cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

7 min
Ciudad de ángeles.
Amor |
08.04.15
  • 5
  • 1
  • 394
Sinopsis

NOCHE 1.

La ciudad está vacía...”

Sus párpados se cerraron, como dos pesadas persianas, viejas y maltrechas. Sin embargo, no sentía ganas de ir a la cama. Casi arrastrando los pies, se dirigió al baño a enjuagarse la cara. Volvió a la sala de estar y se sirvió una mínima medida de whiskey. Lo bebió de un trago. Echó una rápida ojeada al reloj que colgaba por encima del televisor. Las once de la noche.

Ya desvelado por completo, encendió la televisión. Nada interesante. Sin dejar pasar diez segundos, la apagó. Soltando un pesado suspiro, se encaminó hacia el gran ventanal que daba a una avenida del distrito de Itaewon. Las gotas de la lluvia repiqueteaban contra el cristal, provocando un insoportable chasquido constante. Suspirando, de nuevo, Paul Carter apoyó su mano izquierda sobre el cristal, dejando una huella marcada. Redireccionó su vista hacia un amplio cartel de neón, incrustado en la fachada de un edificio. En él se notaban vivos colores. Se trataba de una publicidad de una nueva marca de ropa deportiva recién llegada a Seúl. Aquellos deslumbrantes colores (rosa, amarillo, rojo, según se iban alternando) se reflejaban en el cristal. Paul arrastró su dedo índice por sobre el ventanal, pensando que iría a tocar el agua de la lluvia (tan cerca y a la vez tan lejos). No se sintió decepcionado, sabía que no iría a tocarla, sabía que su dedo índice no se humedecería; sin embargo, lo intentó.

Cuando el reloj marcó la medianoche, Paul se sentó, abriendo su cuaderno, disponiéndose a continuar escribiendo.

 

Solía soñar con recorrer el Mundo. Maravilloso.”

 

Volvió a cerrar el cuaderno de tapa dura y se acercó al ventanal. La lluvia no había cesado, y aquel cartel de neón seguía vigente, con sus vivos colores, pero enmudecido.

Observó su móvil. Su foto junto a ella seguía como fondo de pantalla. No se animaba a cambiarla, tenía temor. ¿Qué ocurriría si lo hacía? Nada, naturalmente. Pero Paul se negaba a hacerlo. Había sido tan feliz. Durante aquellos momentos juntos, no recordaba ni siquiera un segundo de infelicidad. Nada lo arruinaba. Incluso, hasta lo peor era lo mejor cuando estaban juntos. Al menos así lo sentía él. Pero nada cambiaría. Nada, absolutamente nada. Aquellas promesas que sus labios habían pronunciado se habían hundido en lo más profundo del olvido.

Déjame sola, no soy tuya, me has cansado”, le había dicho ella a través de un mensaje de texto una semana después de haberle prometido que volvería a por él, para no separarse nunca más. Tal cual lo había dicho y prometido infinidad de veces. Pero nada cambiaría.

 

NOCHE 2.

La lluvia no paraba, y el servicio meteorológico pronosticaba que en los próximos días Seúl se encontraría con una tormenta de nieve. El cartel de neón continuaba destellando vivos colores, pero seguía enmudecido. Nada que hacer. Parado junto al ventanal, Paul bebió de un tirón medio vaso de whiskey.

 

No entendía el motivo. No quería creer que había sido usado. Ella no se había comportado así. Lo abrazaba y lo besaba continuamente; sus manos estaban juntas todo el tiempo. Y, cuando él se separaba de ella para hacer algo, ella lo seguía. Era cariñosa y dulce. Su voz era parecida a la de un ángel. Habían sido dos semanas perfectas. Simplemente perfectas...

 

Apoyando el vaso sobre la mesa, Paul caminó hasta el reproductor de música y, a volúmen moderado, puso Butterfly Waltz, de Johann Pachelbel. Aquella era una versión a dueto de un violin acompañado de un piano. Al escuchar aquella dulce melodía, comenzó a sentir algo húmedo y cierta comezón en sus mejillas. Rozó su rostro con los dedos. Eran lágrimas. Saladas, húmedas...depresivas, aniquilantes. El joven canadiense de veintidós años infló el pecho y exhaló con fuerza. Sintió un nudo en la garganta difícil de desatar. Sus miembros comenzaron a temblar. Se apoyó contra el ventanal y largó un llanto desconsolado. Pero nada cambiaría. Estaba solo, su familia estaba lejos y encontrar un oyente de confianza y de real interés era demasiado difícil. Su amigo de hacía trece años se hallaba en aquel país que Paul había abandonado con tanta expectativa de cambiar de aires, de cultura.

 

NOCHE 3.

Una tenue luz amarillenta lo alumbraba mientras observaba aquel cartel de neón. La lluvia no cesaba. Era un ambiente tranquilo. Una apacible melodía de piano a bajo volumen acompañada del ruido constante de la lluvia. Algo hermoso y melancólico. Algo que podría llegar a matar.

Paul posaba junto al ventanal con su mano izquierda apoyada sobre el cristal. Con su mano derecha sostenía un vaso con whiskey. No sentía ganas de beberlo, simplemente se sentía acompañado.

El reloj marcaba la medianoche. El cartel de neón, había algo raro en él. Paul se fijó detenidamenteá, más que de costumbre. Estaba apagado. Los vivos colores que lo componían habían desaparecido, estaban muertos. La jovial imagen que reproducía, día tras día, se había convertido en una manta negra, monótona y depresiva. La brillante luz que se reflejaba en el ventanal, ahora, no era más que el pasado.

Bebiendo una mínima e insignificante medida de whiskey, Paul cerró sus ojos, intentando pensar en algo. Imposible. No había nada por hacer, absolutamente nada.

 

NOCHE 4.

Decepcionado, Paul quitó su mirada del ventanal al certificar que el cartel de neón continuaba apagado. La lluvia caía, dando su presente diario.

Sin resignarse, Paul volvió al ventanal. En cambio, quitó la imagen del cartel de neón de su cabeza y se centró en la calle. Estaba vacía. Hacía un frío crudo. Y, allí, justo en medio de la intersección, un semáforo cambiaba, silenciosamente, de rojo a verde y de verde a rojo, produciendo que una débil luz se reflejase sobre el pavimento. Aquel semáforo estaba en silencio, solitario y en silencio.

Echando la cortina, Paul se alejó del ventanal. Bebió una mínima bebida de whiskey. Aquella fue su última acción de la noche.

 

NOCHE 5.

El reloj marcaba la medianoche. Allí parado, frente al ventanal, Paul observó su móvil. Aquella foto era su única compañía, su única amiga. Aquel recuerdo, vivo en su mente y muerto en la realidad, significaba una sospecha de que, alguna vez, hacía algún tiempo, pudo haber sido feliz. Feliz, hasta en el peor de los momentos.

Sin embargo, aquella ciudad de ángeles, como Paul la llamaba, estaba vacía. Nunca volvería a ser la misma. Aquel semáforo, delgado y alto, seguiría transcurriendo en el tiempo, pasando las futuras crudas noches de Seúl bajo una soledad infinita. Aquel cartel de neón había muerto. Continuaría apagado, oscuro y monótono. El ventanal seguiría recibiendo los débiles y constantes golpes de las gotas de lluvia, fría e insaciable... Aquella foto, incrustada en la memoria, sería devorada por una ciudad de ángeles vacía y sin sentido.

Paul observó la imagen de aquella joven besándolo una vez más y guardó el móvil en un cajón. Echando la cortina al ventanal, apagó la débil luz amarillenta. Se acostó, cerró los ojos y se durmió. Nada quedaba por hacer, absolutamente nada...

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Espero sus comentarios con gusto :)

Tienda

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta