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2 min
Comerciar con la vida humana.
Reflexiones |
30.06.15
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Sinopsis

Estaba dispuesta a afrontar lo que se interpusiese por mi camino. Me disponía a asumir la realidad de la vida; lo que tenía que enseñarme. La cruda desesperanza que tienen que soportar muchos individuos, sin estar yo eximida de sus desaciertos (provocados, básicamente, por la aleatoriedad)

Porque, si tenemos que partir de alguna premisa sería ésta: todo viene dado según la geografía; el lugar de nuestro inicio define nuestra vida. 

En el momento de nuestra irrupción en el mundo, nuestra acción se realizará en un ambiente y territorio no escogidos por nosotros mismos, ya que, entonces, se comprendería que muchos sufren el peso y las consecuencias del poder que otros ejercen sin poder siquiera suplicar; y también llegaríamos a la conclusión de que, hoy en día, mujeres que se niegan a cambiar su vida (por miedo, mayoritariamente), no decidieron llevar a cabo la supresión de sus derechos y libertades; ni, tampoco, el fomento de soledad con el que cargan (presente, sí) y la poca comunicación que, más les vale, no desaprobar. 

Si, insisto, tuviésemos en cuenta simplemente que hay una gran cantidad de personas que no son consideradas personas, sino masas sin voz, aglomeraciones de espíritus débiles fácilmente manejables y que, todo ésto, viene regalado en el momento de su acto en el mundo...tendríamos más consideración.

 

Porque a decir la verdad, comerciar con la vida humana hace que me cuestione si nos merecemos, "probar", experimentar lo que es el "vivir". Negar a los que no tuvieron la fortuna de "sobrevivir" lo suficiente para malgastar nuestro tiempo en la pasividad, en el conformismo. Sin manifestar que la vertebración de este sistema hace mucho que ya no articula ningún beneficio sino, más bien, desilusión y confusión. Y este perpetuar la misera ha sido realizado por nuestra presencia. Egoístas y más que egoístas. No hay comunicación, no hay cooperación. Si estas dos vertientes no llegan a conocerse, no hay solución para aquéllos que intentan gritar y no consiguen más que patentar su esclavitud. Cada día se despiertan con la teoría aprendida: la vida no puede ir a peor. 

 
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