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8 min
CUENTITOS DE TERROR.
Humor |
14.04.15
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Sinopsis

¿Hasta dónde llegarias para librarte de los nietos molestos?

Esto sucedió en el histórico barrio de La Guinea, en el puerto de Acapulco.

-¡Uuta! ¡Qué 'inche güeva me cargo! - dijo el protagonista, maestro albañil de 47 años originario de este puerto,- Y pa' cabarla una 'inche sed, y las chelas 'tan allá bajo. ¡Chale! ¿'Otará mi negrita?

-¡Neepo! - le gritó su esposa de 45 años, originaria de la costa chica- ¡Nepo! ¿'Onde chingaos 'tas?

-hablando del rey de Roma-se dijo en voz baja Nepomuceno,- ¡Acá, negrita! -le gritó.

-¿Y 'ora por qué  chingá te'scondes aquí, en la azotea, Nepomuceno?

-¿Yo, de nadie, porqué?

- ¿Cómo que de nadie? Tú nunca te subes a la azotea.

-¡Uuh, 'ta bien! Me escondo de los miones de tus nietos, ¿Ya?

-¡También son tuyos, inche Nepo! ¿Y por qué te'scondes de'llos?

-Pos porque son unos méndigos. Nunca le hacen caso ni a mi ni a su madre. Hacen lo que quieren. Y a'luego se mean en la cama.

-Sí, lo sé. Son como un grano en la cola, pero son nuestros nietos.

- Y a'luego quieren que les cuente cuentos antes de dormir. ¡Sáquense, qué!

- 'Hora que me cuerdo-dijo su esposa mirando el lugar,- aquí subíamos seguido cuando nos casamos a los 17 años, ¿Te acuerdas, Nepo?

-¡Como no! Si luego, luego te'ncuerabas y querías que te atutuñeara cada rato.

-¡Je,je,je! - rió su esposa- sí, me' cuerdo. Por eso salí panzona de tu hija tan joven, Nepo...

-Oye, negrita chula, cambiando de tema... Tengo reteharta sed, ¿No podrías traerme unas dos chelitas?

-¿Qué tu'stás loco, pendejo, tarado ó qué chingá? ¡Mueve tus 'inches patas y baja tú por ellas, 'inche talegón!

- Ándale, negrita chula, hermosa, preciosa... ¿A vé, quén la queye, a vé?

-¡Tate, Nepo! Sabes que luego me pongo ñañarosa.

-¡Ándale! Y luego te doy tu atutuñeada, más tarde, ¿Sí?

- 'Ta bueno, pues pero es la última vez que te traigo una, ¿Eh, talegón? Orita vengo.

-¡Uta! Lo que tiene que hacer uno 'pa chelear- dijo Nepo, ya solo.

  Minutos después su mujer regresa con tres cervezas de lata.

- Orale, talegón- dijo ella arrojándole las dos latas.- Y ya chíngatelas de volón, que ya son las once. En un rato nos vamos a dormir.

-¡Oh, pérate, negrita- protestó Nepo tomando despacio su cerveza.-  ¡'Toy chupando tranquilo! Además mañana es domingo.

- Sí, pero quedastes de arreglarme lo del lavadero. Se tapó con toda la 'inche mugre de tus calzones.

-¡Chale, negrita, mañana es domingo! Mañana voy a ver el partido del América con mis cuates.

-¡No! ¡Además es el único día que 'tas en casa. ¿Y te la vas a pasar con esos talegones viendo el partido? ¡Jotos tenían que ser pa' irle al América!

-Pero, negrita...

-¡Dije que no, ó a'hoy duermes en la sala!

- 'Ta gúeno, negrita... ¿Puedo tomarme despacio esta chela?

-'Ta bien, pero mañana me arreglas el lavadero, ¿Eh?

-'Ta bueno, negrita. Además este tiempo lo ocupo pa' descansar de nuestros nietos. ¿A qu'ioras sale su mamá del trabajo?

- Ya viene en camino, pa' que los duerma...

-¡Agüelo Nepo! -gritaron al unísono los niños,- ¿Dónde estas?

-¡Jijos de la fregada, ya me'ncontraron! Me les voy a pelar por éste otro lado.

-¡Agüelito, aquí estás! -gritó el mayor de sus nietos.-¿Qué haces aquí arriba con mi agüelita?

- Cheliando, ¿Y tú?- contestó el abuelo Nepo.

- Buscándote.

-¿Como que pa' qué ó qué?

- Agüelito Sapo, cuéntanos un cuento, ¿Sí? -dijo el más pequeño.

- ¡Oye tú, cabrón! Por qué me dices Sapo, wey?

- Porque estás gordito.

-¿Y eso qué? Yo me llamo Nepo. A ver dí... Nepo... N--e-p-o.

-Ne...

-... Po- completó Nepo.

-Ne.. ¡Sapo! -dijo su nieto divertido.

-¡Tu 'inche madre!

-¡Nepo! -gritó su esposa enojada.- Ella es tu hija!

-¡Este wey empezó!

- Ya, agüelito, cuéntanos un cuento, ¿Sí? -repitió el mayor.

-¡No! -contestó Nepo molesto.

-¡Aandalee! -gritaro los tres tratando de convencerlo.

-'Ta bueno pero después se jalan pa' la cama, ¿Eh, méndigos?

-¡Síííí! -gritaron los niños al unísono, sentándose sobre unos ladrillos.

- Bueno, a ver, a ver...- dijo Nepo en voz alta, pensativo.- ¿Cuál les contaré?

- Cuéntanos el de Blanca Nieves, Agüelito- dijo el más paqueño.

-¡Neel, qué! Ése es pa' jotos, no.

- Entonces...- dijo el mayor,- Cuéntanos... Unos cuentitos de terror.

-¡Sííí! -gritaron los otros dos.

-¡No, Nepo! A'luego no pueden dormir por el miedo- dijo su esposa.

-¡Oh, negrita! -protestó Nepo.- Si mis nietos son bien machos. ¿No?

-¡Sí, agüelito, uno de terror- gritó el mayor.- ¡De terror, de terror!

-'Ta bueno... Ton's les contaré... Hmmmm...¡Ya sé! El de la marrana con zapatillas-dijo Nepo inventándolo es ése momento.

-¡Guau, agüelito! -dijo el mayor emocionado.- ¿Y está bueno?

-¿Que si no? Paren oreja, méndigos...“ Hace hartos años... Un vecino me contó que venía en la madrugada de trabajar, por que salía como a la una. Venía medio pedo caminando por el hotel ése de allá bajo... El Rocío..."

-Ése eras tú, Nepo, cuando vienes briago- dijo su esposa.

-¡Que no! -dijo Nepo molesto- eso fue hace muchos años.

-También tienes muchos años de briago, tú.

-¡Uta! ¿ Me dejas continuar ó no?

-Sí, agüelita, déjalo que siga- dijo el pequeño.

- Bueno ¿En qué estaba? -dijo Nepo- ¡Ah, sí! “Venía como a la una de la madrugada caminando arribita de hotel Rocío. ¿No ven que más pa' rriba está el patio de los arbolotes esos de zapotes por 'onde los Toronjos, ahí donde todo ta' re' oscuro que da miedo? Pos por a'í merito él empezó a oyir ruidos como de voces raras que lo llamaban. El Chente éste, como se llamaba, empezó a mirolear en lo,scuro, pa' ver quién lo llamaba..."

-Chismoso, Nepo-dijo su esposa.- Chente vive pa' l'otra calle.

-¡Con una, negrita! ¿Me vas a dejar seguir ó qué? ¡Éste era otro Chente, chingao! Bueno...“ Chente 'taba miroleando en lo'scurito, pero no vió a nadie. Ya pa' entonces todos los vecinos 'taban jetones..."

-Menos tú, que a las tres, todavía vienes briago- dijo la esposa.

-¿Otra vez, negrita?

-Ya, ya. No dije nada- dijo ella

-“Todo 'taba bien callado-continuó Nepo- Chente, al no ver nada, siguió caminado pa' rriba. Subió,  subió por las escaleras de la vecindad, hasta que llegó por la casa 'onde vivía Doña Silvina, la que vendía los pepinos con chile. Ton's pa' la izquierda ta' bien rete oscuro, pa'llá p'al cerro. Pa'llá al Chente no le gustaba mirar. Por a'í mero comenzó a escuchar que lo llamaban otra vez. Chente, Chente , dijo que le decían. El Chente comenzó  caminar rapidito y a'luego un piedrazo rodó por sus pieces y un ruido se escuchó cerca en lo'scuro, como de cuche pariendo. El Chente sintió frío, frío y se detuvo. Detrás de él escuchó que algo caminaba despacito y con los pelos de punta se voltió y vió...¡Una marranota grandota que caminaba en dos patas y traía unas zapatillas negras y le brillaban los ojos retefeo!"

-¡Huuuy, qué miedo! -dijo el nieto de enmedio, agarrando la mano de su hermano mayor.- ¿Y qué hizo el Chente?

-Pos primero se paralizó del puritito miedo y se quedó con la boca abierta, mientras se miaba de susto. Ya después como pudo, salió corriendo rumbo pa' su casa, gritando como loco.

-¡Ay, qué miedo, agüe... ¿Y... Y ya no lo han vuelto a ver? -dijonel mayor.

-Pos creo que no- contestó Nepo sonriendo al notar lo aterrado que estaban sus nietos.- Y a'luego se escuchan ruidos a veces por el callejón oscuro y... ¡Ahí está, ahí está! -grito Nepo señalando detrás de los niños, finguiendo terror.

-¡¡Aaahhh!-gritaron los niños corriendo aterrados escaleras abajo, mientras las ventanas de los vecinos se iluminan y se asoman alarmados para ver que pasa.-¡¡La cucha nos persigue!! ¡¡La cucha nos persigue!!

  Nepo se destornillaba en el suelo muerto de risa. Había logrado que sus nietos lo dejaran en paz, ante la furiosa mirada de su esposa.

-!Eres un hijo de la chingada, Nepomuceno! -le gritó su esposa dándole de cahetadas.

-¡Ja,ja,ja! -rió Nepo todavía tirado en el suelo.- ¿Viste sus caras? ¡Ja,ja,ja!

-¡Méndigo! ¡Y a'luego no quieres que se meen en la cama del susto, wey!

-¡Pues ya no uses zapatillas en la noche, negrita, ja,ja,ja!

 

  Más tarde, como a la una de la magrugada, Nepomuceno se halla acostado en el viejo sofá de la sala, donde lo mandaron a dormir, sobándose el chipote de la cabeza.

-¡Uta, negrita, ni aguantas nada! ¿Ora' voy a dormir aquí, negrita? ¡Negrita!

 

                                             F I N.

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