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11 min
Confesión
Varios |
13.12.14
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Sinopsis

Un hombre que confiesa todo lo que ha hecho en su vida hasta la ultima acción que cometió que fue morir.

Nombre: Josh Mordicar.

Edad: 35.

Nacionalidad: Estadounidense.

Ocupación: Entrenador de fútbol juvenil.

Estado civil: Soltero.

No sé por donde comenzar, creo que debería empezar desde el principio. Cometí mi primer asesinato a los 6 años, mate a mi propio perro, no había dormido bien la noche anterior y por alguna razón él estaba muy inquieto y no paraba de ladrar, supongo que era porque él sabía que tenía ganas de matarlo y lo hice, cogí una piedra del jardín y lo empecé a golpear hasta que se callara, después de eso regrese a mi cuarto y dormí una reconfortante y cálida siesta, no había dormido así en mucho tiempo, cuando mis padres regresaron de trabajar vieron al perro muerto a golpes con la piedra ensangrentada al lado y la huella de mi pequeña mano en ella y sabían lo que había hecho, así que esperaron hasta que me despertara para hablar de sobre lo sucedido, ellos me preguntaron directamente.

-¿Mataste al perro?   

Y yo respondí

-Sí, no paraba de ladrar y estaba muy cansado, no tenía otra opción.

-Bueno, no se puede hacer nada, ya enterré al perro y no se va a hablar de esto con nadie, ni siquiera entre nosotros, ¿de acuerdo?

Todos dijimos sí, papa no quería que supieran que su hijo de 6 años había matado a la mascota de la casa, no quería aceptar la realidad y por eso forzó sus ojos a no ver, al igual que lo hizo mamá, yo entendí esa reacción como “No nos importa lo que hagas, si quieres matar, hazlo bien” y eso fue el principio que seguí el resto de mi vida.

A los 13 años, mi capacidad cerebral había mejorado al igual que mi imaginación e ideas sobre como matar a alguien, había un chico en la escuela que no me dejaba en paz, decía que yo era su mascota, un día me empujo y caí al suelo y tiro mi comida para que comiera donde estaba y me gritaba ¡come perro! Eso fue el momento en que decidí matarlo, tenía muchas ideas y las enumere, después de mucho pensar decidí el número 12. Su madre trabajaba todo el día al igual que los míos, así que no me preocupe por que alguien nos viera mientras implementaba el número 12, tenía que traerlo de alguna forma al bosque que quedaba a las afueras del pueblo, se me ocurrió la idea de romper la ventana de su cuarto con una piedra, curioso, una piedra me ayuda a cometer otro asesinato al igual que el primero, dejando de divagar lance la piedra contra su ventana, él se asustó, su reacción fue como la de un hámster estando a punto de recibir una inyección, pero ese susto paso a ser enojo cuando me vio y como un rayo enojado salió corriendo detrás de mi, lo atraje al bosque como quería y me escondí detrás de un gran árbol, él no vio cuando me oculte de él, su ira nublaba su vista e impedía que me viera, lo cual era mejor para mi, aparecí detrás de él y lo golpee con un bate que traía en la mano, solo lo deje inconsciente, ya tenía todo preparado para implementar el número 12. Cuando despertó lo tenía atado del cuello a un gran árbol con una cuerda que había encontrado en la escuela tiempo atrás, que bueno que no lo vote, lo apreté bastante duro, sus manos y pies estaban libres y no paraban de moverse, todo era parte del plan, papa tenía un hacha oxidada en la cochera la cual tome prestada y con ella corte sus extremidades, él no paraba de gritar y esto le aseguraba que su muerte era inevitable, sus gritos eran incontrolables así que decidí irme, no preocupaba nada, él moriría antes de que lo encontraran, llevaba guantes para evitar las huellas digitales, solo me faltaba limpiar el hacha con alcohol y todo quedaría solucionado.

Al cabo de unas horas la madre del chico que había matado vino a la casa toda preocupada por su pequeño, preguntó a todos los vecinos si lo habían visto y les pidió ayuda para encontrarlo, todos salieron con sus linternas a buscar al niño desaparecido, pero yo sabía que cuando lo encontraran ya sería demasiado tarde, pasaron 3 horas con 40 minutos y al final lo encontraron ya muerto, la madre se puso a llorar y todos estaban conmocionados, pensaron: ahí un asesino entre nosotros, el miedo es una poderosa arma, hace su trabajo de forma eficiente y solo tienes que ponerla ahí y ella hará el trabajo difícil, todos se observaban con la mirada temerosa, pero dispuestos a matar si era necesario. La madre a punto de sufrir un colapso nervioso pidió que llamaran a la policía, ellos llegaron como en 30 minutos y vieron la escena del crimen, llamaron a los especialistas en esto e hicieron varias pruebas, fueron de casa en casa preguntando si alguno de ustedes había visto algo extraño, le preguntaban a la madre si su hijo tenía problemas en la escuela o si alguien le molestaba, ella daba la respuesta típica de todas las madres:

-Mi hijo no tenía ningún problema en la escuela, era muy bueno con todos y no sufría de acoso escolar, él era un alma de Dios.

Eso me enfermaba ya que sabía la verdad sobre él, los especialistas le preguntaron a cada niño de la escuela y cuando llego mi turno estaba preocupado pero a la vez emocionado, las preguntas fueron:

-¿Lo conocía desde hace mucho tiempo?

-Sí, empezamos a estudiar juntos desde jardín de niños.

-¿Eran muy amigos?

-No, ni siquiera nos saludábamos de mano, solo una mirada a los ojos para hacerlo y eso era todo.

-Algunos me dijeron que te molestaba mucho, incluso te hizo comer en el suelo, ¿es cierto?

-Sí.

-¿Querías tomar venganza contra él?

-Sí, pero sería incapaz de hacerle algo, él era mucho más grande que yo, no podía hacerle nada, cuando sucedió lo de la comida, pensé en decírselo a mis padres y al rector, pero ya era demasiado tarde porque él había muerto.

Con eso terminaron el cuestionario y los especialistas no pudieron determinar quien fue, ya que a pesar de todas esas preguntas no determinaron si poseía un perfil asesino, es bueno que los policías de la realidad no sean como los de ficción y el caso se tornó como inconcluso, su muerte hizo de mi vida escolar mucho más feliz y placentera y con el paso del tiempo todo se olvidó de él, pero su madre no lo olvidaba así que decidió ahorcarse y terminar con el sufrimiento, ésa también es una poderosa arma, después de eso siguió el flujo natural de las cosas y nadie volvió a hablar de eso.

A los 20 años había cometido alrededor de 10 asesinatos, todos con un método diferente, ninguno sin importancia, sólo algunas personas de la calle y ya, nadie se preocupaba por ellos, ni siquiera los de la ley, eso demuestra que tienes que ser alguien en la vida para que te consideren como una persona real.

Conocí a una chica, se llamaba Elizabeth, era muy buena y le gustaba que le contara historias sobre los homicidios que había cometido, ella los tomaba como ficción, me gustaba oír sobre su vida, su infancia fue normal, la familia típica norteamericana, a partir de los 15 años empezó a viajar por todo el país debido al trabajo de su padre, nos llevábamos demasiado bien, hasta llegamos a ser pareja, pero de un momento a otro esa burbuja de vida perfecta exploto, descubrí que me engañaba desde hace mucho tiempo, con diferentes hombres, decidí vengarme matándola, no sabía de que forma matarla, así que revise mi lista y decidí implementar el número 25.

Llego el día de implementar el número 25, llegue a su casa de sorpresa y me propuse a prepararle una cena romántica con vino y un postre delicioso de chocolate envenenado para que no se notara el sabor amargo del veneno especial que había preparado para ella. La cena y el vino terminaron y pasamos directo al postre que la llevaría a un viaje sin retorno, se dispuso a comerlo de inmediato, estaba delicioso decía ella, me pregunto que tenía y yo le dije:

-Chocolate, huevos, azúcar, mantequilla, harina y cerezas.

Ella se conmocionó y me pidió que le repitiera el último ingrediente y le dije que eran cerezas, ella era alérgica a las cerezas, se le cerraba la garganta lentamente y la miraba, no tenía que decirle porque hice eso ya que ella lo sabía, tardo como 20 minutos el que ella muriera, esa alergia en realidad era peligrosa, al final tenía que limpiar todo para no dejar huellas pero resultaría mucho trabajo, así que se me ocurrió la idea de quemar el departamento y culpar de todo a una fuga de gas, prendí todos los fogones de la estufa, encendí un fósforo y salí corriendo de ahí para que no me alcanzara el fuego y pasado un minuto todo se incendió, borrando toda evidencia de que yo estaba en ese lugar y si le preguntaban a alguien si tenía novio, no sabrían decir ya que tuvo muchos en vida, pero no me podía arriesgar, decidí tomar un avión e irme de la ciudad no se me ocurría un lugar a donde ir, pero estaría lejos ahí.

Cuando me convertí en entrenador de fútbol juvenil tenía 35 años, ese sería el año cuando cometería el último de mis homicidios sin saberlo. Había terminado un partido en el cual mi equipo gano, pero un padre se acercó a verme porque no había metido a su hijo al juego, yo siempre fui una persona muy directa y le dije en la cara porque no lo había metido al juego.

-Señor su hijo es malo, no sabe jugar al fútbol, póngalo a otra actividad porque está no le gusta.

Me estaba alejando y él vino hacia mí con la intención de golpearme, lo cual logro, pero en eso despertó mi ira y mis ganas de matarlo, su golpe me causó mucho enojo y nublo mi juicio, no había tiempo de revisar mi lista, cogí la bolsa con los balones y lo empecé a golpear con ella, tomo como unos 2 minutos matarlo, me sentí aliviado, después de eso solo quería dormir, no me importó nada más ni siquiera que esto podría arruinar todo lo que había logrado a lo largo de mi vida, solo me dirigí directo a casa a dormir, sin saber que mi final estaba muy cerca.

Después de una hora pasaron en las noticias el asesinato de ese hombre que había matado a golpes con la bolsa de los balones, ya tenían una pista de quien había sido y mostraron en la pantalla mi rostro, salí rápido de casa en mi auto y escape a toda velocidad, por suerte los policías eran lentos y alcance a escapar antes de que me encontraran, todo había terminado o eso era lo que pensé.

¿Y ahora? Ahora estoy escribiendo esta confesión mientras los policías se preparan para entrar y matarme en un pequeño cuarto de un motel barato, toda mi vida está escrita en estas hojas, todo lo hecho sin que me atraparan tal y como fue la reacción de mis padres. Bueno, ire a morir. Adios.

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