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6 min
Contigo pero sin ti
Drama |
07.01.15
  • 5
  • 3
  • 1339
Sinopsis

Relato sobre la enfermedad del Alzheimer

Sé que te duele el brazo, lo siento. Tú me lo pediste.

 

-¿Así te llamas?, me gusta.

 

-No, ese es el nombre de tu hijo. Lo elegiste tú, cuando tan solo llevábamos un par de semanas saliendo. Ya lo tenías claro, como todo.

 

-¿Y este otro?, ¿es el de mi hija?

 

-No cariño, este es el tuyo.

 

Entonces ella se echó a reír.

 

-¿Tú no te ríes?

 

-Sí, a veces.

 

-¿Es que acaso, no es gracioso que no recuerde ni mi propio nombre?

 

-Depende de cómo lo mires. Cuando estás bien…, quizás sí.

 

-Ayúdame a bajar de la encimera, no sé qué hago aquí-Pidió ella confundida.

 

-Bueno, pues no sé, cualquier cosa, vete tú a saber. Anda, engánchate a mi espalda a caballito, te voy a llevar al cuarto de estar. Cuando lleguemos a la puerta, cierra los ojos.

 

-¿Ya?

 

-¡Ah! ¿Pero ya los has cerrado? No, todavía no hemos llegado. No seas impaciente.

 

-Habla por ti, porque yo puedo tener prisa, ya lo sabes-Contestó Eva con cierto sarcasmo, y de nuevo con una sonrisa.

 

-Ya estamos. Ten cuidado, te voy a bajar. Agárrate.

 

-Estoy lista. ¿Puedo abrir la puerta?

 

-Ahora sí-Contestó él, radiante.

 

Cogió el pomo y lo giró, con fuerza y entusiasmo. Se quedó paralizada al comprobar lo que estaba viendo. Literalmente con la boca abierta.

 

-No lo puedo creer. Es alucinante. ¿De dónde has sacado tantos espejos? Y las fotografías del niño y las nuestras… ¿Por qué lo has hecho?

 

-Quiero ver multiplicada tu sonrisa al reflejarte. Pensé, que si nos ves al mismo tiempo muchas veces, tendrás más posibilidades de recordarnos.

 

-Está muy bonita la habitación. Las paredes de azul celeste, la invasión de luz, el color de las fotos…, no sé qué decir.

 

-No hace falta que digas nada. Deja que la esperanza que aquí se respira, siga entre nosotros, al menos unos minutos más.

 

Entonces David se acercó a su espalda y le rodeo con sus brazos.

 

-Me consumo como el tiempo, David. He de decirte algo…, ya no sé…, si te quiero ¿Qué es el amor para mí? Eso, no se lo puede permitir nadie como yo, ¿verdad?

 

-No te preocupes, yo todos los días te informo de ello. Lo de…, que ya no me quieres, digo-Le dijo recalcando esto último.

 

Cada día para mí es como la primera cita, siempre intento quedar bien. Ahora todo sale perfecto, y no como cuando nos conocimos, que fui un desastre total. ¿Te acuerdas?

 

Entonces se hizo un largo silencio. El espacio entre ellos aún se hizo más extenso, más palpable.

 

-Lo siento, no quería decir eso. Era una frase hecha.

 

-La verdad, que no sé por qué empezamos a salir, si tú no me gustabas-Dijo ella con rabia.

 

-No te preocupes Eva, si ya no estamos juntos.

 

-¿Por qué me dices eso Javier? –Entre sollozos.

 

-Cariño, yo no soy Javier. El ya no está.

 

-No lo entiendo. ¿Si no estás conmigo, qué haces tú aquí?- Comenzó a llorar llevándose las manos a la cara.

 

-Tranquila, ven aquí-Intentó abrazarla.

 

-No, déjalo. ¡No necesito de tu caridad! Solo deseo saber qué fue de ese maldito…, pero él no es el padre… ¿cierto?

 

- No, él no es el padre. Soy yo. Eva, por favor, no te pongas así, no quiero que sufras…

 

-Eso te debe dar igual, ¡por favor dímelo!, ¿qué fue de él?-Exclamó Eva.

 

-Javier te dejó, cuando todo comenzó a complicarse. Lo siento.

 

-No lo sientas tanto, mañana te lo volveré a preguntar, ¿no es esto así?-Dijo Eva furiosa.

 

-Más o menos-Contestó David afligido.

 

-Creo que debería irme a trabajar al laboratorio. ¡Sí, ahora mismo, necesito seguir con la investigación! Se dirigió rápidamente al armario de la entrada, con las zapatillas de andar por casa puestas.

 

-Eva, ya no hace falta. Lo conseguiste, conseguiste tu propósito.

 

Ella acababa de ponerse el abrigo e iba coger un maletín.

 

-A veces, no sé si me dices la verdad, o solo, es para que me calle y seguirme la corriente.

 

-¿Quieres que te lo demuestre?

 

Eva de nuevo quedó estupefacta ante lo que había escuchado.

 

-¿Lo he conseguido?, ¡¡no me lo puedo creer!!

 

Mientras Eva disfrutaba de la buena nueva, David encendía el ordenador portátil de su despacho.

 

-Siéntate Eva, y presta atención.

 

Tardó poco en encenderse, y que David, encontrara referencias por internet.

 

-Joder, es cierto:” Grupo científico español dirigido por la investigadora Eva Peña, encuentra la solución, para la creación de una vacuna que curará a las personas que sufren la enfermedad del Alzheimer”

 

“La investigadora Eva Peña y su equipo, obtienen el reconocimiento de la comunidad científica internacional y del resto de la sociedad, recibiendo diversos premios de gran entidad”

 

Eva se tocó la frente con el dorso de una mano, estaba un poco mareada.

 

-Tranquila, no es la primera vez.

 

-Hace ya más de dos años de esta noticia. No doy crédito, me siento muy feliz. ¿Entonces todos los días recibo esta gran noticia?

 

-No todos. Hay días que te colapsas y no te da tiempo a asumirlo, entras en crisis.

 

-¿Y por qué no me aplican el tratamiento?-Preguntó Eva desolada.

 

-Porque…

 

-No me contestes, está claro, es demasiado tarde, ¿verdad?

 

David asintió con la cabeza.

 

-Pero gracias a la investigación y a tu dedicación exclusiva, tu nombre jamás quedará en el olvido-Concluyó David, poniendo sus manos en el rostro de Eva, y acercando tanto el suyo, que podía verse reflejado en sus pupilas temblorosas.

 

-Ya, muy bien… ¿y tú quién eres?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Escritor aficionado. Sin disponer de mucho tiempo intentó leer, y escribir sin reprocharme el que perdí en su día. "Nunca podrán profanar tus ideas y tus pensamientos, mantener limpia la conciencia es vital para un alma transparente"

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