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6 min
Copo De Nieve
Drama |
13.06.16
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Sinopsis

Muchas veces la inocencia y dulzura de un corazón sabio, puede ayudarnos a abrir los ojos hacia la luz.

Sofía era una niña que siempre sintió un cariño especial por los gatos, pero irónicamente su madre Stella les tenía un tremendo fastidio, ella creía que estos eran criaturas demoniacas. Así que por esa razón no había gatos en su casa.

Un día mientras la pequeña Sofía iba de camino a su casa, encontró una caja de cartón cerrada, le habían hecho tres pequeños agujeros a un lado, estaba puesta sobre unas bolsas de basura. Se acerco sigilosamente y la abrió.

En su interior hayo un hermoso gatito blanco durmiendo, al sentir la presencia de la menor. Él despertó con un gran bostezo. Se sentó en sus dos patas traseras, levanto su cabecita peluda para mirarla con sus enormes y brillantes ojos azules. Ella había quedado encantada con aquel gatito blanco. Ningún otro gato logro causarle tanto asombro antes.

Lo tomo en sus manos y lo oculto adentro de su playera rosa, aprovecho que su madre no estaba en casa y lo escondió en el ático. En ese lugar lo único que había era muebles viejos, un espejo de tocador oxidado. Porcelanas antiguas y deterioradas por los años. Sofía le acomodo su cama dentro de un closet de madera, en donde las termitas abundaban. Y atrás de un sofá polvoriento y rasgado, le ubico su cajón de arena, y un platoncito con agua limpia.

Lo llamo Copo de nieve, por su blanco pelaje. Antes de ir a la escuela, la niña se levantaba muy temprano a cambiarle la arena y el agua. Mientras tanto a copo de nieve le gustaba jugar con su bola de mimbre. Una que le  que le consiguió Sofía en una tienda de mascotas.

Mientras el tiempo pasaba, aquel gatito blanco crecía. En su cuello colgaba un dije de acero en forma de crucifijo, Sofía se lo coloco para que Dios lo protegiera. Este se suspendía de un listón rojo.

Una mañana de invierno mientras el felino tomaba una siesta en el viejo sofá, escucho pasos que avanzaban por las escaleras. Creyó que se trataba de Sofía. Se estiro, después pego un brinco fuera del mueble y se apresuro hacia la puerta a recibirla, se sentó en sus patas traseras y apoyo las otras dos en el piso, observo a la perilla girar con suavidad, luego la puerta se abrió con lentitud, las bisagras cubiertas de moho la hacían crujir. Pero no era ella, se trataba de Stella, la madre de la niña. Copo de nieve se asusto al verla, pues  la mujer era una extraña para él. Con una gran agilidad corrió a refugiarse a su escondite.

Stella recorrió con sus ojos el ático. Como si estuviera buscando algo extraño... -sé que estas por algún lado, espera a que te encuentre engendro del demonio. Murmuro irritada. Esta madrugada escucho  que la puerta del ático se abría. Salió de su habitación y echo un vistazo, la puerta del ático estaba cerrada, al momento de dar la espalda, oyó un ¡Miauuuu!. Subió tres escalones y aguzo su oído. -¡shhhh!. Calma...calma por favor, copo de nieve. Ya voy a darte tu trozo de jamón. Le decía con dulzura la niña. Stella solo apretaba los dientes de coraje.

Cuando su hija se fue a la escuela, ella decidió subir al ático y  deshacerse del indefenso felino. Dirigió su mirada hacia algo blanco que sobresalía del viejo ropero de madera, era la punta de la cola del gato, este permanecía en silencio dentro del ropero.

Stella se va en puntillas hasta el closet. Con los dedos de su mano derecha empuja la puerta gorgojada. Y lo tira de la cola, el gato lanza un chillido. Lo agarra de sus patas traseras y le da varias vueltas en el aire, ¡miauuuuuuuuuu!. Exclamo. Después lo lanza con todas sus fuerzas contra una pared vacía, su cuerpo choco brutalmente en el muro de concreto. Cayendo al piso sin vida.

-Eso te enseñara que ninguna criatura del demonio volverá a entrar en mi casa. Dice oriunda la estúpida mujer.

La sangre empieza a salir de la boca del gato, sus ojos azules quedaron abiertos mirando fijamente hacia el umbral. -¿qué miras demonio? le pregunto molesta. Al ver que sus ojos se dirigían hacia la puerta, Sofía estaba parada en el umbral. En su mano llevaba un trozo de jamón para su querido amigo de cuatro patas.

- ¿mamá que le has hecho?, le pregunto la niña con ojos llorosos. Su madre queda muda ante la presencia de su hija. Sofía corre y se arrodilla cerca de él, le da un pellizco al jamón y toma su cabecita entre sus pequeñas y tiernas manos. le da de comer, pero su gato no le recibe bocado. – Todo va a estar bien mi copito de nieve, - vamos come, hazlo por mí. O es que... ¿Ya no te gusta el jamón?, está bien te lo cambiare por un filete de pescado. Le dice la pequeña inocente entre sollozos.

Al darse cuenta de que era inútil revivirlo, pues su cuerpo comenzó a ponerse rígido y frio. Ella le retiro  rojo de su cuello y lo apretó en su mano... Diosito, te pido que cuides mucho de mi copito de nieve, no olvides darle su trozo de jamón y de cambiarle la arena de su cajón y el agua. 

- ven Sofía, que incoherencias son las que le estas pidiéndole a Dios. Ese mugroso gato se irá al infierno, allí es donde pertenece. Y ya basta, no sigas tocando a esa horrible criatura demoniaca. Le dice su madre asqueada.

- tú eres una mujer mala, es mejor que comience a pedirle a Diosito por tu alma también. Le dice ella, mientras carga el cuerpo inerte de su copito.

- ¿cómo te atreves a decirme esa insolencia?.

- no mamá, no es insolencia, es preocupación. Si fuiste capaz de acabar con la vida de un indefenso animal, creo que no te importara tampoco terminar con la de tu propia hija. -Espero que Dios te perdone por lo que hiciste.

Stella se sintió el ser más despreciable del mundo ante las palabras de su pequeña hija. No pudo creer lo perversa e injusta que fue con copo de nieve y con Sofía. Ya no podía retroceder el tiempo, pero si podía corregir su error. Así con el pasar de los años, Stella y su hija se unieron para rescatar gatos abandonados y maltratados por sus amos. Ambas crearon una casa hogar para estos misteriosos y cariñosos animales.  

 

 

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