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5 min
Cuatro breves historias de los relatos
Varios |
18.10.14
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Sinopsis

Había una vez truz

Adulterar, eso era lo único que hacia el individuo. ¡Aleluya que mi pareja nunca cayó en el adulterio!. He ampliado mi horario de vigilancia a la sociedad para que no cometa infidelidad. Arbitrar, eso debía de hacer, ser el árbitro de la sociedad. Creo que me agarró asialia de tanto patrullar sin beber nada, aunque no sé si eso tenga algo que ver con la afección. En unos de mis recorridos matutinos me encontré con una baga: servirá  para guardar mis semillas de lino. Encontré a un tipo que se le había roto una biela del auto, pobre sujeto.  Me tenté de hacerle, y le hice, una broma a aquel señor. Con una calla el señor me siguió para golpearme. Por suerte una extensa carmelina cayo sobre mi perseguidor dejándole inmovilizado por el tiempo suficiente como para que pudiera escapar y perderlo de vista. Seguía corriendo en mi fuga cuando tropecé con ceínas. Me levanté solo para volver a tropezar con clarioncillos esta vez. Parece que las sustancias tenían una combatividad conmigo en ese día, habiéndose dispersado por los caminos de la gran ciudad en los cuales solo transitaba para resbalar. Ese día se hubiera necesitado un contal demasiado largo para enumerar las veces que tropecé y caí. Esa noche soñé con cósenos, senos y tangentes, no sé porque. Solo sé que me levanté en medio de la noche para orinar, mientras estaba en el baño me dije que era imposible controlar el adulterio a una escala tan grande por mí solo, así que abandoné tal idea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este cuatrimestre fue muy loco, por una parte me rompí un poco el hueso frontal del cráneo a causa del golpe de una chuva que me atacó. Me atoré, bueno no sé como decirlo esto de una manera agradable así que lo digo de una sola vez, me atoré una cuchara en el recto y me tuvieron que desatorar el ano en un hospital. Un devenir de malas cosas. Dominicanismo, así estuve hablando toda una semana a causa de un trastorno cerebral provocado por el golpe de un dominicano: el cerebro funciona de manera extrañas. Una noche desperté en un ejido, no sé como había llegado hasta allí. Perdí un dedo al atorarse mi mano entre engranajes en funcionamiento. Estuve toda una semana sin comer nada, era un escuerzo. Luego estuve toda una semana comiendo solamente estrellamares. Me encontré con unos federales que por alguna razón empezaron a patearme y pegarme. Fui un franciscano por unas semanas, durante las semanas que fui franciscano siempre había garúa. La granadilla es mi flor favorita. Un día comí la fruta, después de morderla observé la mordida y vi en ella varios gusanos mordidos por la mitad, desagradable visión. Al hitlerismo me asocié por un tiempo, pero fue incidental que lo haya hecho. ¡Qué cuatrimestre más loco!.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo soy iraní y me gustan mucho los hongos comestibles, sobre todo el champiñón. "Lara", los hijos de Gonzalo Gustios, que fueron muertos por los moros cuando intentaban liberar a su padre, preso en Córdoba: tengo cierto afín y aprecio por ellos. Soy todo un locomóvil. Yo creo con toda convicción que, ¡Las Malvinas son argentinas!. Yo habitualmente mendigo con los pobres y no es que sea indigente pero me identifico con ellos, también los ayudo. Soy un monomaníaco en lo que respecta al tema de las Islas Malvinas. Cuando era niño podría jurar que vi en el cementerio de mi pueblo a un necrófago. Encantado estoy con los octocoralarios, me fascinan. También me cautivan las piedras preciosas como el opalo, granate, heliotropo y la lazulita o lapislázul. Patentemente soy un musulmán y un devoto del pesheto. La influencia del Islam en mi cultura es muy poderosa. Mi nación produce muchos bebés aparentemente ya que somos muchos y cada vez somos más, o por lo menos eso es lo que me parece a mí. Mi letra favorita del alfabeto latino es la "R". Yo soy todo un recobrante. En fin, espero que le haya gustado mi pequeña introspección hacia mi mismo, que les haya sido de agrado lo poco que les he contado de mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Repartidamente entregaba el pan, riza era lo que hacía. Había muchas sacas por el lugar. Creo que a San Martín le gustaba el pan, además de ser un gran prócer de América y Argentina. Según el hado el pan esta destinado a ser una comida muy valorada por la humanidad. Es todo un sinvergüenza el que tira el pan a la basura o lo desperdicia, al menos eso es lo que dice él. La sublevación pronto llegara. Siempre sueño con pan y tamaricáceos. Tentar es el fin último de él y siempre se ve un gran tórax cuando aquello hace: un tórax muy tronante hay que destacar. De todas maneras los uruguayos del Uruguay saben poco o nada de lo que hablo. La venosidad del tórax es impresionante y es el vizconde del "conde". Además ya no veo yanaconas probando de los panes de los españoles. Zurrir será lo último que haga aquel.

 

 

 

 

 

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