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6 min
¿Cómo estará el abuelo?
Drama |
04.02.15
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Sinopsis

¿Cuántos ancianos están atrapados en esos viejos asilos?, viendo a la gente pasar mientras ellos están postrados en sus oxidadas sillas. ¿Cuántos de ellos estarán esperando aún, esperando a que alguien los visite, esperando a que alguien los tome en cuenta?

He tenido miedo por mucho tiempo ya, soy muy viejo para tenerle miedo a la oscuridad, pero no puedo evitarlo. Cada vez que la enfermera apaga la luz y cierra la puerta, me siento aterrado. He visto esa silueta flotando sobre mi cama, sus ojos amarillos brillan como un par de luciérnagas. “Ven conmigo” me dice, no puedo distinguir nada más, no quiero ver realmente qué es. Pero sus ojos amarillos se mueven sobre mí, parpadeando. Ya no puedo seguir así. Es por eso que he decidido quitarme la vida.

 

Nunca creí que mi vida terminaría así, condenado a una rutina de medicación y soledad, “Aquí los apreciamos tanto como ustedes aprecian sus años” dice el cartel en la entrada. Una vil mentira. Si es que alguien llega a encontrar esta carta (y si es que a alguien le interesa de todas formas) les pido que me entierren junto a mi amada, Rosa, mi Rosita. Enterrada ya por diez años en el cementerio de San Pedro, a las afueras de la ciudad.

¿Por qué debería interesarme lo que escribió un viejo solitario y amargado? Se preguntarán, los entiendo completamente. En mis últimos años mi comportamiento ha ido bajando hasta llegar a ser despreciable, pero nunca quise ser así. Después de jubilarme, planeaba pasar los últimos años de mi vida junto a mi amada, ella era tres años menor que yo, pero siempre fue la más madura. Nuestros hijos, que ahora tenían su vida fuera de casa, nos pasaban suficiente dinero para pasar los días sin ninguna pena.

Éramos un par de viejitos viviendo en una cómoda casita en el campo, ooh que alegre eran esos días, me despertaba en las mañanas a observar el sol elevándose en el cielo, sintiendo la frescura de la mañana en mi rostro, Rosa cocinando sus deliciosos panqueques en la cocina. Cuando Rosita murió de un infarto, yo planeaba quedarme sólo en casa, pero entre más viejo me hacía, más difícil era la idea de estar solo, así que me mudé a la casa de uno de mis hijos –el mayor –yo dormía en un pequeño cuarto en el ático, no era el mejor, pero al menos no estaba solo. Mientras ellos trabajaban yo me quedaba cuidando a los niños, bueno más bien ellos me cuidaban a mí, los pequeños me amaban y yo a ellos. Para cuando mi vejiga ya no funcionaba bien y necesitaba usar pañales para adultos, la relación con mi hijo mayor se fue deteriorando, sus hijos crecían al igual que sus gastos, y cuidar a un viejo como yo simplemente no estaba funcionando para él.  “Venga papá, lo vamos a llevar a un mejor lugar, estará más cómodo ahí” me dijo él arrodillándose frente a mí mientras yo yacía en mi silla de ruedas.

  “Noo, por favor, no me lleven ahí, les juro que no molestaré mucho, comeré menos y-y tal vez…” eso solo lo pensé, al ver la mirada brillante en los ojos de mi hijo supe que yo era un estorbo, es cierto, nadie quiere cambiarle los pañales a su padre, nadie quiere tomarse el tiempo para ayudarlo en la ducha y ver que no se tropiece y se parta la espalda o la cabeza. Cuando te vas de casa, simplemente no quieres cuidar a un viejo, aún si es tu propio padre. Bajé la mirada y sonreía, como pude sostuve mis lágrimas y le dije que estaba bien. Subieron mi silla de ruedas al auto y nos fuimos ese mismo día.

Eso fue hace seis años ya.

Al principio solían visitarme uno o dos días a la semana, siempre me traían un pastel, siempre me preguntaban cómo estaba y si me gustaba el lugar, yo les decía que sí, aunque las paredes grises y aroma a desinfectante barato me mantenían mareado todo el día. Poco a poco dejaron de venir, dejaron de llamar y dejaron de traerme pasteles. Me quedé solo.

He hecho amigos aquí, no con los empleados, ellos vendrán a ver que “estés bien” te dirán buenos días y si tu intentas hablar un poco más, contarles un chiste o una anécdota ellos te verán con ojos de “mierda, otro viejo con sus historias de antaño” los he visto ya muchas veces.

No, mis amigos son otros ancianos que vivieron las mismas cosas que yo viví, pero no es lo mismo, al final de cuentas todos estamos solos aquí, somos muebles viejos acorralados en un ático cubiertos por una manta empolvada. Somos bultos esperando que la muerte venga; la muerte con sus ojos amarillos deambulando en la oscuridad.

Esa es mi breve historia, no es muy interesante pero es lo único que puedo contar, así que es hora de irme, en pocas horas la enferma vendrá a apagar la luz, veré los ojos amarillos flotando sobre mí mientras mis manos se aferran a las sucias sábanas. El dolor en mis huesos es horrible, pero supongo que ha valido la pena, las siete pastillas bajo mi almohada lo confirman, siete días de mi vida que tienen el mismo valor que estas pastillas color azul. Las tomaré y dormiré…y sé que no despertaré, mi viejo corazón no lo hará, estoy seguro.

Aunque... ¿es esa la fecha de mañana? ¿13 de abril? Es-es mi cumpleaños.

Tal vez, tal vez deba esperar un día más, digo, tal vez los niños se preguntan ¿Cómo estará el abuelo?, tal vez, y tal vez mañana ellos vengan con un pastel en la mano, velas y cubiertos de plástico. ¿Y si no?, aún tengo las pastillas, nadie revisará bajo mi almohada, nadie nunca lo hace. Sí, eso haré, dormiré hoy en la oscuridad, aunque tenga que ver esos ojos sobre mí, lo haré…Oh Dios estoy tan emocionado, ya quiero ver que pasa mañana.

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  • Bueno, al final logró aflorar un poco de esperanza. Muy bien descrito el personaje, Jorge. Un buen relato que a pesar de estar en drama (y está bien ahí), tiene toquecitos de horror, como no podía ser de otro modo viniendo de un escritor de terror tan prolífico como tú. Una cosa, me encantó lo del número 13. No sé si lo hiciste con la intención que creo, pero si es así, genial; yo también lo hago. Todos o casi todos mis relatos de terror, tienen escondido el número trece de algún modo, ya sea sumando los números que aparecen, o directamente. Un saludo, Jorge.
  • ¿Humor? No sé, supongo que sólo estaba enojado.

    Bien, no sé cómo puedo definir este relato. Si les interesa leerlo, espero que ustedes puedan darle una definición. Lo único que diré es que, a veces, todos nos volvemos de hojalata en algún momento de nuestras vidas.

    Un hombre encontrará su venganza bajo la sombra de una Ceiba.

    Una madre nunca se equivoca.

    ¿Por qué querría alguien matar a un anciano? Estu creía que era porque era fácil. Estu era sádico y estúpido, una combinación peligrosa, pero también tenía pésima mala suerte. ¿Qué podría salir mal?

    No sé si es exactamente un relato de amor. No soy bueno clasificando relatos que no tienen nada que ver con horror. ¿Existe el amor después de la muerte?

    La piel y la carne son tan suaves. ¡Tan suaves!

    La herida que queda después de perder a un ser amado puede tardar en curarse, pero ¿Y si la persona que creíamos haber perdido sigue viniendo a nosotros? ¿Y si ya no es como era antes? ¿La dejarías entrar de nuevo a tu vida? ¿La dejarías entrar?

    Las gotas de lluvia traen mucho más que agua.

    El amor siempre está en todos lados.

Hace un año jamás habría pensado en escribir un relato corto, mucho menos en leer un libro cada semana. Pero aquí estoy, tratando de seguirle el paso a todos ustedes. Tal vez tenga talento o tal vez no. No lo sé. Pero planeo atravesar éste oscuro túnel y averiguar si hay algo brillante para mí al final...

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