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3 min
Cuestión de un interruptor
Fantasía |
27.01.15
  • 3
  • 2
  • 613
Sinopsis

Una mujer se encuentra estancada entre dos mundos. Su cuerpo yace conectado a una máquina, y su espíritu, volando en los mundos superiores o ¿inferiores?

CUESTIÓN DE UN INTERRUPTOR

 

Estoy parada frente a mí, o al menos frente a quien parece ser mi doble.  La miro de cerca y no siento cariño por ese cuerpo. Me percato que está conectada a una máquina. Me apoyo en la pared totalmente confundida, y me resbalo hasta caer sentada.    

 

Nuestras risas llenan el lugar. No sé a quién se le ocurrió ir a una sesión hipnotista. Es mi turno. El hombre me dice unas palabras; siento que mi cabeza cae pesada y se me abre la boca al punto casi de babear. En cámara lenta pasan imágenes: hojas de árbol cayendo, agua corriendo de un manantial. De pronto, algo sucede con mi cerebro. Escucho los gritos de una mujer: “Dios mío, está muerta, usted la mató”.  Salgo volando vertiginosamente hacia el firmamento, y me digo a mí misma que estoy muerta, que eso se siente cuando uno se muere, pero reacciono y me convenzo de que son los efectos de la hipnosis, pues únicamente estoy soñando.  Bajo la velocidad y aterrizo en un pueblo. Una mujer se me abalanza frenéticamente y me rasguña la cara. Me asusto tanto que emprendo nuevamente el vuelo hasta llegar a una plaza empedrada; ahí hay familias comiendo al aire libre. Tengo tanta hambre que me acerco a pedirles un poco de comida. Cuando me ven, recogen sus cosas y enfadosamente se retiran. Nadie me dirige la palabra. Una a una va cerrándose las puertas de las casas hasta quedar completamente vacía la plaza. 

 

Estoy tan cansada que no puedo emprender el vuelo. No recuerdo cuanto tiempo ha pasado ni a cuántas partes he ido. Siempre es lo mismo.

 

Empiezo a sentir húmedo el ambiente. Miro hacia arriba y me turbo al observar que en el cielo se va formando una tormenta. Un torbellino de tierra viene hacia mí. Corro hacia una casa que está en la esquina y toco desesperadamente. Un hombre con rostro enojado abre la puerta.

—¿Qué quiere?

—Por favor, déjeme entrar. Tengo miedo.

El hombre voltea a ver a una mujer que está detrás. Ella consiente en que me den el paso.  

—Siéntese ahí, —dice el hombre—. En cuanto sea buen tiempo se va.

La mujer entra a la cocina y empieza a guardar un caldo que está en la estufa 

—Tengo hambre. Por favor deme algo de comer.

Ambos se quedan callados.

—¿Por qué nadie me quiere? ¿Por qué a dónde voy nadie me ayuda? —digo entre sollozos.

—No nos gustan los soñadores que se hacen pasar por muertos, —responde la mujer.

Entonces, lo entiendo todo.

Vuelvo a estar parada frente a mí. Sé que seguiré estando estancada hasta que a alguien se le ocurra apagar la puta máquina.

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  • Me ha gustado mucho. De acuerdo con Pielfria, es una historia muy original. Te deja entrar en el personaje, y te mantiene intrigado.
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Muchas historias las he descartado por miedo a que no fueran lo suficientemente buenas. Entonces me di cuenta que tenía que vencer esa inercia: no tengo que escribir cuentos perfectos para publicarlos. El deleite está en compartir.

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