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11 min
Claustrofobia
Terror |
09.12.18
  • 3
  • 2
  • 1310
Sinopsis

No se hecha de menos algo hasta que sientes que lo pierdes o que no lo volverás a ver en la vida al protagonista le pasa algo que le dejará confundido y pensativo.

Capitulo uno Encendí la televisión de buena mañana, mientras me preparaba mi café solo, la verdad que se me atragantaban las noticias ya que eran un drama tras drama todo el rato, me acabe el café y fui enseguida a la panadería a tomarme un croissant de jamón york y queso antes de que tuviera que irme a trabajar, empezaba a las ocho en punto, a las siete y media ya me acabe el croissant que estaba buenísimo la verdad, en otros sitios no se pero en Katarsis (la ciudad en la que vivo) se come de lujo, tenemos los mejores restaurantes del mundo y todo lo que sea comida sabe a regalo de los dioses. Llegue tarde a mi trabajo por culpa de un atasco en la carretera principal de mi ciudad, estaba nervioso y enfurecido, mi jefe que ya me tenia calado me despidió, y a mis veinte y dos años me quede sin trabajo otra vez, ya era la tercera este mismo año, me daba miedo ir a casa y contárselo a mis padres, mi padre es muy recto y se enfada con facilidad, mi madre es mas comprensiva pero aun así siempre me a presionado con mis estudios y mis trabajos, aparque la moto cerca de mi casa, fui despacio hacia mi portal, y vi un hombre borracho que apestaba a sudor y alcohol bastante desagradable de ver la verdad, vi que le faltaban algunos dientes pero los que tenia se veían como de punta y parecían afilados, el me miro, no le hice caso y lo ignore, entre en el portal, un poco nervioso por lo que ya sabéis, mi situación otra vez era de un chico sin futuro ni trabajo ni tenia muchos estudios, se lo tenia que decir a mis padres, pero me daba hasta vergüenza decirlo, no soy tímido pero tampoco soy super extrovertido, y la verdad algunas cosas me cuesta expresarlas sobre todo a mis padres. Ya en casa veo a mi madre preparando la comida y mi padre en el sofá sentado rascándose la barriga, esa enorme barriga que tiene, mi madre Sofia después de decirle mi situación actual me dijo que vaya racha tengo, y que se lo dijera a mi padre, así que cogí fuerzas de donde pude y me senté al lado de mi padre, en ese sofá tan ancho y confortable que tenían mis padres, mire al suelo varias veces y mi padre se me quedaba mirando, pero luego me ignoraba totalmente, como de costumbre miraba la televisión sin más, suspire y después de un silencio de unos segundos aspire aire con fuerza, y lo solté de golpe y con cierto tartamudeo por mis nervios, mi padre me miro fijamente y a los ojos, su expresión facial era de enfado pero no decía nada, yo le miraba como asustado pensando en su reacción después de esa mirada, y poco me equivocaba su reacción fue más o menos como lo esperaba, me dijo tu eres gilipollas, ya van tres veces este año, así nunca tendrás trabajo estable, que decepción de hijo tengo, yo me quede callado y mirando al suelo justo a los pies de mi padre, el se giro otra vez a mirar la tele y me ignoro de nuevo, me fui a mi habitación, me lance a la cama después de cerrar la puerta, y cogí mi almohada como si no hubiera un mañana mientras lloraba desconsolado totalmente. Al día siguiente sobre las once de la mañana después de despertarme y acicalarme bien me fui a dar un paseo por la calle, no había desayunado nada, ni bebido nada tampoco, después de la llorera de ayer no me apetecía nada comer, salí de mi casa hacia el portal y para mi sorpresa allí afuera estaba aún el borracho que hacía todavía más peste, le mire y me puse la mano tapando mi nariz, pensé que horror, el borracho me miro y sonreía un poco, yo aparte mi mano de mi nariz y también sonreí un poco, y justo cuando me iba a ir me dijo, ¿estás bien chaval? Le dije que eso no era de su incumbencia, me dijo que era un borracho claro que no era de mi incumbencia, por que el no tenia trabajo ni obligaciones a las que atarse, yo le dije que no me entretuviera mas que tenia prisa, el muy astutamente me dijo que podía oler la mentira a pesar de su fuerte olor corporal y me lo decía con una sonrisa en la cara, me estaba poniendo nervioso ese borracho apestoso y me fui sin decirle nada más. Capitulo dos Después de un paseo largo por mi ciudad, mi querida Katarsis, fui a un restaurante que había abierto hace pocos días, mi expectativa era alta la verdad, además tenia mucha hambre, entre en el restaurante, y no había nadie, dije un tembloroso hola, todo estaba en silencio, de pronto un olor a carne recién hecha llego a mi, empecé a dar pasos dirección hacia ese olor tan delicioso, hasta que vi una mesa que estaba puesta y con dos velas cada una en una extremidad de la mesa, las velas iluminaban un poco el restaurante que estaba medio oscuro y las ventanas estaban cerradas así que no entraba mucha luz, volví a decir un hola tembloroso, pero esta vez me temblaba todo el cuerpo, no sé por qué sentía como mucho miedo e inseguridad, era raro, todo me parecía muy aterrador, en la mesa también había un plato con carne recién hecha y unas hojas de lechuga alrededor que suponía que eran de acompañamiento, y un vaso de un líquido transparente que parecía agua, me senté en frente de el plato en una silla de madera un poco inestable, empecé a mirar hacia todos los lados, nadie aparecía por ahí, bebí del vaso después de terminarme la carne que había en el plato, no deje ni una migaja, hasta las hojas de lechuga me las acabe, me dispuse a beber del vaso con ese líquido transparente que parecía agua, su sabor era como beber agua salada y encima tenia un punto agrio, pero me la termine, después de sacar hacia fuera con un eructo todo mi placer al saborear ese plato delicioso me dispuse a salir de ese restaurante, la puerta principal estaba cerrada, me asuste porque no había visto que alguien la cerrara, me puse cada vez mas nervioso, la puerta no se abría y casi lloro de los nervios que sentía mezclados con el miedo de esa situación tan rara y extraña, quería salir de ahí pero no podía, di varias vueltas por el restaurante, no veía una salida, pero vi unos lavabos y una luz que parpadeaba, entre por si hubiera una ventana aunque fuera pequeña para poder salir, mi sorpresa fue que no había ventana por ningún lado, los lavabos eran sucios y de hecho olía a podrido un montón y se veían moscas alrededor, sentía unas ganas de llorar muy fuertes, quería volver a ver a mis padres, a mi hermosa familia, a mis amigos de toda la vida, me dio tal bajón que casi me olvido de que tenia que salir de allí como fuera. Intente salir de los lavabos, pero la puerta estaba cerrada, ahora si que me puse nervioso y hasta muy ansioso, empecé a gritar como un loco, a dar golpes en las paredes, me hice daño en los nudillos de los dedos y pare de golpear las paredes, me senté en el suelo apoyándome en la pared, vi unas gotas de sangre en el suelo, eso me asusto mucho, mis ojos estaban muy abiertos, el labio me temblaba solo, mis pies y mis manos también, recordé que de pequeño solía rezar a dios, y creía en cristo, me lo habían enseñado en el colegio y también en casa éramos muy religiosos, aunque yo con el paso del tiempo deje de rezar y hasta perdí un poco las fe, me arrodille en el suelo, lo hice un poco rápido y desesperadamente, así que me dolió el contacto de mis rodillas en el duro suelo, puse mis manos juntas y me dispuse a rezar con la esperanza de que funcionara, Jesús, hijo de David, ten compasión de mí, recite tres veces seguidas, mi voz temblaba un poco, pero ore como si lo hiciera a diario, dije después oh señor, libérame como liberaste a tu pueblo, sácame de aquí y te prometo te hablare con mas frecuencia, señor yo te alabo y te amo por encima de todo. El silencio era abrumador, pero se oían unas gotas del grifo estropeado del lavabo, de pronto dejaron de sonar las gotas, me levante y mire en el espejo, ahí estaba yo encerrado sin razón alguna, siempre he sido bueno, he intentado ser justo con los demás, hasta he sido injusto conmigo mismo por tal de complacer al resto, ¿porque estaba sufriendo de esa manera? Me pregunte. estar en soledad daba para pensar mucho, mi vida no era la más triunfal de todas, pero tampoco era un mal chico, ¿Por qué me estaba pasando eso? No entendía nada, la tristeza aumentaba por momentos, y mis dudas rondaban mi cabeza agobiándome bastante, si esto era una broma era de muy mal gusto. Capitulo tres Pasaron horas y horas y nadie venia a salvarme, ¿me abra escuchado dios? La verdad es que no lo sabía, solo tenia dudas en mi mente y muchos miedos en mi interior, se me salto una lagrima recordando mi infancia con mis padres, éramos muy felices a pesar de que fueron muy rectos conmigo, esto supongo que significa que los estoy valorando mas de lo que hubiera pensado nunca, la familia es importante y a veces uno no hecha de menos algo hasta que lo pierde, yo creía que perdía la vida allí mismo, lo estaba valorando con fuerza mi propia vida, mi preciada y querida vida, había tantas cosas que quería hacer, y que no hice por culpa de las escusas que me ponía, que eso me estaba atormentando, de pronto se oyeron unos pasos firmes, alguien pico en la puerta unos dos golpes algo flojitos, no respondí por miedo, volvió a golpear dos veces la puerta con más fuerza y todavía mas fuerza en el tercer golpe, dije medio asustado ¿Quién es? Y una voz que parecía el mismísimo diablo contesto vengo a por lo mío, ¿Qué es lo tuyo? Pregunte, y me contesto lo mío lo tienes en el centro de tu alma, todo ese miedo, esa desesperación y temor a perder la vida es mío ahora, le dije con temblor pero gritando que no se lo iba a dar, me dijo puedo ver como tiemblas, no te hagas el remolón, me puse en una esquina alejado de la puerta y casi llorando del miedo que sentía, me dijo que si no le abría rompería la puerta de un golpe y me sacaría todo ese miedo a sorbos, le dije pues tendrás que romper la puerta por que no te pienso abrir, acto seguido cerré los ojos para no ver la dramática situación que se me presentaba, entonces escuche la voz de mi madre diciéndome, cariño, despierta, que te he hecho el desayuno, abrí los ojos y ahí estaba mi madre a mi lado y yo tumbado en mi cama, después de unos segundos en silencio por mi enorme confusión que sentía en ese momento, me levante despacio y con cara de susto, me fui con mi madre a la sala de estar, allí me esperaba mi desayuno y suspire un poco como aliviado pero preguntándome que mierda había sido lo que había vivido.
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