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3 min
Cuencas Vacías
Terror |
01.06.15
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Sinopsis

Primer capítulo de una novela que estoy escribiendo: http://megustaescribir.com/obra/9305/alter-ego

Una tétrica danza de sombras bailarinas. La chimenea encendida. El hipnótico movimiento de las llamas. Manos sudorosas.

Aidan se las limpió en el pantalón, frotándolas contra el para no quedarse dormido. El sofocante calor del salón le adormecía. A su lado, su hermana estaba sentada en una extraña postura: cuerpo encorvado, la cabeza metida en el plato; su cabello negro se desparramaba sobre la mesa, sus delgados brazos caían inertes y se balanceaban si Aidan hacia algún movimiento brusco. Parecía una muñeca rota.

La televisión estaba encendida, aunque silenciosa. Dibujos animados gesticulaban mudos. Imágenes en blanco y negro pasaban borrosas por la pantalla como las ideas por la mente de Aidan, desordenadas, aleatorias, confusas.

Crepitar de troncos en la chimenea. Temperatura aumentando a cada minuto. Golpes repetitivos en la cocina. El agudo silbido de una olla.

Pensamientos lentos, párpados pesados.

Un bostezo escapó de la boca de Aidan.

Movimientos torpes. Un codo sobre la mesa. Un sueño incontenible.

—Aidan, no seas mal educado.

Una figura enorme surgió de la cocina. Aidan se colocó recto en la silla. No podía ver el rostro del hombre, que ignoró a su hermana y dejó un plato frente a él.

—Come.

Su tono seco no admitía réplicas.

Aidan cogió la cuchara y bajó la vista al plato. Hundió el cubierto en la sopa y sintió algo sólido en el fondo.

El hombre continuaba observándole.

Con temor, Aidan sacó aquello de la sopa. No quería mirar, ni saber que era, pero sus ojos desobedientes se detuvieron en la cuchara, enfocando una esfera blancuzca.

Un ojo. Iris azul observando el techo. Finas carreteras rojas a su alrededor.

El cubierto calló en la sopa, salpicando la mesa. Un grito se quedó atascado en la garganta de Aidan. Caía hacia atrás. Alargó los brazos para sujetarse, aunque fuera al mantel. Sus dedos se enredaron en los cabellos de su hermana y ambos cayeron al suelo.

El golpe dejó sin respiración a Aidan. Sentía un dolor sordo en la espalda. La cabeza de su hermana había caído sobre él. Notaba la frialdad de su piel atravesando el tejido de su camiseta, extendiéndose por su cuerpo.

En la caída, había cerrado los ojos. Los abrió. Unas cuencas vacías con restos de sangre le devolvieron la mirada desde un rostro pálido.

El grito al fin surgió de su garganta.

Horror. La terrible verdad frente a él. La muerte.

La temperatura descendiendo repentinamente. El hombre, mirándole impasible. Su inquietante rostro invisible.

Cuerdas vocales rotas. Aidan seguía gritando en su mente, ahogando cualquier pensamiento racional, e incapaz de moverse, como si el frio cuerpo de su hermana le hubiera congelado.

—Aidan.

Una voz joven, firme y demasiado segura de sí misma se alzó por encima del terror y llegó hasta él.

—Aidan, es solo una pesadilla.

No podía oirla bien.

—Es solo una pesadilla, Aidan. Es hora de que regreses a la realidad.

Transmitía seguridad. Aidan quería despertar pero no sabía cómo.

El hombre había desaparecido. El cadáver continuaba sobre él. El ojo continuaría flotando en la sopa. Los gritos continuarían en su mente, silenciados, aunque despertara.

La voz había dejado de llamarle.

Sentía como sus miembros se congelaban, perdiendo sensibilidad. Era como si las cuencas vacías de su hermana le absorbieran el alma.

Entonces, cuando ya sentía el frio ascender por su pecho hacia su corazón, alguien chasqueó los dedos junto a su oreja y todo se volvió blanco.

 

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