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4 min
COMO UN SUSURRO
Varios |
31.03.14
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Sinopsis

Es tan grande la imaginación del deseo que al sufrir la herida de la realidad, directa y rápida, el osado aliento capaz de explicar tal sentimiento sólo será escuchado lastimosamente.

     Nadie ha reparado en ella, ni su procedencia ni escondite; aún así, libre y sin afán de protagonismo, una suave melodía de piano se esparce cautelosa por la sala. Como un susurro. Como un secreto. Sus notas sienten la experiencia de lo sufrido, el campanilleo melancólico denota la derrota del amor y el sufrimiento de la negación, de la dificultad por mantener junto al propio regazo aquello por lo que tanto se ha luchado. Es tan grande la imaginación del deseo que al sufrir la herida de la realidad, directa y rápida, el osado aliento capaz de explicar tal sentimiento sólo será escuchado lastimosamente. Cuesta tanto soñar... es tan rápido el despertar. Así, las notas son tristes, casi puede apreciarse como el oleaje que ondea por el techo y entre las lámparas se convierten en lágrimas cuando rozan cualquier parte dura y fría de la estancia; pero, al insistir en la mirada del sonido, uno quiere llegar a creer que detrás de la melodía existe una pequeña porción de fé y que tan sólo esta esperando a ser reconocida. Esta creada por solitario piano, aunque si alguien hubiera reparado en ella, en su existencia, aunque fuera en un tardío recuerdo o en lugar remoto, tal vez apostaría a que un solo piano sería incapaz de dar a luz tal conjunto de sensaciones. Realmente, a pesar de su débil paso ante la gente que habla de su aburrida vida sin vida sin darse cuenta de que algo hermoso sobrevuela sus mentes, es un piano hechizado que imparte dicha a cada golpe, y a cada golpe de muñeca y mano y dedo crea vida sin reparar en lo que digan o escuchen los demás, en lo que callen o ignoren. Y esa creación invita a la esperanza a pesar de los pesares. Por cada nota sobre teclas monocolores se abren paso oleadas alegres, recién nacidas de prodigioso espíritu, libre en la creación que aporta una pequeña parte de sentimiento a cada nota, a cada golpe. Si alguien fuese capaz de olvidar su aburrida no-vida, y con un solo gesto aún equivocado mirase al cielo de la sala, podría observar la explosión de ondas multicolores que procedían de un solo piano, obviado en la penumbra, pero madre y padre de tanta vida olvidada. Es triste, sí, esperanzadora también, por eso de la importancia del afecto negado que renombra con fuerza con unos golpes finos y rápidos de teclas, pariendo de su interior un momento de tonos tan punzantes como eléctricos, pequeñas descargas dirigidas no a las mentes, sino más allá, al interior, a dónde nadie es capaz de mirar ni llegar con la palabra, pero sí con emociones., pero que ella es capaz de ofrecer sin precio ni rencor por que, a pesar de estar olvidada, mantiene una vana esperanza para que los que no viven y hablan de ello miren arriba y fijen la vista en el sonido. Tal vez lleguen a creer en lo que ven detrás de aquella hermosa melodía. Pero es vano, nadie repara en ella, ni en su presencia ni en el origen de la música. Nadie es capaz de ver la esperanza si no creen en ella, nadie es capaz de creer en algo si no saben buscar su procedencia ni escondite. Cansada por la emoción de las notas, agotada por insuflar aquellos golpes con parte de su esperanza, vacía por el esfuerzo, deja la sonata con dos o tres derrotados golpecitos en una misma tecla, sonriendo, desfallecida quiso pensar que eran puntos suspensivos y que su lucha tan solo era marginada por un lapso de debilidad, no por la ignorancia de la que no quiere ver. Del que no escucha ni siente ni ofrece ni quiere. Ella, que no escuchó aquellas notas pués nunca escuchó nota alguna, sabía por el color y la vida del oleaje que producía el piano cuál era el significado, el mismo que ella desprendía e impulsaba sobre el ánimo ciego. Solo necesitaba descansar, aún quedando huérfana de atención.

 
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