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3 min
Como ha cambiado el cuento.
Varios |
21.11.21
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Sinopsis

J.

La pobre Caperucita se levanta a las 12 y se dirige al frigorífico para ver qué hay de desayunar maldiciendo el sol que entra por la ventana y le produce dolor de cabeza.

Lo abre y tras mirar dentro lo vuelve a cerrar de un portazo, se dirige al salón y se viste con su típico vestidito de cuento con su cápita azul,  coge su cestita de mimbre y tras cerrar la puerta se dirige sin gana alguna al bosque por el sendero que se conoce de memoria.

No tarda mucho en aparecer el malvado lobo feroz para dar comienzo una vez más a este cuento que se ha vuelto tan universal;

  • Hola Caperucita, ¿vas a casa de tu abuelita a llevarle de comer?
  • Mira pues no, me levante con un resacon del 15 después de la juerga que me corrí ayer como mis amigas, miro el frigorífico y me doy cuenta de que no tengo nada para comer el fin de semana, así que me pongo este puto disfraz, cojo mi cestita comprobando eso sí que mi pistola automática tenga sus balitas pertinentes, y me dirijo al bosque a esperar que un gilipollas lobo feroz de estos que el gobierno con sus experimentos ha conseguido que hable, me salga al paso para hacerme la preguntita de siempre mientras yo saco mi arma y le descerrajo un tiro en su dura cabezota, respondió la niñita mientras hacía aquello que acababa de relatar al pobre lobo que la escuchaba con la boca abierta.

Después Caperucita ato una cuerda alrededor del cuello del lobo que acababa de matar y lo llevo arrastrando hasta su casa dejando un reguero de sangre detrás de ella, mientras pensaba en qué mundo vivía cuando una pobre niña tenía que usar su prestación de desempleo para cubrir los gastos de las juergas nocturnas, y que por ello tenía que buscar un trabajo complementario de disfrazarse de Caperucita para matar uno tras otros los lobos que inundaban la región.

La cocina parecía la típica escena de terror llena de sangre y restos de vísceras y carne repartida en diferentes recipientes para el sustento alimenticio de la niñita; cogió la piel del lobo y tras salir por la puerta de la cocina que daba a la parte trasera de la granja tendió la piel junto a otras cuatro que estaban ya casi lista para su venta, y es que cada día el coste de la vida sube más y más, y las balas, qué decir del precio desorbitado de las balas.

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