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5 min
CULPABLE ES EL MIEDO
Reales |
09.01.21
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Sinopsis

La vivencia de un acontecimiento vital estresante puede provocar alteraciones emocionales de tal magnitud, que dejen como secuelas trastornos psíquicos y orgánicos.

Reyna, una mujer de 45 años de edad, madre de tres hijos cuyo último parto fue hace 10 años. Asistió a consulta médica por presentar falta de la regla. El examen con ultrasonido reportó embarazo de dos meses de evolución.

Al darle la noticia, Reyna comenzó a temblar.

—¡No puede ser doctor me cortaron las trompas hace 10 años! —exclamó la Reyna. —Esto es un error gritaba con desesperación. El médico me engañó, él es culpable de todo cuanto me está ocurriendo.

Con un llanto desesperado y lágrimas corriendo por sus mejillas rechazó la idea de aquel embarazo.

—Cálmese Reyna, nadie es culpable de lo que te ha sucedido, —dijo el médico. —Existe la posibilidad de que las trompas uterinas se abran nuevamente después de una esterilización quirúrgica. El número de casos es pequeño, pero la posibilidad siempre está presente y usted es uno de esos casos excepcionales.

—Tengo pánico a ese embarazo, —gritó ella. —Hace un mes cumplí 45 años de edad y siento pánico que ese niño nazca con malformaciones.

—Es cierto que el porcentaje de malformaciones fetales se incrementa después de los cuarenta años, pero existe el examen de amniocentesis, que consiste en tomar una muestra del líquido amniótico y realizar pruebas para descartar una posible alteración o malformación congénita, —explicó el doctor.

Al cabo de varias horas y después de recibir todas las explicaciones posibles y ofrecimiento del médico de realizar los exámenes para investigar la existencia de alguna alteración fetal, la paciente se tranquilizó, aceptó continuar el embarazo, sin embargo, se notaba emocionalmente alterada y con mucho disgusto. El galeno le sugirió que tuviese fe que todo saldría bien y que volviera en un mes a consulta.

Transcurrido el mes, la paciente llegó a consulta mucho más calmada, el examen del líquido amniótico reportó embarazo normal, de sexo femenino sin alteraciones genéticas. El examen sanguíneo mostró niveles muy bajo de hemoglobina, de glóbulos rojos y blancos.

Reyna manifestó sentir mareos, debilidad y cansancio fácil. Su piel estaba pálida y síntomas compatibles con su estado anémico. Le indicaron tratamiento adecuado para estos casos y control prenatal estricto cada 15 días.

Durante el quinto y sexto mes de embarazo la paciente continuó con la hemoglobina muy baja. Los glóbulos rojos, los blancos y las plaquetas disminuyeron a cifras alarmantes por lo cual fue referida consulta con un hematólogo (médico especialista en enfermedades de la sangre).

El hematólogo recomendó la hospitalización inmediata para realizar estudios especializados y tratamiento. Los estudios de médula ósea reportaron anemia por disminución de la función de la médula ósea de causa desconocida. Durante su estancia hospitalaria recibió varias transfusiones sanguíneas, ya recuperada fue dada de alta.

Cumplido el séptimo mes de embarazo, la paciente asistió a consulta por presentar dolor abdominal y sangrado genital. Se notaba pálida y sudorosa. Tenía la tensión arterial muy baja, el pulso estaba acelerado. Tenía dificultad para respirar. La ecografía pélvica arrojó un coágulo de sangre detrás de la placenta, lo que indicaba que había un desprendimiento prematuro de la placenta

—Señora, hay que hospitalizarla de emergencia, el niño y usted corren peligro, —dijo el médico

—Haga lo que usted crea conveniente doctor, pero salve nuestras vidas. — respondió Reyna

Reyna fue hospitalizada y operada de emergencia, se extrajo un feto prematuro de sexo femenino y en mal estado general. La placenta estaba desprendida. Tres horas más tarde la niña muere. Reyna quedó en terapia intensiva.

Siete días más tarde, la paciente es dada de alta en buenas condiciones generales, pero con evidentes signos de depresión por la pérdida de su hija. Un mes después, la paciente ingresa a la clínica de nuevo por anemia aguda y manchas moradas en la piel (equimosis). La hemoglobina, los glóbulos rojos, los blancos y las plaquetas bajaron a niveles muy preocupantes. Recibió nuevas transfusiones sanguíneas, las cuales se repitieron cada 10 días, ya que la paciente no mejoraba de su anemia. Después de su recuperación fue dada de alta.

En vista de la persistencia de la anemia a pesar del tratamiento recibido, el médico tratante sospechó la existencia de una posible causa emocional que estuviera interfiriendo con su recuperación. Ante tal sospecha la refirió a consulta psicológica. El psicólogo realizó una hipnosis regresiva con la finalidad de investigar la vivencia de un acontecimiento vital estresante que haya provocado un shock post traumático.

Durante el proceso de hipnosis se llegó al momento cuando Reyna recibió la noticia del médico, que estaba embarazada. En ese preciso instante la paciente comenzó a temblar, las manos y los pies estaban fríos, las lágrimas corrieron por sus mejillas. Recordó el caso de una amiga de su misma edad que había tenido un niño con malformación congénita.

—Sentía mucho miedo al pensar, que me pudiese suceder lo mismo que a mi amiga, —expresó Reyna

Terminó la sesión de hipnosis, la paciente tomó conciencia de su miedo y se fue a casa. Con el tiempo, bajo tratamiento psicológico y atención médica superó la depresión por la pérdida de su niña y lentamente recuperó la salud. Hoy en día está totalmente curada.

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    La vivencia de un acontecimiento vital estresante puede provocar alteraciones emocionales de tal magnitud, que dejen como secuelas trastornos psíquicos y orgánicos.

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Escribir, es dejar una huella de existencia en el tiempo, Es abrir una ventana al mundo para comunicar pensamientos y sentimientos. Cuando escribo soy yo, como un libro abierto, donde cada palabra escrita expresa mi manera personal de entender e interpretar la vida.

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