cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
Copia Inexácta
Fantasía |
09.10.08
  • 3
  • 5
  • 1631
Sinopsis

El primer clón de un humano prueba que la ética si importaba.

Ningún científico esperaba que los clones de humanos tuvieran alma. La mayoría de ellos no creía que existiese el alma. Los demás se sabían incapaces de crearla. Pero eso no era lo que importaba, ya que ellos querían refacciones, no seres vivos. Y querían riqueza, y algunos de ellos anhelaban, más que nada, la fama.

Shadia Méndez, consciente de su incapacidad de crear un alma; ya bastante adinerada, pero hambrienta de fama, no era la mejor ni la peor en el campo de la clonación. Pero fue ella la primera en tener éxito en la creación de un clon.

Lo consiguió como suelen conseguir las cosas los humanos: a causa de la necesidad. Su hijo, Ryan, padecía una enfermedad incurable y difícilmente alcanzaría los quince años. Shadia lo veía morir lentamente, y sabía que si conseguía eliminar el gen enfermo de las células, podría obtener un clon sano. Una posibilidad para salvar a su hijo.

Aprendió de la enfermedad además de clonar a su hijo. Vendió parte de su descubrimiento a una enorme compañía, reservando algunos derechos para sí. El clon recibió un nombre: B-Ryan.

Sus investigaciones sobre clonación habían rendido frutos, pero había mucho por comprender respecto a la enfermedad de Ryan, así que se ocupó de eso. Su hijo – y el clon de Ryan – la apoyaron en eso.

Ryan había heredado la inteligencia de su madre y aunque le faltaba experiencia, era de gran ayuda en las investigaciones. De forma similar, B-Ryan también era bastante listo.



Para Ryan, B-Ryan no era un clon, si no un hermano; sentía por él cariño genuino y una confianza absoluta. B-Ryan contaba con la inteligencia y conocimientos de Ryan, pero no tenía su enfermedad. Sacrificarlo podría salvar a Ryan, pero Shadia y su hijo ya no toleraban esa idea.

Pese a que B-Ryan no conservaba sentimientos, era capaz de sentir emociones, y a simple vista, parecía una persona como cualquier otra. Sentía pena por su original moribundo, aunque la olvidaba tan pronto como dejaba de tenerlo enfrente. Y reaccionaba ante el afecto de ambos. Tampoco recordaba esa sensación más tarde. Lo único que perduraba en él, era el instinto de supervivencia. Shadia y Ryan no lo comprendían, pero todo lo demás se desvanecía de inmediato. El deseo de vivir, al contrario, era dominante en todo momento.

Aun, así, Shadia había obtenido más de lo que esperaba, en ese aspecto.




Antes que el nuevo descubrimiento comenzara a ser explotado realmente, B-Ryan tenía conciencia de ser el único individuo de una especie recién descubierta. Claro que luego hubo otros clones. Y más. Muchos de ellos morían a causa de sus originales, y casi ninguno tenía la suerte de B-Ryan, quien sabía que un día debería ocupar el lugar de Ryan.

Shadia había dado muestras de amarlo como a su hijo. Él no podía sentir afecto, pero comprendía cómo funcionaba, así que suponía que ella no tendría valor de matarlo para salvar a Ryan, como solían hacer los humanos con los clones. Ryan, por su parte, había dicho abiertamente que no permitiría que por su causa mataran a su hermano.

A veces, B-Ryan temía que, al ver cerca la muerte, su original cambiaría de opinión. Aunque en parte deseaba ocupar el lugar de Ryan algún día, también solía preocuparse de que, después de todo, podrían decidir usarlo como fuente de refacciones… En esas ocasiones, deseaba que Ryan se curara, y trabajaba mucho por ello. Shadia se conmovía, creyendo que B-Ryan sentía afecto por su “hermano”.

Después de muchos estudios (debido a los cuales casi había olvidado que había conseguido crear al primer clon humano en la historia), Shadia encontró la cura para la enfermedad de Ryan. Muchas familias, además de la de Shadia serían beneficiadas. Pero B-Ryan supo que estaba condenado a ser por siempre el reflejo de Ryan. Era un clon sin sentimientos, pero tenía aspiraciones. No le molestaba no poder tomar el lugar de Ryan, pues él sabía que ya era como un hijo para Shadia. El problema era que, una vez sano, Ryan se fortalecería; aprendería a nadar, a jugar softball y hacer trabajos pesados; “Tomará mi lugar, porque, estando sano, es su lugar; y yo soy un impostor: una copia, al fin y al cabo”, pensaba B-Ryan, y entonces temía, porque no sabía que sería de él.

Ryan nunca quiso tomar el sitio de quien consideraba su gemelo, sólo quería estar siempre con él. Por eso quiso aprender a nadar, como B-Ryan, quién era particularmente bueno en eso. El clon de Ryan – su gemelo, su modelo a seguir, su confidente – accedió a ir con él a la piscina del Centro; B-Ryan no estaba molesto, al contrario, estaba decidido. Ese día, la forma en que el mundo veía a los clones tuvo un cambio drástico.

En lugar de enseñarle a nadar a Ryan, el clon tenía otro propósito.

Al principio B-Ryan se limitó a soltar a su original y esperar a que se hundiera, pero al ver que se mantenía a flote (aunque con mucha dificultad), lo empujó hacia el fondo.



En realidad, habría sido cuestión de tiempo antes de que Rayan se ahogara, y B-Ryan lo había sabido, pero había perdido la paciencia y por eso había decidido sumergirlo. Si no hubiera habido testigos, habría atribuido los arañazos en su brazo a la desesperación de Ryan cuando el “intentaba salvarlo”, e incluso diría que por esa misma desesperación, “su hermano le había hecho imposible ayudar, y que casi habían muerto los dos”.
Pero hubo testigos.

Un extraño detuvo a B-Ryan y otro ayudó a Ryan a salir de la piscina. Habían llegado temprano por motivos semejantes a los de Ryan y su clon: no les gustaba nadar entre la multitud.

Por la noche de ese mismo día la empresa que producía los clones tomó las primeras medidas. Cada clon que por un motivo u otro estaba libre, fue encerrado casi de inmediato. Fue necesario que Shadia suplicara para evitar que todos fueran eliminados. Aún sentía afecto por B-Ryan; además pretendía probar que su conducta no se debía a un “defecto de fábrica”.

Pero Shadia murió, a la edad de 59 años, sin haber descubierto el problema. Su muerte causó un breve pero terrible dolor en B-Ryan, y un vacío que sería eterno en Ryan.
En la piscina del centro, hacía bastante tiempo, Ryan había perdido a su hermano gemelo: éste se había convertido en un extraño y había intentado matarlo. Entonces se había sentido sólo y decepcionado, y el cariño que había sentido por su clon se había transformado en odio. Ahora volvía a perder a un ser amado, y esta vez sintió que su vida finalmente carecía de valor. Le quedaba solamente un montón de recuerdos inútiles, un espacio vacío en la mesa de la ciencia, y el rencor hacia B-Ryan.

Solamente con el rencor podía hacer algo. Organizó la exterminación de los clones. Lo decidió tan pronto que pocos clones comprendieron lo que ocurría en “El Refugio” donde los habían aislado hacía tanto tiempo.


B-Ryan logró fugarse a tiempo, y reunió a 53 clones que también huían. Tenían una sola esperanza de sobrevivir: salvo por su incapacidad de conservar sentimientos, eran idénticos a sus originales. La idea fue de B-Ryan, después de todo, él era el clon de un genio.

Comenzaron por los niños, toda criatura sabe que en la infancia esta la supervivencia de la especie. Sintieron culpa mientras mataban a los originales, pero no tendrían que vivir con ella; la olvidaban tan pronto como las acciones acababan.

Muchos de ellos fueron cazados por “la gente de Ryan”, pero los demás lograron sustituir a sus originales. B-Ryan fue asesinado, desde luego. Ryan prefirió morir a su lado que dejarlo vivir. O eso es lo que se cuenta por ahí.

Los clones están agradecidos con B-Ryan, por haberles ayudado a sobrevivir como especie; al parecer ya se olvidaron de que su error fue lo que desencadenó todo.
Sea como sea la situación es esta. Ya ni modo. Mi padre es un humano. Y no sabrá nunca que mi madre no lo es. Yo no sé lo que soy. Pero pueden considerar que soy un clon, como mi madre. Aún cuando yo no tengo un original.
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta