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4 min
De locura a aceptación
Amor |
12.08.15
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Sinopsis

Ella nunca se imaginó que llevaría a nada.

Se le notaba, como se le notaba esa tristeza. Casi podías sentirlo al verla. Ella nunca se imaginó que llevaría a nada.  Cuando comenzó se le veía la felicidad brillando como un aura a su alrededor. Cada pequeña sonrisa cuando creía que nadie veía. Era como experimentar el pequeño placer de caminar descalza sobre el pasto fresco en una tarde de verano con la brisa cálida y el sol acariciando la piel. Después fue más que eso, con el tiempo fue creciendo.

Cuando anticipaba el rudito que hace el celular al recibir un mensaje. Al emocionarse al escucharlo, ver quién era y sonreír. Allí fue cuando se dio cuenta. Lo aceptó a pesar de no quererlo, porque sabía que no levaría a nada.

Pero no lo pudo evitar.

Así empezó. Hablaban desde que salía el sol hasta que lo único que podías ver eran los pequeños puntitos blancos en la interminable obscuridad. Ella seguía esperando a que él hiciera algo. No le parecía algo muy difícil y tenía la esperanza viva y resplandeciente.

Pasaron los días y ella empezó a negarlo. Claro que no anhelas estar con él. No funcionó una vez hace tanto tiempo y no funcionará ahora. Pero el sabia las palabras correctas. Quizás ni siquiera notaba lo que hacía, quizás sus intenciones eran sinceras; únicamente no eran las que ella creía. Un simple gesto, o el primer ‘me encantas en esta foto’ y ella se encontraba de nuevo hundida en el abismo.

Lo ve ahora y no evita pensar en lo estúpida que fue. La inocencia e ignorancia es un regalo cegador. Pero a veces es preferible a la decepción y el dolor.

Luego llegó la sutil desesperación. La necesidad de hablar con él. Tratando desesperadamente de agradarle a pesar de saber que no por nada él seguía respondiendo los mensajes. Pero simplemente no era suficiente. No estaba conforme con sólo hablar con él. Nada era suficientemente satisfactorio como para seguir en el mismo camino.

Fue hasta que en una de esas noches de charlas con la almohada después de hablarle al agua entre el champú y acondicionador que se dio cuenta. Notó que poco a poco las palabras se volvían más forzadas y calculadas. Pasó de ser algo bello y tierno a algo rallando en la adicción innecesaria.

Fue cuando decidió salir del sitio en el que se encontraba. Como cualquier adolecente sensata, nerviosa y confundida izo lo que mejor sabe hacer. Alejarlo. Ignorarlo. Cortar aun más la conversación. Hasta que ya no hablaban más. Pero le era imposible olvidar.

Era tan difícil. Ella lo había hecho especial. Importante. Necesario. En su vida. Así que después de seis meses de dudas, charlas incómodas, otras perfectas y unas sólo vivas en la imaginación. Empezó a hablar con el de nuevo. Seguramente acabó muy confundido. Si es que le importaba.

Pasaron otros tres meses. Era relativamente perfecto. Lo único faltante era el siguiente paso que ella esperaba. Estaba tan segura que el también lo quería pero se cansó. Un año de su vida desperdiciado en algo que no llegaba. Sentía como si estuviera buscando algo perdido entre las estrellas.

Recurrió nuevamente a lo que una adolecente sensata hace. Por primera vez sentía que de verdad estaba haciendo lo mejor para ella. Está segura de que lo es. Pero fue muy difícil. Superar el deseo de tener algún tipo de contacto con él. Seguía añorando lo que nunca venía.

Trata de convencerse a sí misma de que quedó en el olvido y recuerda con cariño las sonrisas que le regaló. Se engaña. Niega el hecho de que aún lo quiere. Pasó de la necesidad enfermiza al cariño inocente. Lo extraña. Quiere que él la extrañe. Que lo confiese. Que le dé una señal de que no estaba todo en su imaginación. Algo que le haga sentir que todos esos meses de intentar tener algo más no fueron futirles.

Tantas preguntas y sin ninguna respuesta. La más necesaria. ¿Teníamos oportunidad? 

 

 

 

 

 

Nota del autor: Se aceptan críticas constructivas. 

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