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5 min
Crystal Lake IX
Terror |
19.09.15
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Sinopsis

Sus zapatillas se hundían en el barro a cada paso que daba, cobijándose entre sus brazos y con la mirada perdida siguió el camino de vuelta a la vieja cabaña sintiendo la mirada del viejo sheriff.

Hanna se detuvo con la mirada baja.

–Es allí…—dijo señalando la cabaña.

El sheriff sonrió y se relamió con una mirada felina en sus ojos.

–Entra y tráelo aquí.

Hanna le miró frunciendo el ceño y clavó sus oscuros ojos verdes en los del viejo sheriff.

–¿Va a dispararle?

El viejo posó su mano en el hombro de la joven.

–Tranquila.

Hanna le miró con recelo.

–Quiero un arma —hizo una pausa- la necesitaré por si acaso decide atacarme.

El sheriff entornó los ojos y permaneció en silencio.

–Está bien…—dijo finalmente, y sin apartar su fría mirada de la de la joven estiró el brazo hacia su compañero— dámela.

Obediente, tendió su arma al sheriff. El viejo dudó un instante, puso el arma entre las frías manos de la joven.

–Ten cuidado…no vayas a hacerte daño.

Hanna captó su sarcasmo y asintió con lentitud, miró a la vieja cabaña y su corazón se aceleró, suspiró y caminó hacia ésta. El interior estaba oscuro. Intentó hacer el menor ruido pero la madera del suelo delató su presencia. Escuchó un ruido a su espalda, cerró los ojos con fuerza y se giró con el arma bajada. Aquel ser le observaba desde la penumbra, avanzó hacia la muchacha con algo en la mano que ella no pudo reconocer.

Las luces policiales del coche iluminaban desde la lejanía el interior. Jason descubrió el arma de la muchacha.

–No, no quiero hacerte daño.

Jason frunció el ceño y agarró con fuerza el brazo con el que la joven sujetaba el arma.

–No quiero hacerte daño —la joven sollozó ligeramente y mordió su labio inferior para evitar el llanto.

Jason soltó su brazo. Hanna agachó la cabeza, sin poder mirar aquel ser a los ojos ocultados tras esa máscara.

–Lo siento…—se limitó a decir, dejando caer sus lágrimas de cristal sobre sus zapatillas llenas de barro. Giró la cabeza y acto seguido se acercó a la salida, salió de la cabaña con el rostro empapado y con el arma en la mano.

Ambos agentes fruncieron el ceño al ver salir sola a la muchacha. Hanna sin decir nada se acercó a estos y miró al viejo intentando reprimir las ganas de llorar. Fue a decir la primera palabra cuando observó los rostros de ambos agentes, ambos palidecieron y abrieron ligeramente la boca. Hanna se giró, temiendo lo peor. Allí estaba, había seguido a la joven sin esperar semejante encuentro, el asesino observó la escena confundido. La muchacha quedó inmóvil con el corazón en un puño y un nudo en la garganta, descubrió lo que aquel llevaba en la mano…su chaqueta.

Hanna llevó su mano a los labios.

–Aparta —el viejo sheriff empujó a la joven y sonrió maliciosamente subiendo su arma.

La muchacha cayó al barro.

–Al fin te tengo, hijo de puta.

Tres ensordecedores disparos.

–¡No! —gritó la joven.

Observó la mirada de rabia incontenida del viejo sheriff, una mirada de locura. El pesado cuerpo del asesino se desplomó en el barro, Hanna se incorporó y apuntó al sheriff. Sus ojos oscuros se clavaron en los de aquel hombre. Sin dar tiempo a una respuesta disparó y perforó la cabeza del sheriff, se giró para acabar con la vida del otro agente con otro disparo mortal y gastó todas las balas que le quedaban en el pecho del sheriff, perforando su abdomen con lágrimas en sus ojos vacíos.

–No iba a disparar…—dijo sin bajar el arma— lo dijo.

El enorme cuerpo del asesino permanecía inmóvil bajo la lluvia, la muchacha dejó caer el arma y se acercó lentamente para dejarse caer de rodillas al lado del cuerpo. Miró con tristeza lo que había hecho, puso la yema de los dedos en el agujero que había hecho la bala en el abdomen de aquel ser. Miró sus dedos, sangre…

Observó su chaqueta, aún en la mano de aquel ser. La miró con tristeza.

–Lo siento…

Llevó sus manos al rostro y sin saber que hacer rompió a llorar. Notó movimiento, alzó la cabeza, Jason le miraba fijamente.

Hanna le observó confundida.

–Estas vivo…—secó sus lágrimas— pero es imposible…te estás desangrando.

Volvió a poner la mano en la gran mancha de sangre y observó la herida, estaba cicatrizando…

La joven lo comprendió entonces. Levantó su mirada verdosa y rodeó aquel ser con los brazos. Cerró los ojos con fuerza, pensando en si era correcto aquello, no le importó. El asesino observó a la muchacha, escuchando esa voz otra vez en su cabeza. Puso su mano en el cabello empapado de la joven, ella se estremeció, acto seguido apartó a la joven con brusquedad y se incorporó, lanzó la chaqueta a la muchacha y entró en la cabaña, podía quedarse. Permaneció en silencio, tocó su cabello y sonrió por dentro. Se incorporó y abrochó su chaqueta hasta la barbilla. Caminó al interior.

 

La tenue luz roja y azul seguía alumbrando el interior, la madera estaba llena de barro y hojas secas, la joven recorrió el túnel, que a pesar de ser terrorífico a ella le parecía el camino que le llevaba a su nuevo hogar, si, hogar…

Ahí estaba, ese colchón sucio y las latas de conservas vacías. Permaneció de pie y adivinó la silueta de aquel ser en la distancia, le miraba. Hanna esbozó una leve sonrisa en sus labios morados.

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  • Un grito le sacó de sus pensamientos. Llevó la mirada a aquel ser desde la distancia, apenas escuchaba los gritos de súplica de la pobre muchacha, algo se había roto dentro de ella.

    La joven observaba aquel ser desde la otra sala, con una sonrisa leve en los labios.

    Sus zapatillas se hundían en el barro a cada paso que daba, cobijándose entre sus brazos y con la mirada perdida siguió el camino de vuelta a la vieja cabaña sintiendo la mirada del viejo sheriff.

    La noche era fría y la lluvia no había parado por entonces, casi impedía ver más allá. La muchacha observó al agente con dificultad, cerró los ojos y se desplomó en el barro.

    Caminó por la frondosidad del bosque bajo la lluvia, ya no le importaba el frío, pensó en el saco lleno de comida que había dejado olvidado junto a su chaqueta, tampoco le importó.

    La muchacha observó al ser en silencio, perpleja.

    Aquel ser dejó descansar el cuerpo sobre una rodilla y miró el rostro de la muchacha. Tocó su rostro y sintió que una voz le hablaba en su interior.

    La muchacha permaneció inmóvil y sintió como ese ser avanzaba hacia ella. Miró sus manos salpicadas, se incorporó sin dejar de apartar la mirada de sus manos.

    El aire era puro y solo podía escucharse el sonido del bosque, esa mañana hacía algo más de frío, el verano llegaba a su fin.

    Apoyó las manos clavando la mirada hacia la vieja madera del muelle, sintió que el agua que había tragado le trepaba por la garganta, vomitó lo poco que había comido. Se incorporó con el machete entre las manos.

Aunque no soy tan buena como ustedes me gusta escribir, sobretodo género de terror o misterio. "Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti"

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