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3 min
dejar de ser para ser
Reales |
23.03.08
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Sinopsis

La vida tenía sabor a nochebuena cuando ella contaba historias que temblaban en sus labios
Los domingos por la tarde planchaba alguna ropa, llenaba el tambor de la lavadora con varias prendas de última hora: un vaso de detergente, el suavizante, etc.
Y mientras tanto bajaba a un bar que hay aquí al lado. Su vieja costumbre de descansar la tarde en el borde de una mesa, arropada por esa debilidad que sienten las tabernas por las mujeres solitarias
Sus zapatos viejos, sus pasos de luto, la resignación apoyándose en su desgastado bastón, su perro orgulloso tendido en su sombra menuda, y su vaso de aguardiente
El reúma que padecía se asociaba con sus recuerdos para exagerar la melancolía y el humo del tabaco saliendo de su boca despertaba soledades
Al calor de un café, en una mesa de madera, algunas tardes me contaba su vida
Sucesos tristísimos, memorias de canciones de su época, anécdotas de borrachos del puerto, relatos de amores que recorrían las mañanas de su cama; rescatando memorias, ordenando pasajes, con su alma en forma de gato asustado
Palabras fascinantes que la iban desnudando: ya sabes que hay gente que al hablar se olvida de su transparencia
Evocaciones que el tiempo le devolvía, como el mar le devolvió a su marido después de aquel naufragio, porque aquella primavera se durmió su vida
Era el año mil novecientos setenta y dos, cuando el Atlántico se dispuso a incrementar su colección de barcos hundidos. Tristes noticias en las radios, rumor de sirenas de pesqueros, un llanto en cada esquina
La misma historia que contaba mil veces en noches llenas de esplendor y de muerte
Con cuatro hijos tuvo que ponerse a trabajar, limpiando sin descanso en un hotel, con ese coraje terso que tienen las madres rotas
Hoy al pedir un café , Agustín, el camarero, moviendo la cabeza me hizo un gesto concluyente. "¿Ya sabes lo de Carmen... ?"
Hoy te recuerdo así: dándole la espalda a tu casa , a tu noble perro labrador, a tu huerto expropiado por donde pasará el tranvía
Y te pones frente al mar y te lo llevas todo cargado de nostalgias
Su calle , daba a cualquier callejón
Su corazón, tras los barrotes , a las marismas
Bebía y fumaba más de la cuenta, pero su presencia en este bar , no la cambiaría ni por el mejor salón de té de París
Con una copa de vino cargada de cipreses he querido imaginar el argumento de sus días, con palabras tan dolorosas que no me atrevo a ponértelas por escrito
El cante del Camarón suena al otro lado de la barra, habla de sueños que al no cumplirse se degradan
En el cielo una bandada de gaviotas grises y la dulce costumbre del sol de poniente
En mis gafas un rocío imprevisible, como de haber llorado.
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  • Qué bien cuentas lo que tan bien observas.
    me encantó como lo contaste.
    Buen retrato con pincel
    Que relato mas bonito, Ole!, el mejor homenaje que podias haber dado...
    hola, me ha gustado mucho tu relato, es como el trazo de una pequeña vida que conmueve, me gusta la técnica de ir soltando pistas, desprendiendo aromas y abriendo cajas hasta dejar al descubierto un rostro sólo presente en las marismas, oculto al común entender, en el silencio, perfilado por la propia tragedia que le ha tocado vivir, enhorabuena, y gracias por tu poesía, un abrazo
    Bellísimo relato. Saludos
    Exquisitas tus palabras, se podía sentir, oler y ver cuanto describes
    hermoso....ternura adjunta :)
    ...hasta el sabor de la sal en la mar.
    muy bueno
  • Abandonar una casa, una pareja, irse sin dar explicaciones. Marcharse en un abrir y cerrar de ojos. El dolor que arrasa muebles, puertas, habitaciones, pasillos y una cama dónde se llora a solas

    Hay gente que tiene la facultad de percibir colores, sonidos, olores, en los números en las letras, en las palabras... Las sensaciones juegan a esconderse , a no estar, pero dejan siempre un agujero por el que se aspiran Hay personas que las atrapan, que las palpan, que las ve, como se mira una perla roja

    Sentado en la Cafetería Andalucía, apoyando mi mano en el hombro de un recuerdo escribí un poema

    aprender a oír el silencio dentro del sonido, a no contaminarnos con ruido, nos hemos acostumbrado tanto a esa antigua música que ya no la escuchamos

    las malas noticias llegan siempre dando portazos...

    Por decir algo , apalabrar los momentos

    A veces las personas son sencillas...

    camino despacio y con los ojos abiertos por una casa que no me habla pero me abraza

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Andar por los tejados, los relojes de arena, todo lo que se pueda sentir, si allí se siente.

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