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4 min
cuando caramelizaste mi sangre
Poesía |
04.04.15
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Sinopsis

La brisa del beso...la brisa del beso..la brisa del beso..

Cuando caramelizaste mi sangre

 

 

Hoy me he levantado con el corazón acelerado, con un sentimiento extraño y con la sensibilidad que eriza mi felicidad, por eso hoy, intentaré escribir sobre ti mi Reina.

 

Caramelizaste mi sangre tan solo con tu voz, apareció como una ráfaga de flechas de cupido pero lanzadas contra mi desesperación, mi ansiedad y mi poca paciencia por tener que esperar a tener, lo que necesito con  toda mi alma.

Aún siento tu cuerpo en el mío bailando la fuerza del corazón, tu respiración, tus manos sobre mis hombros, mis deseos de besarte, mis manos felices sobre tu cintura. Todo eso y mucho más. Después llegaron esos mágicos soplidos y el beso inolvidable.

Aún sigo esbozando una sonrisa nerviosa cuando recuerdo aquellos mágicos soplidos en el cuello que nos dimos antes de besar tus labios. Soplidos cada vez más intensos y cada vez más premeditados en los que se nos erizaban los vellos, los vellos de la felicidad en cada una de las lentas ráfagas de aire calido.

Respondías a los míos, yo respondía a los tuyos mientras nuestras mejillas avergonzadas se rozaban, y.. nuestros labios, se acercaban cada vez más.., y cada vez más. Cada uno de ellos eran unos centímetros que acercaban a nuestra distancia, nuestro deseo de besarnos y nuestras ganas de conocer el sabor del que disfrutaríamos el resto de nuestras vidas cada vez se hacían más intensos.

Un temblor apareció en sus rodillas que tocaban las mías. Yo no podía creer lo que estaba sucediendo, me parecía un sueño. Otro soplido, esta vez nuestros labios estaban tan cerca que casi se tocan. Nos quedamos unos segundos inmóviles con las mejillas abrazadas, con ojos cerrados y notando como nuestras pieles se arañaban para no despegarse.

Otro suave, dulce, lento y delicioso soplido hizo notar que parte de mis labios se apoyaban sobre los suyos. Ahora me temblaba a mí las rodillas pero con más intensidad que a ella. La sangre desapareció de mi cuerpo. La mitad de su boca era deliciosa, no quería imaginar como sería tenerla toda. Deseé morder su boca, conocer su sabor, beber de ella, sentir que ya era mía.

  Nos separamos para tomar aire, solo unos centímetros, a mí me parecieron muchísimos más. Otro soplido. Mi vocecilla interior tocaba alegremente las palmas, gemía de ilusión y decía, venga que lo consigues, por fin es tuya.

 Un último soplido inmortal, apenas apreciable pero grabado a fuego en mí recuerdo unió por completo nuestros ansiados labios.

 Nuestras rodillas dejaron de temblar, la paz interior y la felicidad relajó nuestros cuerpos, durante unos indescriptibles segundos el mundo se detuvo ante nosotros. Ni mil besos anteriores, ni mis amaneceres alegres,  ni caña la de azúcar, ni el melocotón, ni las fresas, ni la miel,  jamás he probado nada comparado a ese beso.

 Desgraciadamente nuestros labios se fueron despegando lentamente, mientras, nuestras bocas discutían por la brevedad al mismo tiempo que se juraban amor eterno y comprendían que nuestras almas se habían atado para siempre. Abrimos los ojos a la vez, ambos brillaban en la oscuridad, era un brillo especial, nuestras miradas ya se hablaban miles de cosas, de futuro, de hijos, de peleas y reconciliaciones, de amor eterno.

Hoy me he levantado con el corazón acelerado, con un sentimiento extraño y con la sensibilidad que eriza mi felicidad, por eso hoy, intentaré escribir sobre ti mi Reina, aunque lo siento pero tardaré siglos.

 

 

 

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  • Abro los ojos en plena noche, una mano cruza mi pecho y me la intento quitar de encima como puedo. Al tirar de ella suena un molesto sonido metálico que me hace encogerme en la cama. Me doy cuenta de que Brenda, la chica con la que follé anoche aún sigue esposada a la cama. Estoy desnudo y no recuerdo a que hora nos quedamos dormidos.

    El beso. Mi primer beso, unir mis labios a los suyos y sentir que abro de golpe mi caja de la independencia , la caja donde guardo todos mis secretos, sentimientos y emociones se abre y aparecen de golpe meciendo mi alma con un millón de sentimientos que tenía guardados y profundamente olvidados esperando el momento justo para dejarlos fluir con toda su fuerza para que puedan recorren cada milímetro de en esos momentos mi erizada piel. El cuello, los brazos, hasta la planta de mis pies sienten un hormigueo que no desaparece. Mi oído parece que escucha una melodía cuando me dice que seré para siempre su princesa, guapa y delgada princesa que le hace volar como los sueños. La princesa que lo hace volar por el aire. Su princesa del aire. Arhi la princesa del aire me dice con su sonrisa perfecta. Yo vuelo con él sobre todas esas luces de la ciudad que reposa bajo nosotros como un cuadro, a esta altura solo el destello de las luces es apreciable, lo demás es inmóvil y silencioso. Lo miro. Ya no le veo como Alex el misterioso, ahora lo siento mío. Es una parte íntima de mí, sus labios han saboreado los míos y eso es una cosa sería. Al menos para mí. Jamás besé a nadie y jamás sentí querer hacerlo hasta ahora. Me coge de la mano y me ayuda a levantarme. Los ojos le brillan y siento que a mí también porque se refleja en su mirada que sigue penetrándome hasta dentro.

    La brisa del beso...la brisa del beso..la brisa del beso..

    Te amo..te amo...te amo..te amo..

    Carlos acercó su cara a la de Blanca para besarla pero unos centímetros antes de tocar sus labios cambió el destino de su boca para dirigirla al cuello, sus mejillas se rozaron. Carlos sopló suave. El aire cálido rompió sobre la delicada curva de su cuello y acababan moviendo la fina camisa de hospital que la vestía.

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Agradecería todo tipo de criticas con el fin de mejorar la forma en la que escribo mis sentimientos.

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