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4 min
¿Cuánto vale una rosa de papel?
Reflexiones |
24.01.08
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Sinopsis

Como cada mañana se sentaba en el tranquillo de aquel bar cerrado mientras cantaba las canciones que él mismo componía. Y como cada mañana llegó la hora, él se quedaba perplejo mientras ella cruzaba la calle hasta la parada del autobús. Él se sentía feliz y se imaginaba su vida al lado de ella. Despertándose a su lado, mientras le besaba dulcemente el hombro hasta que ella despertara para decirle que la quería. Sabía que nunca llegaría a suceder realmente, sólo eran ilusiones de su mente. Pero tan fácil es soñar que él no dejaba de hacerlo y a veces incluso llegaba a parecer que era real.
Todas las canciones que componía lo hacía pensando en ella y todo lo que le ofrecería si tuviera la oportunidad. Esos versos tan bellos hacía que la chica se fijara en él, mientras bajaba la calle y le sonreía. Aunque sólo eran minutos realmente eran profundos, como de una sola mirada pueden fluir tantos sentimientos. Era sólo un momento, sólo un momento en el que la Tierra dejaba de girar, y era el mundo el que giraba entorno de ellos.
Poco sabía de ella, sólo que era una chica amable y solidaria. Quién siempre le llevaba algo caliente antes de seguir su camino. Tal vez ella sentía algo por él, no era ninguna estupidez, aunque no tuviera dinero ni posesiones. Pero si era un chico joven y de preciosos ojos azules, brillantes y más cuando era a ella a quien miraba.
La última vez que la vió le dió una rosa de papel que él mismo había hecho con papel de plata, y cartón para el tallo. La pintó y quedó preciosa y real como una rosa recién cortada.
Ella la admiró y luego le dió un dulce beso en la mejilla.
A la mañana siguiente él no estaba allí, como cualquier otro día cantando canciones de un amor tan lleno.
Ella sabía que no lo volvería a ver, ni allí, ni en ningún otro lugar. Dejó la rosa sobre el tranquillo de la puerta mientras miraba, incrédula, triste, hundida...
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero más triste es cuando ni si quiera la vida te da la oportunidad.

Él caminaba rápido, casi corriendo, tenía en la cabeza exactamente las palabras adecuadas, necesitaba decírselo. Ahora o nunca. De aquella calle vieja de piedrecitas le llamó la atención aquella rosa reposada sobre el tranquillo. La recogió, un bonito detalle a medida con lo que tenía que decir.
Su hijo de tres años abrió la puerta. Él lo aupó y le dió dos besos en su mejilla.
Su mujer no tardó en salir a la puerta, quien se quedó algo parada al verlo de nuevo allí después de decirle que no quería que volviera aparecer.
Él le pidió sólo cinco minutos para dejar que se expresara. Sentía mucho haberla pegado de aquella forma, pero no era la primera vez que lo hacía. Tenía un largo historial, y que en una ocación, llevó a su mujer al hospital. Era por eso por lo que ella ya no creía palabra de lo que decía. Lo había intentado tantas veces ya que pensaba que no tenía solución alguna, y porque había dejado de quererlo, de mirarlo de la misma manera de cuando se conocieron. Pero si le había dado tantas oportunidades era por su hijo. Él era tan pequeño, necesitaba sus padres juntos, a los dos, y unidos. Como cualquier familia.
Pasa el tiempo y tomas una decisión tras otra, a veces aciertas otras no. No es tan fácil encontrar la verdad.
Él no podía hacerse la idea de ese "nunca m&aacute
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