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5 min
Crystal Lake VII
Terror |
11.08.15
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Sinopsis

La muchacha observó al ser en silencio, perpleja.

–Esto no tiene sentido —dijo moviendo la cabeza de un lado para otro— ¿Por qué me has seguido?

Jason permaneció inmóvil.

–Olvidaba que eras de pocas palabras —una media sonrisa apareció en sus labios color púrpura.

La joven se acercó al ser y alzó el mentón para observarle. Su sonrisa desapareció de inmediato.

–¿Por qué? —preguntó mirando a los ojos que se ocultaban tras la máscara— ¿Por qué no me has matado? —llevó su mano al costado aún sintiendo dolor.

Jason bajó la cabeza hasta encontrarse con la mirada confusa de la joven. Hanna sabía que era un asesino, que era cruel, que no tenía corazón, pero no entendía por qué no quería matarle, podía hacerlo ahora mismo pero, por alguna extraña razón se sentía…protegida a su lado.

–¿Por qué…? —dijo casi en un susurro con ojos cristalizados. Frunció el ceño ligeramente y alzó la mano lentamente. Jason apartó la cabeza bruscamente, levantó la máscara con brusquedad dejando ver su identidad, un rostro monstruoso y deforme. La criatura iba a bajar la cabeza pero la muchacha se adelantó posando las llemas de sus dedos en el rostro de aquel ser, sonriendo ligeramente. Jason apartó la mano de la muchacha negando con la cabeza. Hanna alzó las cejas y dirigió una mirada rápida a la encimera.

Magdalenas y bizcochos, frutas y frutos secos, también había pan, algo duro, encima de la vieja encimera. Su estómago resonó en toda la habitación.

–Dios mío…

La joven se observó aquel banquete sin saber que comer primero, optó por empezar por todo. Empezó a devorar todo lo que había, casi sin masticar. Jason observaba la escena desde el otro extremo.

Ambos abandonaron la casa, Hanna había metido en un saco todo lo que le había encontrado, con una sonrisa triunfante siguió aquel ser por el bosque sintiendo el aire frío recorrer sus pálidas piernas. Al cabo de un rato pensó que había sido mala idea haber cogido demasiadas cosas, pues ya no podía siquiera levantar el saco. Suspiró y lo dejó en el suelo. El ser giró su pesado cuerpo y observó a la muchacha que descansaba sobre sus rodillas. Jason agarró con una mano y lo echó sobre su hombro, siguió su camino. La joven le miró incrédula y sonrió para sí misma, siguiendo aquel extraño ser por el bosque con las manos en los bolsillos de la chaqueta.

El cielo comenzó a nublarse. La joven alzó la mirada, una gota cayó en su mejilla. La lluvia aumentó y la joven aligeró el paso aún con las manos en sus bolsillos.

La cabaña estaba más fría de lo habitual, la joven sintió un escalofrío al sentir su ropa empapada. Jason se aproximó a la sala más próxima y soltó allí el saco. Volteó y miró a la joven dede la distancia. Hanna se desprendió de la chaqueta, podía llenar un vaso de agua si la estrujaba.

–Qué frío…—la muchacha dejó la chaqueta en el primer lugar que vio. Volteó la cabeza— ¿Por qué me miras?

Jason Voorhees desvió la mirada y bajó por la escotilla haciendo temblar el suelo bajo sus piés. La joven puso los ojos en blanco, cogió un mendrugo de pan del saco y le siguió por aquel oscuro túnel hasta llegar al refugio.

–¿No comes nunca? —dijo mordiendo el pan.

El ser le lanzó una mirada y cogió el pan de las frías manos de la joven, lo examinó unos segundos y se lo lanzó de nuevo, actó seguido dio la espalda a la muchacha y se dirigió a la sala de torturas. Hanna volvió a poner los ojos en blanco y le vio desaparecer. Terminó su bocado en silencio sintiendo el frío recorrer cada centímetro de su piel.

La habitación estaba fría, la camiseta empapada de la muchacha se pegaba a su cuerpo simulando una segunda piel. Se incorporó y miró por un segundo a aquel ser, acto seguido se movió por el estrecho túnel que llevaba a la parte superior.

Casi todas las ventanas estaban rotas, una brisa recorrió su cuerpo humedecido haciendo que un escalofrío recorriera su nuca. Observó aquel lugar intentando conseguir algo de calor frotando sus brazos con ambas manos, adivinó en la distancia el altar que vio días antes, aquella mujer…

Empezó a caminar hacia el pequeño altar casi de manera instintiva. La cera de las velas bañaba la madera del suelo, el marco de la foto estaba completamente lleno de polvo, como si llevaras décadas sin que nadie lo cogiera, el cristal estaba roto por varias partes. Una mujer mayor de cabello corto que parecía sonreir, a su lado Hanna adivinó el cuerpo de un niño, el papel estaba arrancado donde debía de estar su rostro. La joven se llevó la mano a los labios. Se incorporó sintiendo un ruido a su espalda. La criatura agarró a la joven de la garganta bruscamente, poniendo el machete en el estómago de la joven. Jason clavó una mirada a la muchacha que le miraba con ojos suplicantes, sus ojos verdes. El ser dejó caer a la joven negando con la cabeza, a la vez que bajaba el arma. Hanna se incorporó con rapidez poniendo su mano en el cuello y miró a la criatura aterrorizada con lágrimas en los ojos. La lluvia golpeaba con fuerza los cristales.

Hanna lanzó una última mirada vacía a Jason, que observaba en la oscuridad. La chica agachó la cabeza y desapareció entre la lluvia.

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  • Un grito le sacó de sus pensamientos. Llevó la mirada a aquel ser desde la distancia, apenas escuchaba los gritos de súplica de la pobre muchacha, algo se había roto dentro de ella.

    La joven observaba aquel ser desde la otra sala, con una sonrisa leve en los labios.

    Sus zapatillas se hundían en el barro a cada paso que daba, cobijándose entre sus brazos y con la mirada perdida siguió el camino de vuelta a la vieja cabaña sintiendo la mirada del viejo sheriff.

    La noche era fría y la lluvia no había parado por entonces, casi impedía ver más allá. La muchacha observó al agente con dificultad, cerró los ojos y se desplomó en el barro.

    Caminó por la frondosidad del bosque bajo la lluvia, ya no le importaba el frío, pensó en el saco lleno de comida que había dejado olvidado junto a su chaqueta, tampoco le importó.

    La muchacha observó al ser en silencio, perpleja.

    Aquel ser dejó descansar el cuerpo sobre una rodilla y miró el rostro de la muchacha. Tocó su rostro y sintió que una voz le hablaba en su interior.

    La muchacha permaneció inmóvil y sintió como ese ser avanzaba hacia ella. Miró sus manos salpicadas, se incorporó sin dejar de apartar la mirada de sus manos.

    El aire era puro y solo podía escucharse el sonido del bosque, esa mañana hacía algo más de frío, el verano llegaba a su fin.

    Apoyó las manos clavando la mirada hacia la vieja madera del muelle, sintió que el agua que había tragado le trepaba por la garganta, vomitó lo poco que había comido. Se incorporó con el machete entre las manos.

Aunque no soy tan buena como ustedes me gusta escribir, sobretodo género de terror o misterio. "Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti"

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