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2 min
Cosas Que No Dije Mientras Vivías.
Reales |
17.07.15
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Sinopsis

Una pequeña carta con las cosas que no dije cuando podía.

Mi muy querida niña:

Hay cosas que mientras vivías no fui capaz de decir.

No te dije, por ejemplo, que en las noches mientras dormías entre mis brazos, tu respiración tranquila encogía mi corazón; o que cada mañana, cuando te encontraba despierta, una alegría incontenible me invadía al ver tus ojitos abiertos de nuevo. Nunca te dije lo que el amor de una hija significa para una madre, nunca te dije que la sonrisa más bella es la que nace del alma sincera de una criatura inocente. Tú andabas en tu paso lento, y mi  corazón se detenía rogando al cielo que no cayeras; lo más difícil, es reconocer que por más que una quiera proteger a sus hijos, encapsularlos y guardarlos para no lastimarlos, el mundo no puede dejarnos hacerlo. Yo quise protegerte, pero evidentemente la vida terminó por demostrarme cuán vulnerables somos ante los planes que el destino teje para nosotros.

Recuerdo la primera vez que llegaste a esta casa, me acuerdo cómo llenaste cada rincón con tu dulce aroma, recuerdo cómo dormías la mayor parte del tiempo, ajena a todo ruido, a todo movimiento… Y creciste, creciste hasta convertirte en una adorable criatura de movimientos más certeros. Eras mi orgullo, el amor de mi vida.

Y hubo, cariño mío, cosas que no te dije mientras vivías. ¿Qué consuelo me queda ahora que te has ido? ¿A quién le lloro? ¿A quién reclamo? ¿A quién maldigo? ¿Quién me consuela? ¿Quién...?

Somos lo que somos, mi vida, y estamos hechos para crecer y morir. Y aunque es lo más natural que conocemos, tanto como respirar, nunca entenderé por qué tuviste que irte tú antes que yo. Nunca entenderé, por qué de la dos, tuve que quedarme yo.

Y hay cosas, cariño, cosas que nunca te dije mientras vivías. Porque algunas cosas duelen, algunas queman sin matarnos, algunas nos recuerdan nuestra debilidad más grande, nuestro punto más débil, nuestra mancha imborrable, y aunque somos lo que somos, y crecemos para morir, yo hubiera hecho lo que sea porque siguieras a mi lado un poquito más, lo suficiente para no olvidar que si te tuve entre mis brazos no fue para fallar.

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  • Me he quedado sin palabras... Y me he puesto de pie. ¡Grandioso!
    Maravilloso...oye, una pregunta, tu Nick es por Harper Lee?
  • Diría adiós, así de simple.

    Tuve que anotar en un papel las cosas que necesito para volver a creer, ridículamente he escrito tu nombre y sin éxito alguno olvidé para qué lo había puesto ahí.

    Y escucho que llueve, y me pregunto de cuántos amantes ha sido testigo la lluvia, de cuántos encuentros clandestinos, de cuántas miradas indiscretas, de cuántos dolores y tormentos, de cuántas despedidas, de cuántos reencuentros.

    Dejé la vida nociva de ser siempre buena, y todo lo bueno empezó a llegar. Una noche era castaña y de repente ya usaba pendientes y me había aclarado el cabello, llevaba la insignia de "libre" puesta en la frente. La portaba con orgullo.

    Mi dulce adiós para mi primer y único amor. Te deseo lo mejor.

    "Éste es el momento. Nadie falta y nadie sobra, eso es entender que los tiempos de Dios son perfectos".

    "Hace algunos años existió una dulce niña de mirada cálida y sonrisa tibia. Tenía el poder de hechizar a cualquiera, de derretir hasta el corazón más frío, hasta el ser más insensible sentía con ella"...

    "Estoy mejor ahora que no estás, ahora que el segundero sigue caminando. Ahora que mis heridas están sanando".

    "Había esperado media vida para que ese momento llegara. Observó a su alrededor y todo lucía exactamente igual a como lo había imaginado, salvo por una única diferencia: el hombre que le esperaba en el altar no era el amor de su vida, ni siquiera se le parecía..."

    Caminaba con destreza, su mirada exigía atención, era una especie única, una joya excéntrica que merecía la pena...

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