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10 min
Cosas de la vida y su primavera
Amor |
04.11.14
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Sinopsis

Esa mañana Sergio estaba inquieto, llevaba meses actuando de un modo extraño y poco habitual en su dinámica rutina, lo normal en él era que fuera predecible, dejaba poco lugar para las sorpresas, una vida anodina y perfectamente organizada, pero intensa, con cierta carga emocional. Las cosas no habían resultado ser tan sencillas como el soñaba cuando era un joven con un futuro prometedor por delante, con el deseo lógico de formar una familia y disfrutar de los pequeños instantes que te regala la vida. 
María le miraba con cara de extrañeza, varias semanas atrás había notado un cambio sustancial en su forma de comportarse y por más que le preguntaba sí sucedía algo, el estaba encerrado en su yo interno sin dejar entrever que pasaba por su cabeza. 
Permanecía sentado con sus codos apoyados sobre la mesa de la cocina, María preparaba el café y de vez en cuando giraba la cabeza observando el movimiento intermitente de las piernas de Sergio ese vaivén oscilante anunciaba que su estado de nervios era algo tácito por mucho que el se empeñara en ocultarlo, tenía la mirada perdida y el tono de su rostro se tornaba blanquecino, en parte causado por las pocas horas de sueño que acumulaba desde hacía meses, el no se daba cuenta, pero María se desvelaba a media noche y le buscaba en el lecho que compartían, sin encontrarlo la mayoría de las veces, se levantaba sigilosa y caminaba de puntillas por el pasillo, guiada por la tenue luz que se escapaba por debajo de la puerta del despacho, donde el solía pasarse noches enteras;  la cocina emanaba  un mutismo que estremecía a María, y sentía que había agotado todos los caminos para llegar a el, por más que insistía o trataba de transitar un camino que le ayudara a descubrir que le sucedía a su marido, todas la puertas se le cerraban. 
Como sí de un oso hibernando se tratara, Sergio despertó de su letargo al llegar la primavera, su primavera, su hija Nora apareció dando pequeños saltitos al tiempo que decía, -mira papi, hoy iremos de excursión en el colé, nos llevan al parque para que aprendamos a distinguir los árboles que hay allí, porque los hay grandes y pequeños y todos son diferentes!!!, Sergio esbozo una tímida sonrisa, y tomó en brazos a su particular primavera, la sentó en su regazo y la abrazo tan fuerte que Nora exclamo,- papi!!!, que me vas a romper!!!, María contemplaba la escena mientras se apresuraba a preparar las tostadas, en su rostro se apreciaba tristeza e inquietud, ese abrazo no era el de cada día, llevaba algo diferente, estaba cargado de algún sentimiento que ella no alcanzaba a comprender. Mientras su madre acababa de preparar el desayuno, Nora jugaba con los botones de la camisa que llevaba puesta su padre, al tiempo que con la otra mano sujetaba una pequeña delicia de chocolate, María le dijo,-cariño, ten cuidado, mancharás la camisa de papa, pero justo acababa la frase cuando ella ya había rozado con sus diminutos dedos el borde del bolsillo de aquella camisa a rayas azules y blancas que tanto le gustaba a María, se apresuró a limpiarle con un paño mojado, pero Sergio tomó una servilleta de la mesa la humedeció con su saliva y froto levemente el borde mientras decía, -ya esta, a penas se nota, y con la americana encima aún se notará menos; se sentaron todos a la mesa, ella con sus ojos empañados en lágrimas pero tratando de contener el llanto mientras blandía un pedazo de tostada entre sus dientes, el absorto en el poso de su taza de café, y Nora haciendo caminitos desde su tazón  de colacao hasta la cuchara de su padre con las migajas que caían de sus galletas de chocolate. 
Esa mañana, como muchas otras había hecho antes, le dijo a María que el llevaría a Nora al colegio, quedate tranquila mi amor, yo llevare a nuestro trastito al colegio. María asintió con la cabeza, abrazo a su pequeña y al tiempo que se incorporaba, Sergio la estrecho entre sus brazos y se despidió de ella con un beso que estremeció todo su cuerpo y su alma. María se quedo en el rellano de la puerta de entrada observando como sus dos amores caminaban al unísono en un ritmo acompasado acompañado del sonido de sus risas y se desvanecían al doblar la esquina.  
Eran ya las tres de la tarde, María había recogido a Nora en el colegio, y ambas habían estado esperando a Sergio para comer, después de varios intentos de llamarlo por teléfono, María comenzó a preocuparse, no era habitual en él que no avisara sí se iba a retrasar. Pasaron los minutos y las horas, y poco a poco la ansiedad se fue apoderando de María, no sabía nada de el y su teléfono no daba señal, comenzó a preocuparse y decidió llevar a Nora a casa de su hermana Sara, así podría salir a buscarlo; no vivía muy lejos, tan sólo dos calles más allá, caminaban las dos de la mano con paso apresurado cuando sono el teléfono, descolgó la llamada y al minuto cayo desplomada. La gente que pasaba por la calle en ese instante corrió a ayudarla y a consolar a la pequeña Nora que se abrazaba a su madre exclamando -mami!!!!, que te pasa? Mami!!!, en unos minutos el tumulto de gente se dispersó ante la llegada de los servicios de emergencias.
Abrió los ojos, se sentía cansada y vacía, -que ha pasado?, dónde esta Sergio?, y Nora?, -hola María, soy Luis, médico del hospital, has sufrido un shock, Tu hija está bien, está con tus padres ahí fuera, recuerdas lo que ha sucedido?, -recuerdo que sonó el teléfono y alguien me dijo que mi marido había sufrido un accidente, ya no recuerdo nada más, donde está por favor, quiero verlo!!!!, Sergio, donde estas Sergio?!!!
Después de dos días María amaneció con los ojos tan hinchados que casi no podía abrirlos, la noche anterior había llorado como nunca, únicamente, cuando hacia un año le dijeron la enfermedad que tenía su hija Nora había llorado con tanto dolor, eran las lágrimas de quien se despide para siempre de una parte de sí misma, dos días intensos de preparativos no le habían permitido aliviar su pena y aquella noche creyó morir de desesperación, un fatídico accidenté le había arrancado un pedazo de su alma. Enjuago su cara con agua tibia, y tras vestirse y echar la vista atrás en el pasillo tratando de encontrar a quien ya se había ido, salió por la puerta para ir a recoger a Nora a casa de sus padres, tenía ganas de abrazarla, de estrujarla entre sus brazos, de sentir el calor de la primavera.
De vuelta a casa, Nora no hacía más que preguntar por su papa, preguntas lógicas para una niña de 4 años pero dolorosas para María, que buscaba el modo mas adecuado de explicarle a su hija que papa ya no estaría más con ellas. Abril  el buzón para recoger el correo, hacia días que no lo habría, tomó las cartas en su mano derecha y una de ellas llamo su atención al instante, había estado doblada por la mitad, lo que le restaba tersura, y uno de sus bordes, estaba manchado, de un tono marrón que le recordaba a las huellas de chocolate que Nora iba dejando a su paso cada vez que disfrutaba de su ágape preferido, se echo a llorar sin consuelo, aquella carta!!!!!, Dios mío!!!, esa carta estaba en el bolsillo de su camisa, sí, esas huellas son de Nora!!!, entro en casa y a penas dos pasos abrió la carta y cayendo en el suelo de rodillas comenzó a leer;

Amor, mi amor, a veces por mucho que uno quiera, no lo puede todo, al menos no lo puede todo, para todo lo que ama; hace meses que no se como decirte que me echaron del trabajo, en la fábrica cada vez quedábamos menos, suspensión de pagos, y sumergida por otra gran empresa que decidió prescindir de todo lo que había allí, dejándonos en la calle sin más consuelo que el de nuestras propias manos, sucedió a los tres meses de que nos dijeran que Nora estaba enferma, tu estabas tan mal, tan triste cada día y angustiada por nuestra pequeña, preocupada por los gastos médicos a los que tendríamos que hacer frente a partir de ese momento, que no tuve el coraje de decirte la verdad, y opte por salir cada día a buscar trabajo y dinero para poder seguir dando a lo que más amo una vida sin más angustia añadida que la que ya de por sí supone ver como nuestra razón de vivir se iría apagando poco a poco, no podía permitir que sufrieras más de lo que ya estabas sufriendo, os amo tanto!!!, cuantas noches en vela buscando soluciones aquí y allá, tratando de reunir dinero, sirviendo cafés y descargando camiones, pero sé que no es suficiente, las semanas pasan y sigo sin encontrar algo estable, algo que me permita hacer de la vida de mi hija una vida digna, la desesperación me crea una angustia vital que me consume, me siento débil cuando la observo, quiero sacar la fuerza, pero mi amor, un portazo tras otro portazo va apagando esa fortaleza, sois mi vida, y no imagino, no hubiera deseado otra vida distinta que la que vosotras me habéis dado, quiero que mi trastito tenga una oportunidad, esa es mi razón de ser, en un par de meses comenzara el tratamiento y ambos sabemos lo costoso que será, pero nada será nunca suficiente para mi pequeña, para Nora, deseo que las dos tengáis una vida plena y aún estando en vuestro pensamiento tu, mi amor, seas capaz de ser feliz, de luchar por nuestra pequeña y por ti.
En el cajón de la mesa que hay en mi despachó esta mi póliza de vida, hace ya meses amplíe las coberturas, ha sido un maravilloso accidente que le dará a nuestra hija la oportunidad de vivir, así que amor, mi amor, no estés triste, no sufras ni un sólo segundo más, lo recuerdas?, sois mi primavera!!!, sólo lamento no haber estado más cerca de ti estás últimas semanas, cada vez que te miraba me entraba el miedo, un beso, cada caricia que te daba era como caer en una locura infernal sabiendo que no volvería a sentir el suave tacto de tu piel....jamás....

Con todo mi amor
Sergio

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