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3 min
Decisiones.
Suspense |
22.06.15
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Sinopsis

Uno de mis primeros cuentos. Entre jueces y verdugos. Una desicion

Era una mañana gris, como esas que pasan de largo, sin ruido alguno. Ni el sol brillaba, ni el viento soplaba, de igual forma, yo temía. De esas mañanas que no hay mucho para contar, sino fuera por mi pánico, mi gran pánico, que retumbaba, una y otra vez en mi cabeza. No sé si seria por mi insegura decisión o tal vez por mi poco margen de elección, pero allí estaba, aterrorizado, sentado en un rincón, como quien no puede moverse en una pesadilla. La mañana parecía mantenerse intacta, puede que sea por el color de su cielo, o por el silencio que solo un día así puede lograr callar a la gran ciudad. Ahí estaba la madrugada, quieta, inmóvil, al igual que yo. Poco nos diferenciaba a mí y a aquel espacio temporal del día.

Así , pasaban los segundos, quietos, grises, nublados, como si otra cosa no se pudiera hacer más que esperar. En algún momento, vendrán, y aquí estoy, reposando mi espalda contra la pared ,acurrucado, casi fetalmente.

Mis ojos, titubeantes, pero centrados en un punto fijo, la puerta. En mi mano cargaba una revolver, liviano, lo suficiente para que no me pesara a la hora de mi decisión. El miedo no es el de dejar de existir, el miedo es la espera. Sera necesaria tanta?

Puesto que, mi libertad, ya no existe, si es que alguna vez existió. Solo queda la última esperanza de ella, en esta acción. O pago mi sentencia a ojos de todos, con miradas despreciables y juzgadoras, o en el más honesto de mis actos, muero como viví, matando, no siendo otro mi dios y mi juez, sino siendo yo mismo, mi propio verdugo. Puesto a esto, creo que no tengo mucho más que decir, mi vieja amiga y yo, haremos lo convenido una vez más. No soy de los hombres buenos, ni más honestos, seguramente, sea de los menos. Pero hay algo que quiero expresar, asesine, es cierto, fui y soy consciente de mis actos, pero me arrepiento y estaría dispuesto a pagar tal crimen, tal error, no sentado en una silla, con una esponja en mi cabeza, sino bien, encerrado, pensando cada dia en mis actos. Así, sin más, me voy, ya muerto, de cualquier forma, siendo mi arma mi verdugo y mi decisión mi juez.

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