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Crónicas de los Gärgólum. Parte 1: Un claro entre Tierra y Luna II
Fantasía |
09.08.15
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Sinopsis

Thomas es un hombre abatido por la pérdida de su mujer. Sin embargo, todo cambiará para él cuando una experiencia con una misteriosa criatura llamada Gärgólum transforme todos los objetivos de su vida. Echando vistazos al pasado de Robert, un anciano con el que Thomas se aliará, viviremos una serie de crónicas que habrán de acercarnos al enigmático final. "Un claro entre Tierra y luna" es la primera parte de esta obra, que de momento consta de dos crónicas.

Podía caminar bajo el agua.

Dando saltos por las profundidades, siempre iluminado por el claro de luna que atravesaba la superficie del océano, se adentraba paulatinamente en un lugar que le recibía con intensos colores en los arrecifes de coral que cruzaba.

Esas selvas de mar, como se los conocía, eran de por sí un espectáculo majestuoso dada la inmensidad que abarcaban en un mundo desconocido para los ojos de Thomas.

Éstos se habían adaptado perfectamente a la visión subacuática, y su respiración no parecía requerir esfuerzo alguno para poder desplazarse a su antojo en ese lugar.

 

A lo que no se iba a acostumbrar nunca su mirada era al espectáculo de belleza que nació de pronto en todas direcciones, consistente en cientos, no, miles y miles de peces, moluscos, crustáceos y demás que añadían, más aún, color y movimiento a la preciosa escena.

Como en un buen sueño Thomas se quedó parado, aún con la imagen de Joana en mente y las misteriosas palabras de la luna en la cabeza, y comenzó a intentar tocar cuanto le rodeaba.

Las diferentes especies no le tenían miedo.

Podía deslizar sus dedos por el lateral de anaranjados peces payaso, para después aterrizar en el liso gris azulado de una preciosa estrella de mar.

Fascinado como estaba, apenas escuchó el susurro que le llegaba a los oídos.

 

Prestando algo más de atención, la voz se hizo más clara e intensa.

– ¿Puedes ver lo que yo veo?

Thomas no podía hablar, estando como estaba a muchos metros bajo el agua, pero asintió tanto con la cabeza como con el pensamiento, haciendo una prueba.

– Sí, Thomas... – La luna rió en ese punto, era una risa agradable y cercana. – Puedo leer tu pensamiento.

Ya jugaba con lo que habitaba el fondo marino e intercalaba su experiencia con vistazos a esa luz lunar que le estaba conduciendo por un delicioso paseo, cuando de pronto lo que dijo dejó a Thomas bien frío.

– Me miras como si fuese inmensa a tu lado.

<< ¿Es que acaso no eres la luna? >> Pensó.

De nuevo la risa que antes había relajado a Thomas, esta vez con efecto contrario.

– No, no lo soy.

 

El corazón de Thomas latía fuerte en su pecho.

De pronto sentía ganas de despertar de aquello, pues sabía perfectamente que era del todo imposible que estuviese viviendo una aventura de tamaño calibre.

Pero no despertaba.

Frente a él, el fondo marino se abría revelando en el cercano horizonte que contemplaba Thomas bancos de peces de todos los colores imaginables realizando unas piruetas que le mantenían en el filo que separa la contemplación de la preocupación.

– No temas, Thomas.

Ya no sabía por qué miraba a la luna o la luz que reflejaba cuando le llegaba esa voz ni de hombre ni de mujer, esa voz tan peculiar, tan bella y misteriosa.

La respuesta no tardó en llegar.

– ¿Te gustaría venir a verme? Estoy aquí, lejos, sobre ti.

 

Thomas recordaba muy bien las palabras que esa voz había pronunciado.

Afirmaba haber “visto pasar” a Joana.

De modo que asintió sin dilación para así poder resolver ese misterio, con la esperanza secreta de poder volver a ver a su mujer, a abrazarla y contarle lo mucho que había sufrido por ella y lo mucho que la amaba.

La belleza de Joana era tal que Thomas no había quedado más boquiabierto ni siquiera en el paseo bajo el claro de luna de aquella extraña velada.

De acuerdo, relájate por favor.

Sintió como si una marea se lo llevase lejos, muy lejos y flotando como si se tratase de un astronauta entrenándose comenzó a ver pequeñas burbujas emerger del ya lejano suelo oceánico.

Cuando le alcanzaron, contempló los oscuros horizontes que le rodeaban, donde especies mucho más grandes y amenazadoras que las que había visto parecían no poder cruzar el umbral que les dejaría amparados también por el claro de luna que protegía a Thomas.

Trató de relajarse.

Flotaba, pero ya no sentía la sensación de estar bajo el agua.

 

Poco después se durmió. 

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