desgarrador y comenzó a disculparse con Cindy por unos minutos.

Luego de unos instantes, por fin el padre logra ponerse serio de nuevo y entrar a la iglesia de su hermano Denys, quien se había dedicado a la iglesia desde siempre.

-Hermano, he cometido un pecado-

-Te dije que de ese mundo en el que andabas no sacarías nada bueno-

-Ya lo sé, pero necesito que me des asilo, por favor perdona a esta pobre oveja descarriada-

-Puedo perdonarte yo, pero el que decide si estas verdaderamente perdonado es Dios-

De pronto una suave voz interrumpe la conversación.

-¿Usted ha visto a Dios?-

Los ojos de Cindy cautivaron al cura, y un silencio corto, pero notable, invade la sala, y de repente el Cura responde:

-No, pequeña, no lo he visto, pero hablo muy seguido con Él. Dime, ¿cómo te llamas? tal vez, algún día, hablemos con Dios juntos-

-Me llamo Cindy y si quiero hablar con Dios, tengo muchas cosas que decirle-

-Bueno, lo único que necesitas para hablar con Él, es Fe y creer en Él-

Dicho esto, la péquela Cindy comenzó su nueva vida y empezó a estudiar en la iglesia del pueblo. Tenía nuevos amigos, pero todos la veían raro pues era la niña más bella de un lugar tan cutre como ese. Envidia, rabia, discriminación. esos eran los ojos con que las personas del pueblo veían a la pequeña Cindy

Habían pasado 2 años desde que llegaron a ese horrible pueblo, del que Cindy, a sus 8 años, aun desconocía y tenia terminantemente prohibido salir a los límites donde estaba escrito el nombre de dicho pueblo.

Llegaba la popular celebración del fin de clases. En la iglesia todos los niños aportaban algo y llevaban juguetes y hasta disfraces para el festejo, como un compartir. Cindy no era de muchos amigos, se la pasaba solitaria y tenía decidido que en este festejo ella llevaría a su conejito a su biblia y haría muchos amigos y sería feliz, ella rezaba todas las noches por eso.

Una noche, mientras rezaba, el cura junto a algunos padres y algunas madres de sus compañeros tocaron su puerta. Su padre fue a su alcoba a avisarle a Cindy que la estaban buscando

-Cindy, ¿cómo estás? he venido a decirte que esta noche podrás, finalmente, hablar con Dios, si eso quieres- Dijo el Cura Denys, estrechando la mano de la pequeña Cindy

Cindy, muy emocionada, comienza a dar saltitos de alegría por todos lados

-¿Puedo ir a hablar con dios, papá, puedo, puedo?-

-Por supuesto hija, pero llévate tu impermeable, está haciendo un poco de viento-

Cindy tomo su impermeable, su biblia y su conejito, y salió a toda prisa a la iglesia.

Cuando caminaban a la iglesia, que estaba solo a dos cuadras de su casa Cindy, no hacia más que preguntar al cura una manera correcta de comenzar a hablar con Dios. Una vez frente a las grandes puertas de madera típicas de las iglesias el cura sin mirar a la niña solo dijo

-Solo debes dejarte llevar-

 Al entrar, habían unas cuerdas guindando del techo hasta el piso, unas velas y varios objetos extraños que la niña nunca había visto

-¿Que es todo esto, donde esta Dios? Cuando podre hablar con el?-

El cura se acerca a Cindy y le quita suavemente el impermeable.

-Cindy, tan bella tan inocente que Dios te bendiga esta noche- Dijeron todos al unísono

Dicho esto, uno de los padres de sus compañeros de clase, aparece detrás de Cindy y le desgarra toda su ropa, queda solo en una pequeña ropa interior, muy asustada, temblando, mientras todo el mundo se acerca a ella con una expresión horrible. La pobre no puede evitar orinarse encima,  y de pronto  esto parece excitar de manera frenetica a uno de los padres, el cual se agacha y comienza a lamer sus delgadas piernas de niña. Ella, asustada, perturbada, al no saber qué está pasando, comienza a patalear muy fuerte, luego se acercan dos señores mas y la agarran de brazos mientras dos señoras sujetan sus piernas y rompen lo único que le quedaba de vestimenta.

 A la pobre le arrebataron su inocencia brutalmente, con una felicidad sádica y satisfactoria. Esa noche, hasta las señoras abusaban de ella, mientras lo único que alcanzaba a ver con sus tiernos ojos era una figura de cristo crucificado.

Hicieron con la pobre niña lo que les dio la gana, y hasta donde su pobre cuerpo pudo aguantar. Cuando estaba volviendo a entrar en razón, intentó pararse pero su cuerpo estaba completamente desgarrado. Sus piernas chorreaban sangre y le dolían, no lograba ponerse en pie, decidió arrastrarse hasta la puerta pero no sin antes tomar a su conejito y su biblia. Con todo el esfuerzo posible logró llegar a la puerta donde vio a su padre sonriendo, recibiendo un gran fajo de billetes de parte de las personas que le habían hecho tan atroz y despiadado maltrato a su pobre hija.

Con lo que le quedaba de voz, intentó gritar como pudo.

-¿Papi, de verdad hable con Dios?... Papá, duele mucho, no me siento bien-.

-No, hija, no has visto a Dios, Dios no existe-

Finalmente el padre recobra un poquito de conciencia y decide llevar a su hija al médico más cercano.

A las semanas, la niña despierta. Sigue siendo tan bella como siempre, pero hay una diferencia; la mirada de la niña se ve vacía, parece que su mente estuviera inmersa en otra parte.

-¿Estás bien, hija?- pregunta el padre a su hija.

De pronto, su niña se levanta bruscamente y le dice a su padre:

-¿Papá, donde esta mi conejito?-

-Está aquí, hija, lo siento mucho pero se rompió un poco. Ahora parece que estuviera triste, puedo arreglarlo si quieres-

-No, así está bien, yo también estoy rota y estoy triste y, sin embargo, Dios no viene a repararme… papá, ¿qué le paso a mamá, acaso la rompiste?-

-Hija, perdóname, si rompí a tu madre pero fue un accidente-

-¿Papá?-

-Si, mi niña, dime ¿que necesitas?-

-¿Me vendiste como Judas a Jesús?-

Con estas palabras, la niña, con una fuerza sobre humana, toma el cuello del padre y lo impacta contra la baranda de la camilla, dejándolo muerto en el acto. Ella comienza a llorar desconsolada cuando llega el médico y le pregunta que pasó, pero lo único que puede responder ella es: “mi papá está roto, está roto. Dios, arréglalo” mientras lloraba y reía frenéticamente, sin embargo, todos pensaron que se había resbalado y fue tomado como un desafortunado accidente.

Al día siguiente, finalmente salió del hospital y regreso a la iglesia donde la recibió el cura Denys.

-¿Lista para hablar de nuevo con Dios?-

-Cuando guste, tío Denys-

Denys no podía creer lo que escuchaba, había convertido a la pequeña Cindy en su esclava sexual, era lo que siempre quiso. De alguna manera sentía que Dios había escuchado sus plegarias.

Aquella noche, el cura Denys preparó todo para su increíble velada de placer.

-Baja de una vez, Cindy, no puedo esperar-

Lo sorprendió ver que Cindy si bajó, pero bajó con un mazo y tres clavos.

-¿Que haces con eso, Cindy? ¡Basta de juegos!-

El cura estaba asustado, la cara de Cindy no era la de siempre, era perturbadora, casi diabólica.

-El señor Jack me ha dicho que lea una página de la biblia y jugara con usted, me he topado con Jesús es clavado en la cruz-

-¿Pero de qué coño hablas?-

Cindy se acerca a Denys y con mucha rapidez entierra el primer clavo en el estomago del cura, y le da un martillazo con toda la fuerza que pudo sacar. Gritos de dolor comenzaron a escucharse mientras se llenaba de sangre el lugar.

-Uff, esto debió costarle mucho trabajo a los que lo hicieron con Jesús, ¿no es así, señor Jack?- Decía Cindy mientras parecía que hablara con el conejo de peluche, luego de limpiarse el sudor prosiguió a colocar el segundo clavo en el área genital del cura. Nuevamente los gritos de padre retumbaban en las paredes de la iglesia.

- Es usted es muy ruidoso, tío Denys, tendrá que hacer silencio si no quiere espantar a Dios-

El cura ya no podía hablar del dolor, solo veía a la niña más hermosa que había visto jamás, convertirse en un demonio frente a sus ojos. La niña se acercó al cuerpo tendido en el suelo, ya casi sin vida, de su tio Denys

-Mi papá seguro no fue al cielo porque rompió a mi mamá, así que no pudo hablar con Dios, pero como tu estas yéndote, como se fue su hijo al cielo, quiero que me hagas un favor y le digas que necesito hablar con Él, bueno eso es todo, tio Denys buen viaje y gracias por todo-.

Al terminar, sonrió levemente y tomó el tercer clavo, el cual introdujo en la boca de su tío y martilló, secando asi la última gota de vida del el cura Denys.

El pueblo entero se había preguntado por qué la iglesia no había abierto sus puertas. ¿Dónde estaba el cura y que fue de la niña?.

Un buen día, la gente del pueblo decidió investigar esto. Al entrar a la iglesia, observaron que el lugar estaba lleno de sangre y todo estaba roto y en deterioro, parecía que alguien hubiese estado muy molesto y hubiese tenido un ataque de ira en plena iglesia. Las personas siguieron adelante y encontraron una puerta cerrada manchada de sangre y una nota saliendo por debajo de la puerta y ponía:

Querida gente del frente de resistencia de fugitivos, por fin pude ver como se llamaba Este pueblo del infierno. Yo, Cindy Hope, he decidido ir yo misma a hablar con Dios para decirle que todos ustedes, malditos, han desgraciado la vida de uno de sus ángeles, quiero que sepan que tienen todo mi odio y solo deseo que Dios me escuche y los acabe a todos de la forma más cruel. Como solo él sabe hacerlo. Ni mi padre ni el cura de mierda pudieron darle mi mensaje, y encima el cura nunca volvió. No entiendo, lo crucifiqué y estuve esperando tres días y el hijo de puta no volvió. Bueno, iré personalmente, por favor no abran esta puerta, de lo contrario, el señor Jack se molestara y acabara con todos él mismo, pero yo no quiero matar a nadie, solo Dios puede matar a diestra y siniestra.

Con una última línea escrita forzosamente, con letra temblorosa:

Que dios los maldiga, esta y todas las noches. Gracias por todo… Con cariño Cindy Hope y Jack

La gente lo pensó bastante, consultaron entre ellos pero finalmente decidieron abrir la puerta. Lo que vieron fue una imagen que jamás podrían borrar de sus memorias. Era el cadáver de la pequeña Cindy, arrodillada, rezando, apoyada en la cama.

 La causa de la muerte nunca fue totalmente dilucidada, pero sin duda lo más horrible de la escena, fue la figura que estaba sobre su mesita de noche. El conejo Jack tenia una de las entrañas del cura y unos clavos en sus patas, y una biblia destruida alrededor. La gente no volvió a entrar a la iglesia al saber lo que había pasado, muchos de los responsables se suicidaron de la forma más horrible que pudieron conseguir.

La muerte de Cindy nunca tuvo explicación, sin embargo, logro lo que quería. Todos recibieron el peor castigo del mundo, la locura, el asecho de una conciencia que destruyó la vida de muchos de los responsables.

Sin lugar a dudas Cindy lo hizo, conoció a Dios. ¿No es así, señor Jack?

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta