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11 min
Crónicas de una Apocalipsis Zombie Anunciada
Suspense |
08.04.14
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Sinopsis

Día O: Una mujer muy embarazada y con zapatos incómodos quiere ir a buscar a su hija al guardería en medio de un apocalipsis zombie.

Marianela Zuñiga Sangueza de 45 años fue a dejar a su hija Mika de cuatro años a la guardería, la niña parecía preocupada, desde la mañana estaba intranquilo, la noche anterior casi no dormía, los aullidos de los perros se lo impidieron.

Marianela, a pesar de la oposición de su hija la dejó en la guardería. No obstante, Mika, en cuanto vió a su tía Lisa, una punky gótica llena de tatuajes y piercings recibirla con un fuerte abrazo, sintió tranquilidad, relajándose se fue del lado de su madre. Lisa tenía una apariencia agresiva pero era excepcionalmente buena con los niños, tenía 33 años a esa altura pero una apariencia de 15.

Marianela compartió un leve intercambió de palabras con Lisa.

- Anda un poco asustada hoy.

- Todos andamos así hoy, hay algo raro en el aire.

 

Era la primera vez que Lisa le proporcionaba una respuesta tan extraña a Marianela. No le dió importancia, se despidió de su hija con un fuerte abrazo y un beso. Lisa debió brindarle ayuda para ponerse de pie, pues por su avanzado embarazo no lograba por sí misma. Tampoco le eran de gran ayuda los zapatos, incómodos tacones aguja con una hebilla negra que lo afirmaban a sus tobillos.

Marianela con un gemido se terminó de incorporar, le brindó una sonrisa a Lisa y puso la mano en la cadera, intentando enderezar su espalda deteriorada por el peso de sus gigantescos pechos.

- ¿Hoy vendrá el papá por ella? - se aseguró Lisa, recordando la tradición quincenal.

- Si - dijo Marianela sacando el teléfono de la cartera, revisando que no tuviese algún mensaje sin leer - Al menos, hasta ahora se supone que sí. Cualquier cosa te aviso.

- Anota el número nuevo, mi teléfono antiguo... - titubeó en la respuesta, como analizando todas las potenciales mentiras que le pudiese brindar - ... se dañó - finalmente respondió sin ánimo de mentir y sacó un teléfono muy antiguo, esos nokias que bromean constantemente en internet y lo giró, escrito con plumón estaba el número. Marianela lo anotó y con una sonrisa se fue. Como siempre, esperó a que Mika cruzase la puerta de la casita antes de irse.

 

Marianela tenía un ridículamente lento caminar, con las puntas desviadas y las piernas un tanto abierta, no embarazada caminaba normal pero desde que el espermio se juntaba con el óvulo, sus caderas se agrandaban obligándola a caminar como un pato.

Un muchacho pasó corriendo, huía despavorido, vestía uniforme escolar. Marianela con una mueca asumió el muchacho venía huyendo de la represión policial ante una protesta educacional, las cuales abundaban abrumantemente a la ausencia de soluciones, cada vez más personas asistían en apoyo a las injusticias y diferencias entre la escolaridad de la parte más acomodada de la ciudad.

Los tobillos hinchados en ocasiones se le doblaban al encontrarse con algún hoyo de la acera. Prefirió caminar por las jardineras de pasto, desde donde se levantaba una alameda de altos árboles frondosos. Hermosos. Lisa se sorprendió de encontrar entre sus ramas muchas telas de arañas, tocó una de ellas pero estaba hecha de plástico, no era un juguete, simplemente era diferente y en los árboles abundaban. El sonido de un avión a baja velocidad la obligó a levantar la vista, cubriéndose sus ojos con la mano observó a un avión que dejaba estelas de humo blanco.

Sacó el celular de la cartera y se puso los audífonos, eran de alto precio, al igual que todo lo que utilizaba y aislaban cualquier sonido del exterior. La gran inversión que era la apariencia de Marianela era el motivo de que debiese vestir formal aquella tarde, debía ir al banco a pedir un préstamo, para pagar el anterior préstamo que debió pedir, cuando pretendió pagar una renegociación. Si, como se escucha. Marianela tenía por lo menos 4 préstamos para pagar el anterior, cuatro veces intereses sobre intereses. 

La situación financiera de Marianela era horrible, aunque mejoró levemente desde que se divorció de su ex esposo, Jordan, un filósofo y escritor de libros conspirativos, quien desde la separación de Marianela le fue excepcionalmente bien. El nombre artístico de Jordán era "Martín Agrícola". Esta de mas decir, que Marianela no vio recuperada la inversión de años manteniéndolo para que pudiese escribir - según Marianela - sus mierdas de libros, llenas de vacíos y forzosas verdades.

Marianela con aquel avión, recordó a Jordán y sus bizarras teorías sobre los chemtrails, cómo envenenaban a la humanidad para estupidizarla, como si fuese necesario meter químicos con ese cometido - pensaba Marianela - la gente es y será siempre estúpida, sin necesidad de ningún esfuerzo de parte de los poderes fácticos.

Iba tan metida en sus recuerdos sobre Jordán que no se dio cuenta, que a solo metros de ella un zombie se comía un brazo. El zombie, preocupado de su comida, rezongó al verla acercarse, tal como lo hubiese hecho un perro hambreado cuidando un trozo de carne. Gracias a esto Marianela no fue atacada.

Debió cruzar la avenida principal entre los autos, en donde alterados conductores tocaban la bocina. Marianela no se fijó que eran familias completas, huyendo con mascotas y plantas, tratando de cruzar desesperadamente los congestionadas puertas, de los muros que rodeaban la pequeña ciudad que alguna vez fue un fuerte. Marianela llegó al otro lado, por poco fue atropellada por policías, que por la vereda avanzaron botando todo a su paso. 

Eso fue lo que alcanzó a avanzar Marianela, antes de sentir la gigantesca explosión. Instintivamente buscó refugió en el marco de un viejo edificio. Miró su teléfono, el cual se fue a negro, miró al cielo, el cual se cubrió de los colores del arcoíris. Miró a la distancia, aquella avioneta de las líneas de nube precipitándose contra el cerro, que marcaba el centro exacto de la ciudad.

Marianela escuchó solo un pito, confundida no percibió que una gigantesca mano masculina se le acercaba a su rostro, tapándole la boca fue ingresada rápidamente el interior del edificio. Asustada observó a su captor, quien con su dedo le indicó que guardara silencio y mirara por las pequeñas ventanas al exterior, sin soltarle la boca ella miró y observó cómo, lentamente cientos de zombies avanzaban rumbo a la calle colapsada de autos.

Marianela asustada solo pensó en su hija, intentó salir pero el hombre cerró con pestillos, ese leve sonido alertó a unos pocos zombies, que de a poco comenzaron a ser más. Llegaban en pares. El olor nauseabundo se filtraba por las leves aberturas, cuando se animaba a mirar, lograba ver la sangre expuesta, los ojos desorbitados, las vestiduras del siglo pasado, incluso con antiguas joyas y cabellos y uñas largas, muy largas.

Marianela y el hombre se sentaron con la espalda contra la puerta, pronto de los departamentos comenzaron a salir otras personas, que hicieron lo mismo, en silencio, como en una procesión a un apocalipsis anunciado. Gritos, alaridos, llantos se escucharon hasta el anochecer, Marianela era incapaz de salir, cada vez aparecían más zombies para interferir en su camino. La distancia entre ella y su hija era de unas pocas decenas de metros, posiblemente cincuenta pasos normales, ciento cincuenta de sus pasos pero no podía ir a ella. En su corazón sentía estaba viva y esperaba ansiosa llegase el momento, en que los zombies dejaran de agolparse contra la puerta para poder ir a buscarla, confiaba en Lisa, que cuidaría de su hija hasta que ella pudiese ir por ella.

Entonces, escucharon un cántico, en un idioma que no conocían. Se asomaron los cinco a mirar, sólo sus ojos salieron por la pequeña ventana. Observaron una especie de clérigo, vestido como un jesuita pero con exagerada opulencia y de color azul. El rostro cubierto con la misma capucha y llevaba un bastón, él era quien cantaba, con un vozarrón extraordinario, los zombies comenzaron a alejarse, abrirles el paso. Ese clérigo era seguido por feligreses, todos con similares vestiduras.

Marianela vio en ellos un ticket de salida y estaba dispuesta a seguirlos, abrieron el portón, los zombies parecían hipnotizados ante el cántico. Marianela salió y miró, como los automovilistas pensaron igual que ella y salieron un par de choferes, con lágrimas en sus ojos a recibirlos. Algo extraño, en la espalda de las capas tenían un símbolo de una luna menguante.

En cuanto el clérigo  llegó donde el primer chofer, le enterró el báculo el cual lo cruzó completo, atravezandolo, con fuerza sobre humana lo elevó y alzó la canción. Marianela ingresó y cerró la puerta, la gente en sus autos volvió al interior. Al parecer, ellos no se esforzaban por atacar, simplemente lo hacían a quien se les cruzara en el camino.

Marianela y los demás cerraron con barricadas la puerta, subieron a la terraza, donde esperaron poder conversar con tranquilidad. Marianela finalmente pudo contemplarlos con claridad. El muchacho que la rescato era flaco y débil, lleno de espinillas, un adolescente vestido como militar pero sin musculatura para hacerlo, daba la impresión que en su vida fue capaz de hacer un abdominal. Una pareja de avanzada edad, altos y bien mantenidos, activos. Dos hermanas gemelas, de apariencia normal y cabellos ondulados, abundantes.

Marianela llegó respirando apenas al cuarto piso, apoyó la mano en la pared de la torre de agua y comenzó a llorar. Las otras personas se miraron entre sí. El adolescente sin intentar ser irrespetuoso intentó consolarla, contenerla. El ausente contacto corporal igual le sirvió.

  • ¿Qué mierda está pasando? – preguntó una de las gemelas.
  • Zombies ¡Qué más! – respondió el adolescente - He visto todas las temporadas de The Walking Dead y he jugado siempre COD...Estoy preparado para este momento - Marianela no se sintió convencida de la seguridad del muchacho, es más, le generó mas ansiedad.
  • ¿Alguien tiene un arma? - preguntó en Marianela.
  • ¡No! ¡No estamos en USA! - exclamó otra de las gemelas.
  • Entonces necesitaré alguien me regale revistas, dos escobas y cuchillos grandes, filosos.
  • Con esos no matarás zombies... - respondió el adolescente.
  • No son los zombies los que me preocupan, ellos son lentos y torpes, todas sus víctimas han sido imbéciles confiados... - Marianela no percibió la paradoja de sus afirmaciones - ...los que me preocupan son esos estúpidos de las capas. Iban caminando rumbo a la guardería donde está mi hija, no me arriesgaré a que anden buscando niños para un ritual...además, con su cantar alejaron a los zombies, eso es por algo, posiblemente ellos empezaron todo esto.
  • No - dijo el viejo - lo empezó el gobierno, con sus chemtrails, lo leí en un libro de Martin Agrícola....él lo sabe - Marianela hizo una mueca - Es la forma del gobierno de controlarnos.
  • Tengo todo lo que necesitas ´mijita - dijo la abuela - Vámonos a mi departamento y te daré lo que necesitas - con una mirada le dio las gracias y juntas bajaron al departamento pero se encontraron con zombies en la escalera, por lo que debieron devolverse, cerrando bruscamente la puerta, cortándole la mano calavérica a uno, la cual continuaba moviendose en el piso, todo con un fuerte olor a azufre.

 

Continúa...

http://www.tusrelatos.com/relatos/cr-nicas-de-un-apocalipsis-zombie-anunciada-hr-1

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    Un hombre consigue estar con la mujer que ama, el mismo día en que ella se quitaría la vida, evitándolo.

    Basado en hechos reales...

    Marianela una mujer muy embarazada, a pies descalzos quiere rescatar a su hija de la guardería, en medio de una apocalipsis zombie.

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