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2 min
Deberíamos Vivir Más.
Reflexiones |
27.07.15
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Sinopsis

Imagina que estás leyendo un libro, y que justo en las últimas veinte páginas comienzas a disfrutar realmente de la lectura; imagina a cuántas bellas paginas le diste la vuelta sin leerlas realmente... Ahora imagina que este libro, es el libro de tu vida.

Era una lluviosa mañana de julio, el aire frío entraba por la puerta de la terraza y yo, acostada en mi sofá preferido, me disponía a terminar una bella novela clásica. Es curioso, pero a pesar de lo excelente que la historia estaba narrada y de los personajes tan precisos que la conformaban, yo no pude disfrutar de la lectura sino hasta que me quedaban únicamente veinte páginas para finiquitarla. Y entonces, cuando comprendí cuánto estaba disfrutando del final, pude entender cuántas bellas páginas había leído sin leer, sin disfrutar. ¿Acaso nunca han padecido de este extraño síndrome de postergación emocional? ¿Esa sensación tan grata de dicha y regocijo que tan sólo experimentan cuando el espectáculo está por terminar, haciéndoles, al instante, sentirse culpables por no haber hecho más por disfrutar desde el principio? Ahora imaginen, ¿qué pasaría si se tratara de sus propias vidas y no de un libro o una película?

Es extraño, pero, piensen por un instante, ¿qué pasaría si comenzaran a disfrutar de la vida, a vivirla real e intensamente, cuanto tan sólo queda ya poco tiempo?

Es extraño, pero fue la misma sensación que experimenté al terminar el libro. Pesadez, arrepentimiento, culpa, tristeza… ¿Qué sentía exactamente? Bueno, posiblemente todo eso, posiblemente nada en absoluto. Pero no importaba, porque ya había terminado.

No obstante, la vida es así y muchas veces no sabemos cuándo será nuestro último día, cuándo podremos volver a ver el Sol ocultarse y la Luna salir. No podemos acertar cuál momento será el último, o cuál día podrá prometernos todavía un mañana. Sin embargo, aún podemos cambiar nuestro final, aún podemos disfrutar más de las últimas veinte páginas. Aún podemos disfrutar desde el principio si hacemos de cada día un nuevo comienzo, aun si no sabemos cuánto tiempo seguiremos teniendo.

Deberíamos vivir más, gozar más; porque muchas veces, “dejar lo mejor para el final” no es la mejor opción que podríamos elegir. Así que, no dejes los mejores momentos de tu vida para los últimos días. Vive ahora y hazlo bien.

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  • Muy buena esta reflexión. ¿Entiendes ahora los relatos en los que me dejo llevar por las mujeres? Nunca se sabe cuando llegará nuestro final. Un abrazo y nos leemos.
    Aqui y ahora. Chapeau!
    ¡Sublime! ¡Sencillamente sublime! Me has hecho el día (lo cual es paradójico, pues estoy leyendo tu reflexión justo antes de dormir... jejeje he dejado lo mejor para el final).
  • Dejé la vida nociva de ser siempre buena, y todo lo bueno empezó a llegar. Una noche era castaña y de repente ya usaba pendientes y me había aclarado el cabello, llevaba la insignia de "libre" puesta en la frente. La portaba con orgullo.

    Mi dulce adiós para mi primer y único amor. Te deseo lo mejor.

    "Éste es el momento. Nadie falta y nadie sobra, eso es entender que los tiempos de Dios son perfectos".

    "Hace algunos años existió una dulce niña de mirada cálida y sonrisa tibia. Tenía el poder de hechizar a cualquiera, de derretir hasta el corazón más frío, hasta el ser más insensible sentía con ella"...

    "Estoy mejor ahora que no estás, ahora que el segundero sigue caminando. Ahora que mis heridas están sanando".

    "Había esperado media vida para que ese momento llegara. Observó a su alrededor y todo lucía exactamente igual a como lo había imaginado, salvo por una única diferencia: el hombre que le esperaba en el altar no era el amor de su vida, ni siquiera se le parecía..."

    Caminaba con destreza, su mirada exigía atención, era una especie única, una joya excéntrica que merecía la pena...

    Para la estrella más hermosa y brillante que ilumina mi cielo cada noche.

    Una condena que consume mi ser, que me ata a una vida de hambre y de sed. De una larga agonía sin fin, pues el infierno es la vida en tierra sin ti.

    Mi alma dolida no sabe de curas, ni ungüentos, ni sales, que calmen mi ardor.

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