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6 min
De cómo el engaño ayuda a la evolución
Ciencia Ficción |
11.03.12
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Sinopsis

Es un relato muy corto de ciencia-ficción acerca del origen de cierta especie, producto del engaño y la manipulación. Lo he repasado para que se entienda mejor... ya que efectivamente ya me han comentado que es muy machista. Y NO lo es. A ver si así... Acabo de pasarlo a Ciencia-Ficción, comme il faut.

Al volver de hacer un recado a mi tío, el cual parece no disponer nunca de tiempo para sus asuntos, me encontré con uno de mis grandes amigos de la infancia, al girar una esquina. Me devolvió amablemente mi sonrisa de saludo pero pareció no reconocerme.

-¡Hombre, si soy yo! -exclamé, más extrañado que otra cosa.

-Ahora no sabría decirte quién eres, lo siento. Disculpa mi despiste, pero, insisto, ahora no caigo...

-Pues bien que nos lo pasábamos juntos de pequeños... ¿No recuerdas cuando íbamos a las procesiones y luego nos escapábamos para ir a beber cerveza al depósito que estaba detrás del molino? -en ese momento un interruptor debió cerrarse en su mente, ya que al cerrarse algún circuito, pasó la corriente y se encendió una lucecita en sus ojos.

-¡Ya sé quién eres! Perdona, es que llevo unos días fatal. No sé ni en qué día vivo. Es por mi mujer, que me trae de cabeza. Ya no sé qué hacer. Mira, por ejemplo, si quedamos y llego tarde, soy un impuntual, si llego pronto, soy un desconsiderado y si llego exactamente a la hora, soy "asquerosamente puntual". Esto es un ejemplo, hay más, mucho más... Todo empezó hace unos días. Ya no es la de siempre.

-Ya, supongo que no habrás descubierto una vaina gigante en tu jardín -bromée. Y vacía, claro.

-¿Eh? No, no. ¡Qué tonterías dices! Veo que sigues igual -efectivamente, ya me recordaba bien, pero que muy bien. Eso pasó hace mucho y se erradicó el problema, ¿no? Pues no te rías de mí, que no estoy para bromas. Me estoy volviendo loco. Además, mira, tengo que estar de vuelta en casa en diez minutos y ya no llego. Te dejo. A ver si nos vemos, ¿vale?

-Sí, claro, pero...-no me dio la oportunidad de preguntarle ni dónde vivía ni cómo quedar, salió corriendo calle abajo y me dejó con la palabra en la boca.

--------------------------------------------------------------------

Bueno, pues este amigo mío fue el primero.

Luego hubo más. Mi tío, a los pocos días. Lo primero que empezó a hacer fue encargarse de sus asuntos, sin pedirme a mí que le hiciese más recados. Y todo por no estar en casa con mi tía...

Después, compañeros del trabajo, que en vez de volver a casa, se reunían para hablar de sus comunes penas y beber cerveza. Mucha cerveza, lamentablemente. Al poco tiempo, estas reuniones se volvieron una costumbre.

Hasta que me tocó a mí. No sé exactamente cómo empezó, pero de lo que estoy seguro es que fue a raíz de mi poco afortunado comentario acerca de las luces en el cielo y los ruidos nocturnos que habían ocurrido hacía un par de meses -anda, pensé mientras hablaba mecánicamente, precisamente un día antes de mi encuentro con mi amigo. Desaté la furia de los Dioses. Nunca antes había tenido mi pareja una mirada tan feroz, ni me había dicho las cosas que me dijo. Ni con ese tono. "¡Cómo se te ocurren esas tonterías! Si sigues así, te dejo por uno más rico y más guapo, anormal" Y delicias por el estilo...

Entonces la abracé. No sé, por si funcionaba. Antes, cuando ella estaba triste, los abrazos resultaban muy eficaces.

Y noté aquello. Por debajo de las flotantes, otra línea de costillas.

No pude evitar separarme dando un respingo. Ella se dio cuenta de inmediato de mi descubrimiento y antes de darme tiempo para recuperarme de la sorpresa, me golpeó en el cuello con una figurilla de piedra que tenía a mano. Pero con muy poca fuerza, por lo que antes de que pudiera repetir, le di un soberbio empujón. Tan soberbio que tropezó hacia atrás y se abrió la cabeza con la mesa, y ademas con tan mala fortuna que el impacto fue justamente en el occipucio. Intenté levantarla, pero al sujetarla por la cintura volví a notar aquello tan desagradable. Y la dejé en el suelo, temblando de estupor.

-¿Qué me has hecho? Pero, ¿quién te has creído que eres para hacerme esto? -me dijo, con un hilo de voz.

-¿Que qué te he hecho? Pero si... pero si... pero si... -la verdad, no supe qué decir.

-¿Cómo te has dado cuenta? Nadie lo había hecho hasta ahora. Y vuestros médicos son tan primitivos que estamos seguros que nunca lo harán. Estamos aguantando vuestras estupideces y torpezas lo mejor que podemos hasta que se haya completado la primera fase del proyecto, en cuyo momento ya será demasiado tarde para vosotros...-jadeó y algo chasqueó en su nuca.

-¿Tarde? ¿Tarde para qué? ¿Tarde para quién? -grité, pero sus ojos ya miraban al infinito.

O a su hogar. Porque entonces comprendí lo que ocurría. Las luces, los ruidos... ¿no sería como cuando lo de las vainas que cayeron del cielo?

Pero, ¿qué hacer?¿Qué podía hacer yo, Gran Rah? Un simple ciudadano de la Ciudad Central de Atlantis...

Fui corriendo al templo de la Pirámide Mayor, la de la cúspide de oro. Allí la gente me escucharía. Seguro que sí.

O pediría audiencia con el Rey Dios, tan magnánimo con nosotros, sus súbditos. No sé. ¿Me haría caso?

Mientras corría por la calle, volví a ver a mi amigo. Esta vez me paró él. Ahora el enajenado era yo. Él sonreía.

-¡Hola! Me alegra verte, después de tanto tiempo... mira, ¡nueve meses justos! Lo sé porque, al final todo se arregló entre mi mujer y yo. ¡Y acabamos de tener un bebé! ¡Qué alegría! Se le pasó el mal humor, ahora estamos más enamorados y felices que nunca.

-Ah, pues yo me alegro por ti. Perdona, tengo prisa -y seguí corriendo. Hasta que me paré en seco. Entendí el problema en su completa magnitud.

No venían a invadirnos. Venían a fusionarse con nosotros. Eran una especie genéticamente compatible con la nuestra y lo iban a aprovechar. ¿Por qué? ¡Y qué más da!

Alguna diferencia había entre ellas (¿o ellos?) y nosotros, sí, pero no era muy evidente, a menos que uno se fijase. Yo me fijé. ¿Fui el único? ¿O no? ¿Habría otros? ¿Por qué no se había dado la alarma?

En ese momento, no muy lejos, observé a un grupo de pizpiretas estudiantes que salían del Templo Azul. Al descubrir que las miraba, me devolvieron una sonrisa más luminosa que el Disco de Luz de Rah. Les sonreí encantado y bastante tranquilo.

Al fin y al cabo, un par de costillas más o menos... ¡qué más da!

Ya veremos qué ocurre con el tiempo. Lo que de verdad espero es que no haya otro tsunami.

Lo demás son tonterías.

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  • Muy bueno- no hay mas aventuras del tipo en este mundo fusionado? el problema es que ha pasado con las mujeres de verdad no?
    La idea de base me parece interesante, pero la ejecución mejorable.
    Escribe tus comentarios...¡Miauuuuuuuu!
    Me he divertido un rato, esperaba el final para ver como terminaba, Gracias por leerme. Intentaré alargar más el próximo capitulo. Saludos.
  • Vuelvo a escribirlo. ¡¡Entero!! Cuando a uno se le va la pinza, tiene que reconocerlo y obrar en consecuencia. Bueno, allá va... rectificar es de sabios... Este de ahora SÍ que es el final de la historia, con lógica y coherencia. Y breve -lo cual será de agradecer.

    Por petición popular (bueno, casi), ahí va la segunda parte. Espero que guste. En ella ya se va viendo por dónde van los tiros. Si sigue gustando, lo continuaré... Y también la paso a Ciencia-Ficción

    Esta historia la empecé a escribir hace muchos años, y como se me fue de las manos, pues paré a tiempo. Esta es su "versión del Reader Digest", a ver si lo consigo. Aunque lo parezca, no va de egolatría, sino más bien de teoría unificada de campos y multiversos. O algo así. Esta es la primera parte. Otro relato que paso a su categoría final (SciFi)

    Es un relato muy corto de ciencia-ficción acerca del origen de cierta especie, producto del engaño y la manipulación. Lo he repasado para que se entienda mejor... ya que efectivamente ya me han comentado que es muy machista. Y NO lo es. A ver si así... Acabo de pasarlo a Ciencia-Ficción, comme il faut.

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