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4 min
Cuentos de un lugar cercano: La loca de la luz
Varios |
16.08.15
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Sinopsis

Cuentos cortos.

Las noches acongojaban no solo a los más jóvenes.

Los adultos corrían al ponerse el sol hacia sus respectivos hogares, pues la oscuridad de la noche era tal que se comía incluso la luz artificial o la del fuego.

Como una inmensa sombra recorría las calles de todos los poblados asiendo en su abrazo a propios y extraños, alimentándose de un miedo que no habría de conocer fin.

 

Tales eran los terrores nocturnos que los habitantes de aquel lugar pasaban los días con actitud hosca, malhumorados y con gran egoísmo.

Un día una mujer de mediana edad afirmó haber tenido una revelación, y comenzó a dedicar su vida a los demás.

Puesto que apenas necesitaba comer ni descansar, por temporadas incluso la recluían en centros especiales para gente problemática para tratar de averiguar qué le ocurría.

Sin embargo, siempre que salía, volvía a su constante labor de ayudar a los más desfavorecidos.

 

Todo el mundo carece de lo más importante en este mundo, solía decir.

A no mucho tardar perdió su casa y regaló sus posesiones, afirmando no necesitarlas.

De buen grado aceptaba en contadas ocasiones algún mendrugo de pan que los vagabundos de la calle compartían con ella.

Ellos fueron el primer colectivo que comprendió la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

Llegó un punto en que la noche era mucho más aterradora para aquellos que quedaban en sus casas encerrados que para las personas sin techo, reunidos alrededor de improvisadas hogueras. Éstas veían su luz tragada por la sombra, pero percibían esperanza en aquellos fríos lugares con la sola presencia de aquella misteriosa mujer.

 

Con el transcurrir de los años ya se la conocía como la loca de la luz, puesto que sin tapujos afirmaba que quedaba ya muy poco para que aquellas negras noches conociesen un final.

Ayudaba a los desamparados que quedaban atrapados en la noche sin poder atisbar a donde dirigirse, cayendo en desesperados gritos y gemidos de ayuda.

Su voz era sedante, y muchos de los que la insultaban riéndose de ella de día, por la noche respiraban tranquilos sabiendo que al menos alguien les ayudaría si caían en la oscuridad.

 

Llegado un avanzado momento de su vida, la muerte le habló.

– No vengo a por ti, vieja. – Ni su voz de ultratumba ni sus ropajes asustaban a la ya por entonces anciana, que con una sonrisa invitó a continuar a aquel ser. – Te traigo un mensaje de los Dioses. –

La muerte le dijo que podía pedir lo que quisiera para su siguiente vida, incluso entrar en la eterna tierra de la luz dado que se lo había ganado con creces.

 

No necesitó pensárselo mucho.

Le dijo a la muerte que ya conocía su destino, que se le había revelado mucho antes y no iba a dudar en cumplirlo.

– ¿Estás segura? – Ante el asentimiento de la mujer la muerte se fue camuflándose en la negra noche que, como siempre, inundaba todo el territorio conocido.

La oscuridad había desatado la pérfida y pavorosa imaginación de los lugareños, que ya se comportaban como enfrentados entre sí dadas las cientos de miles de historias de desconfianza y desasosiego que habían ido inventando con el paso de los tiempos.

 

Pero el curso de los acontecimientos estaba a punto de cambiar.

Al morir la anciana, plácidamente exhalando su último suspiro sentada en una oscura esquina, la muerte regresó y, quitándose la capa reveló unas inmensas alas negras.

Nadie podía ver el cuerpo de la mujer elevándose hasta que estuvo a gran distancia y solo distinguieron un brillo cegador.

Se alejó más y más, como graduando su intensidad, hasta que quedó fija en el firmamento la primera estrella que aquel lugar veía.

Iluminaba cálidamente la noche, espantando leyendas y demonios.

 

Mientras todo el mundo investigaba tamaño milagro, los vagabundos se reunían cada noche para recordar a la anciana que ya los iluminó incluso antes de reencarnarse.

Juntos miraban al cielo nocturno, y agradecidos susurraban el nombre de la loca de luz.

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