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6 min
Clones
Amor |
12.03.15
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Sinopsis

A veces nos desdoblamos y podemos vivir otras vidas en otros universos, que a ratos se entre cruzan.

Lo vio apurado, cubriéndose con la sombrilla de las primeras gotas gruesas de la lluvia que empezaba a arreciar. Corrió a abrirle la puerta y él entró rápido, sin mirarla a los ojos y apenas balbuceando un saludo. Sacudió con fuerza la sombrilla y la dejó abierta escurriéndose fuera de la puerta de la entrada.

Se sentó en el sofá de la sala, que se encontraba a media luz porque a él mismo no le gusta tener todas las luces encendidas. Prefiere la penumbra, a menos que vaya a comer en la mesa y enciende alguna de las bujías que le haga llegar algo de luz al plato. "No vaya a ser un animal" dice, poniendo cara de asco, pensando en alguna cucaracha o algo así, piensa ella.

No le vio muchas ganas de hablar, así que sin decirle nada, se fue al cuarto por el pasillo y se recostó en la cama. Le dolía la cabeza y prefería estar en lo heladito de la habitación donde recientemente había instalado un pequeño aire acondicionado para calmar el calor de las noches.

Escuchó sus pasos siguiéndola al cuarto, apenas unos minutos después. Lo escuchó entrar despacio a la habitación oscura, y lo sintió recostarse a su lado en la cama con todo y ropa, en total silencio. Estuvieron ahí uno al lado del otro un buen rato sin decirse nada, pero sintiendo y escuchando su respiración pesada y de alguna manera helada.

Empezó a sentir su mano que la acariciaba el abdomen y subía hasta los hombros y la barbilla.

--Que te duele? -- Preguntó él, con una voz de susurro que apenas se escuchaba.
-- Siento que la cabeza me va a estallar-- contestó ella con un susurro parecido, obligada por el dolor.
-- Así estuve yo temprano-- continuó  él, en el mismo tono anterior. -- Pero se me quitó poniéndome las manos en las sienes-- agregó.

A continuación puso la punta de sus dedos sobre la cabeza de ella y empezó a masajear delicadamente las sienes por encima de su cabello. El masaje era relajante y lo recibió con agrado. El dolor desapareció en cuestión minutos, pero el masaje le dio mucho sueño y casi se duerme mientras lo recibía.

La vibración del teléfono contra la mesita de noche la sacó de su trance. Tenía el teléfono en silencio, pero el zumbido  de la vibración y la lucecita intermitente le espabilaron el sueño. Escuchó la señal muda de la llamada entrante pero no quiso perder la comodidad que tenía en ese momento. El zumbido cesó. Un minuto después el teléfono vibraba insistentemente de nuevo.

-- Deberías de contestar-- dijo él. -- Puede ser importante, agregó mientras le daba un beso encimita de los labios y se levantaba para ir al baño que quedaba en la misma habitación.

--Son muy necios-- dijo ella dejando vibrar el aparato hasta dejar perder la llamada. Él estaba en el baño, "seguro orinando", pensó ella.

El teléfono una vez más vibró y esta vez ella lo agarró al menos para ver quien llamaba. "Qué raro" fue lo primero que se le vino a la cabeza, arrugando el entrecejo. Era una llamada de el teléfono de él.  ¿Cómo podía ser? a menos que la estuviera llamando del baño.  Contestó creyendo que la llamaba porque necesitaba papel higiénico.

--Que barbaridad amor, por fin contestás! , escuchó su voz del otro lado de la línea --Te estoy llamando de hace rato y no me contestás... ¿tenés algún problema?
--Sos loco vos , dijo ella -- ¿dónde estás? espetó, escuchando que el inodoro se descargaba dentro del baño y el tanque se llenaba de nuevo.
-- Ya voy para la casa amor, me agarró esta lluvia en el camino y no miraba nada, dijo él del otro lado con una voz más calmada, sin enojo --ya casi llego, tengo hambre, agregó.

Ella se quedó en silencio unos segundos, y en la oscuridad de la habitación, un escalofrío le recorrió desde las patillas hasta la espalda. De pronto sintió un miedo terrible, y el dolor que había desaparecido unos minutos atrás volvió con la misma intensidad a sus sienes.

Del otro lado de la línea, él seguía hablando, contando que había visto una mujer igualita a ella en la parada del bus, durante la lluvia... que hasta le pareció que le había hecho señas para que se detuviera, pero no quiso porque estaba lloviendo y era la única persona que vió en el lugar. Y además, "que jodido ibas a estar haciendo vos allí a esa hora" le escuchó decir... "por eso te llamé, para saber si estabas en la casa", agregó.

El teléfono se le escurrió de la mano, resbalando por el sudor helado que le corría por el cuerpo. Se sentía una bola en la garganta que le impedía tragar... y gritar.

Cuando pudo se levantó de la cama sintiendo las palpitaciones del corazón en todo el cuerpo y escuchándolo como si fuera un tambor en el pecho... entreabrió la puerta del baño donde temía encontrar algo horrible, pero no encontró nada ni a nadie... Por un momento pensó que se había quedado dormida y todo aquello había sido una pesadilla.

Repasó mentalmente los hechos y se convenció que realmente había estado soñando. "Hasta el bendito dolor de cabeza de me había quitado en el sueño" pensó. Ya más calmada y convencida de que había sido una fea pesadilla, salió del cuarto hasta la cocina a tomar un vaso con agua. En eso escuchó el tintinear de las llaves en la puerta principal .

-- ¿Sos vos? preguntó ella, con la voz aún quebrada
-- Si amor soy yo, ya vine, le contestó él desde afuera-- y quién jodido dejó esta sombrilla en la puerta? le preguntó el, mientras miraba sus enormes ojos negros y su cara pálida como un papel.

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Y es que zapatero a tu zapato que escriba lindo el que sea "pueta" y el que quiere nadar y no es pato pues al agua que no se meta.

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