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2 min
Crónicas de huida en aeropuerto
Poesía |
29.08.17
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Sinopsis

Nadie lo sabía

Nadie, nadie

Nadie sabía nada

¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo?

¿Nacemos, morimos?

 

Nos lo explicó un taxista 

camino de ese aeropuerto

donde embarqué sin rumbo

ni capitán ni tripulación.

Nos dijo que no importaba,

que el partido empezaba a las ocho,

pero que nada en la vida importaba.

Que fuésemos felices.

 

No sé si naufragaste.

 

Te dejé atrás en la terminal,

un rostro diluyéndose 

en una multitud de manos agitadas.

Perdí conexión y tu número

y solo me quedaron el recuerdo

y el deseo de sentir tu piel bajo mis dedos

y tus labios sobre los míos.

 

Hubo turbulencias;

aún las hay.

 

Giro el timón y acompaso las velas.

Decido el destino y me desdigo

para no arribar jamás a tierra firme.

A veces hay interferencias

y un hombre de chaleco azul me ofrece bebida

y un abanico

y el pronóstico meteorológico.

 

Soy aprendiz de marinera,

todavía no controlo mis provisiones

ni la ausencia de fuerzas.

Si el viento sopla fuerte,

y las olas lamen la cubierta,

lo dejo estar.

Imagino que es el pasado reclamándome

y me agrada ver que no me ha olvidado, 

pero no quiero tocarlo.

Entonces, de cuando en cuando,

veo nubes en vez de espuma

y el mástil se convierte en una torreta truncada.

 

Hay delfines y orcas recibiéndome

y gaviotas graznando 

demasiado cerca como para seguir mar adentro.

El corazón roto  siempre busca pegamento,

vuelvo a casa sin querer.

A trompicones llevo la embarcación al malecón 

y salto.

Y una maleta me arrastra por la cinta y veo

otros ojos que me acogen

y me lamen los pies como la espuma que evitaba.

Sonrío, 

siempre sonrío,

y echo a correr.

 

Agarro un taxi,

sola.

¿Quién eres tú?

¿A quién me estoy lamentando?

La taxista me dice que la tarifa ha subido,

que me saldría más barato compartir el trayecto.

Pero, ¿con quién?

¿Acaso queda alguien más?

 

Acelera y abandonamos el aparcamiento.

 

Afuera hace frío,

el tráfico está congestionado

y empieza a anochecer.

 

Creo que he atracado 

en lo más revoltoso del Atlántico.

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