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6 min
De árboles y ríos
Amor |
26.09.18
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Sinopsis

Un cuento más de un amor que se pospone, pero mi cuento de amor. Un motivo más de un miedo que gana, inclusive sobre la voluntad de un universo que hace todo para que las cosas pasen. Un cuento más del libre albedrío sobre la voluntad de Dios. Un cuento más de la violencia ganando sobre el amor. Un cuento más de que para amar primero se debe amar uno. Un cuento más de que en el amor...siempre hay esperanza

Era el lugar más lindo y menos conocido de la zona; un lugar lejos de los pueblos, en el que el rio hacia una curva y donde dos viejos árboles sobrevivían a cada margen del rio.

Dos niños habían llegado allí desde diferentes pueblos a cada margen del rio. Las historias, familias y realidades de cada uno eran distintas, pero cada uno encontraba en ese lugar único su momento de paz. En una tarde de sol y calor, mientras jugaban lejos de sus casas, se encontraron cada uno en uno de los viejos árboles al costado del rio. Si bien ambos lo veían como una aventura ideal para trepar, en su interior cada uno había llegado por diferentes motivos. Mientras uno buscaba un refugio con algo de sombra, el otro encontraba lo más lejano sobre el límite del rio que hubiera conocido.

Tras unas horas los viejos árboles se habían transformado en una montaña a conquistar, una fortaleza a defender, un campo de batalla donde cada uno era dueño de un reino, una casa con mil habitaciones, y hasta casi un puente que les permitía jugar sobre el rio. Alguno soñaba más e invitaba a subir para ver el paisaje desde las copas, mientras el otro lo dejaba y hacía de rey en el trono entre las ramas. Quizás uno ansiaba que su amigo viera el paisaje desde otro lugar; mientras el otro quería cuidar de su amigo desde abajo. Quizás, sin animarse a decirlo, veían que el rio crecía y rodeaba a los árboles, dejándolos en el cauce del rio y ninguno sabia como saldrían de ahí. Mientras uno seguía viendo en los árboles una fortaleza donde esperar; otro veía un árbol viejo que no aguantaría la fuerza del rio.

Mientras discutían que hacer, el que estaba debajo, decidió bajar al río agarrándose del árbol para mostrarle a su amigo que podrían estar seguros aunque no supieran nadar bien. Desde este lugar llamaba y esperaba a su amigo, mientras el otro pensaba cómo hacer para bajar y que si bien no le tenía miedo al río no se animaba a dejar el árbol. El rio crecía y la fuerza de agua se hacía cada vez mayor. Ya el lugar placentero de los árboles, empezaba a hacer un lugar de choque entre el rio y los troncos secos, el rio parecía cada vez más peligroso para quien no nadaba tan bien.

De pronto la fuerza del rio hizo que niño que estaba en el agua no pudiera quedarse agarrado al árbol. El miedo lo embargo, no sabía nadar bien y sólo hacia fuerza para mantenerse en la superficie cerca del árbol mientras gritaba por su amigo, que desde el árbol lo ayudo a agarrase de una rama que caía sobre el rio. La rama estaba mojada y se patinaba con el verdín y por otro lado la fuerza del rio no sólo no le permitía agarrarse, sino que lo golpeaba contra las raíces de este ya viejo árbol.

Estuvieron así un rato durante el cual el niño en el árbol no encontraba una forma para bajar; le daba miedo la altura como para saltar y tenía miedo que en el rio perdiera los lentes y sus cosas. Por otro lado, el niño en el agua cada vez aguantaba menos agarrado del árbol, la corriente lo sacó y pasó a la raíz y de esta pasó a retenerse de algunos juncos más débiles pero flexibles. Desde allí trataba de convencer a su amigo de bajarse del árbol ya que veía como el agua erosionaba la tierra que retenían a las raíces y preveía que el árbol terminaría en el agua igual.

La desesperación y el cansancio de ambos ganaron, ya no se escuchaban y ni siquiera parecían los mismo de antes. El niño aventurero que más había trepado en el árbol ahora no podía avanzar ya que estaba preso de sus miedos, y su compañero que tanto le había tratado de explicar y mostrar el camino ahora se transformaba en una exigencia. En medio de los desesperados gritos, una rama seca cayó del árbol y golpeó fuerte al niño en los juncos haciendo que lo lleve la corriente al medio del cauce. Ambos sufrían, no sólo eran sus propios miedos sino el miedo de quedarse solos.

De tanto chapotear en el agua, el niño en el rio había aprendido a flotar y comenzaba a fluir con la corriente, ya no se lo veía tan desesperado por agarrase de algo. Si bien buscaba un agarre, lo que vivía le hacía sentir que lo encontraría o quizás terminaría en un tranquilo lago. Mientras tanto, el niño en la copa buscaba en todas las direcciones ayuda para él y su amigo. Sentía que la copa del árbol seguiría siendo su mejor opción. Aún quedaban unas pocas hojas secas de las cuales podría sacar algo de agua y si lo encontraban nadie lo retaría por tirarse al rio y perder sus cosas.

El que flotaba por el río se preocupaba por su amigo que seguramente moriría de sed en la copa de ese viejo árbol seco, quizás lo ayudaría alguna tormenta pasajera o quizás ya estaba en el agua porque habría logrado bajar o porque se habría caído el árbol, pero estaría sólo igual que él. El que seguía en el árbol, ya no veía donde estaba su amigo, el rio pegaba una curva y temía que el rio pudiera terminar en una peligrosa catarata. De a momentos los miedos volvían y se arrepentían de no estar en el lugar del otro. En la mente de cada uno, sólo quedaba la esperanza de volverse a encontrar.

Yo los veía desde una cumbre en la otra orilla, justo a la altura donde el rio pegaba la curva. Asia muchos años había plantado esos árboles que ya ahora se ponían viejos. Había dejado los alrededores desiertos para que el calor los lleve ahí. Me había encantado verlos jugar, usar los árboles que yo había puesto para crecer y despues encontrarse y esa tarde cumplían su cometido, abrí la represa porque quizás querían disfrutar del rio juntos…. Pero el libre albedrio hace que yo proponga y ellos dispongan.

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    Cuento para explicar porque hay intentos de unirse en amistad o pareja, muchas veces buscando lo parecido y sin mostrarse a fondo para conquistar al otro; y que por más que fallen no implican un fracaso, ni culpables, ni traición. Tan sólo la evolución y pleno desarrollo de cada uno.

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Totalmente aficionado, que ordeno mi mente y emociones transmitiendo mi energía sobre la pluma o el teclado. Siempre abierto a escuchar resonancias y consejos

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