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4 min
Con los ojos en los ladrillos
Reflexiones |
08.08.15
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Sinopsis

Su tormento es siempre el mismo.

Minuto tras minuto, hasta completar días enteros, se encarga de observar las paredes con mirada ausente,  es un intento de su mente por abstraerse, por escapar de una realidad hostil. Quiéralo o no, ha  permitido  entrar de nuevo al  espectro que lo  había atormentado, durante  momentos que se observan cada vez más lejanos.

Con su tormento de nuevo presente, la vida comienza a teñirse nuevamente, de aquel  verde de tono lúgubre,  patéticamente austero,  mientras el vector de tiempo se extiende, observa como el aire se va enrareciendo, como la naturaleza va retrocediendo, como la capsula que lo aísla se hace mas densa.

Después de la enfermedad, corto ha sido el periodo de positiva convalecencia, el virus nuevamente se apodera de aquel individuo, carcome su carne, roe sus nervios, pero siempre cuidando de mantener las apariencias, siempre  dejando la corteza  lo más intacta posible (pese a que en ella se evidenciara el daño irremediablemente), es necesario que el huésped no levante sospechas muy grandes, es preciso  que la existencia de la enfermedad no llegue a ser más que una sospecha.

Su mirada sigue clavada en la pared,  siente dolor, siente un ardor terrible entre sus pulmones, al parecer el virus ha comenzado con su intrínseco fin: suprimir la alama de aquel hombre. Con astuta lentitud es rasgada su esencia,  es  intensamente prolongado aquel dolor, mientras  tanto no puede hacer más que plantearse preguntas, no puede hacer más que  especular acerca de  su futuro; trata de consolarse al  imaginar aquel instante donde la enfermedad salga de su ser, una voz en su cabeza le recuerda con crudeza lo largo e intenso, que fue el padecimiento anterior.

Siempre deseare que seas mi “muchacha ojos de papel”.

Minuto tras minuto, hasta completar días enteros, se encarga de observar las paredes con mirada ausente,  es un intento de su mente por abstraerse, por escapar de una realidad hostil. Quiéralo o no, ha  permitido  entrar de nuevo al  espectro que lo  había atormentado, durante  momentos que se observan cada vez más lejanos.

Con su tormento de nuevo presente, la vida comienza a teñirse nuevamente, de aquel  verde de tono lúgubre,  patéticamente austero,  mientras el vector de tiempo se extiende, observa como el aire se va enrareciendo, como la naturaleza va retrocediendo, como la capsula que lo aísla se hace mas densa.

Después de la enfermedad, corto ha sido el periodo de positiva convalecencia, el virus nuevamente se apodera de aquel individuo, carcome su carne, roe sus nervios, pero siempre cuidando de mantener las apariencias, siempre  dejando la corteza  lo más intacta posible (pese a que en ella se evidenciara el daño irremediablemente), es necesario que el huésped no levante sospechas muy grandes, es preciso  que la existencia de la enfermedad no llegue a ser más que una sospecha.

Su mirada sigue clavada en la pared,  siente dolor, siente un ardor terrible entre sus pulmones, al parecer el virus ha comenzado con su intrínseco fin: suprimir la alama de aquel hombre. Con astuta lentitud es rasgada su esencia,  es  intensamente prolongado aquel dolor, mientras  tanto no puede hacer más que plantearse preguntas, no puede hacer más que  especular acerca de  su futuro; trata de consolarse al  imaginar aquel instante donde la enfermedad salga de su ser, una voz en su cabeza le recuerda con crudeza lo largo e intenso, que fue el padecimiento anterior.

Siempre deseare que seas mi “muchacha ojos de papel”.

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