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13 min
Derrota y Victoria
Varios |
15.07.11
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Sinopsis

Historia en la guerra mundial donde se mezcla lo fantástico con la magia. Es trasfondo para mis dos webcómics, "Irregular Elis" y "Ryoko Monogatari"

Un año un tanto oscuro para la humanidad, el futuro de la historia pendía de un hilo y el mal para unos, la gloria para otros, se identifica por el mismo símbolo y seña.


La nevada estepa se mostraba tan inmutable como siempre aparenta a primera vista, pero alguien ya algo añejo tan acostumbrado a ella como el Comisario Vorobiov sabía diferenciar esos detalles y pequeños cambios a lo largo de las horas. La estepa estaba hoy intranquila, algo se lo decía, la manera en que el viento se mecía y el olor que traía le hablaban del seguir de las desgracias que aún abatían sus tierras esas semanas. El ataque aún duraba pero ya se le notaba pronta su muerte; su finalización por parte de los testarudos ofensores.


Vorobiov miró hacia atrás y los vio, a los soldados escuchando al Sargento Maestre Lébedev que se mostraba más pesimista que positivo en sus palabras de ánimo. Una vez terminó, los soldados se acomodaron alrededor de la pequeña hoguera para terminar la cena y pegar un par de tragos de Vodka, lo suficiente como para despertar pero no para perder el miedo; no era momento ni lugar.


   – Camarada... –Lébedev desde atrás puso la mano en el alto y fornido hombro de Vorobiov, no hubo contestación por su parte ya que todo estaba dicho, solo cabía esperar.


Pasó otro rato, Vorobiov hizo un gesto que el Sargento Maestre interpretó perfectamente. Entonces hizo lo propio con sus hombres para que tanto estos como los tanques Kv1 se pusieran en su posición y en modo defensa absoluta...



...acción que no interpretó del todo el Sargento Segundo Gottschalk, ¿por qué utilizar esa estrategia y recurrir solo a tanques más defensivos para re-conquistar ese terreno? Aunque le doliera en el orgullo, los malditos rusos tenían ventaja en ese terreno y sus hombres ya asumían posibilidad de derrota alguna, sobretodo el cobarde del Cabo Primero Seiler. Ahora el caso y maneras de pensar tenían que ser diferentes, dos formaciones de defensa no servían de mucho y no tenían todo el día. Pero como Gottschalk no era tonto supo en décimas justo al comenzar este párrafo que ahí había gato encerrado, y de los gordos.



La española miraba con curiosidad desde su posición mientras se terminaba la cena, miró arriba para comprobar que posición, al igual que ella, tenían asignadas en ese momento las estrellas del cielo y luego bajo de nuevo la vista para volver a analizar (más bien asimilar) la situación. Por fin el Sargento Segundo reaccionó y se dirigió a sus hombres para comentarles su plan. Estos afirmaron con voluntad inquebrantable (o puro orgullo de apariencia) y se movieron por todos lados de la zona. Gottschalk al final se decidió acercarse a ella:

   – Españolita... –el tono bromista que siempre había usado el suboficial contra ella ahora era más serio y educado. Al menos en los momentos críticos se había ganado por fin un poco de respeto– ...le recomiendo mantenerse al margen como siempre ha hecho, esto es serio y no está hecha de la pasta adecuada...

A ella de todas formas no le gustó esa educación machista, sabía que lo decía por que no la valoraba como se debía. Así que se limitó a asentir como siempre había hecho, ya que ella poco pintaba allí, solo observaba y redactaba las gloriosas hazañas del Sargento Segundo Gottschalk, "El enviado de Dios" como decían sus soldados pelota más directos. Estos debían de ser de los que fingían muy bien en la cama, aunque eso deberá dar igual entre hombres, les devolvía su mierda a los alemanes por lo bajo.
Así que como contratada por el engreído escribió un poco más en su libro mientras vigilaba de reojo  por si había que cumplir la siempre eficaz función de huir dejando así la evidencia de que no era tan grandioso ese hombre. Lo bueno es que había podido practicar casi todo el tiempo para librarse de aquellos soldados que sin fuerza de voluntad alguna querían ceder a la manzana prohibida que era su cuerpo de mujer, pero su astucia siempre derrota hasta a la mente del hombre más listo y aún se conservaba entera durante ese mes con el pelotón de Gottschalk. Desearán haberla cogido bien cogida mientras la vean correr por la lejanía si el resultado de esta batalla no era el esperado.



Vorobiov ya lo tenía todo más claro en su mente cuando terminó de analizar el asunto por última vez. Miró a la estepa como si esta le chivara cual era la táctica infalible y gritó el nombre de su enemigo mientras no dejaba de mirar a su extraña amante blanca:

   – ¡Gottschalk! –el eco del lugar se hizo memoria rápidamente y absolutamente todos los soldados del lugar le escucharon como si lo tuviesen al lado. Gottschalk tenía una educación de hierro, lo único admirable en ese hombre cegado por sueños de poder, y respondió con una eterna tranquilidad que su rival ruso interpretó y entendió más por el tono y actitud de como contestó que por las palabras en sí:

   – No existe el miedo entre nuestros corazones del mismo color que vuestras ideas –el Sargento Segundo Gottschalk se mantenía firme y recto como una piedra–, sólo la impaciencia por veros mordisqueados por las fauces de mis perros de hierro... por mucha defensa que otorgues, esa táctica solo te traerá el final que pareces ya tener bien asumido...


El Comisario ruso no se dejó intimidar y con la inmutabilidad que se le había otorgado al nacer miró hacia atrás para entrar en contacto visual con el Sargento Maestre, este a su vez, como llamado por una voz invisible miró y entendió el mensaje con perfección de relojero. Que hablando de relojeros, el asunto estaba relacionado con ello...

Los rusos trajeron arrastrando en un principio un enorme y viejo ruido metálico, la interpretación nazi fue de alguna especie de tanque casi oxidado. Pero que sorpresa cuando la mente logró unir piezas al comprobarse que arrastraban varios hombres tras de sí una enorme campana, muy vieja pero a su vez muy bien cuidada. Uno de los hombres de Gottschalk fue llamado por él para comprobar que era aquello, el fiel soldado no supo responder, así que el peso recayó como si realmente fuera dicha campana en la española, la cual ya había comenzado a funcionar sin orden alguna. Al rato pareció deducir algo, tratándose de rusos, solo podía ser algo relacionado con ellos mismos y su bien preciada tierra:

   – Una de las campanas extraviadas de la torre Spasskaya... –dichas palabras de voz femenina llegaron a oídos de Gottschalk, pero no causaron mucho efecto en él, por lo que no quiso seguir indagando y esperó a ver que extrañas ideas tenían en mente sus adversarios. Lo único que pudo entrever en la imaginación es que quizás iban a subirse los ánimos y optimismos con aquella vieja reliquia con un sonido de madre patria blanca y roja en su pureza... eso enfermaba al Sargento Segundo.


El Comisario se percató de la densidad de la inmutabilidad de su adversario actual, cosa que le agradó y que le sacó una sonrisa casi agrietada. Habían posibilidades de sorprender de sobremanera al enemigo. Es entonces que hizo entrada Semión Gavrilovich, alguien que siempre ha estado ahí pero que hasta ahora nuestras limitadas mentes no habían dibujado en la escena de esta pronta batalla en la nieve. Pero no solo a él nuestra mente ignoraba, también su séquito de hombres de vestimenta similar a él, gente que no parecían soldados en una primera vista, y no se equivocaban mucho nuestros ojos. Todo se aclaró de extraña manera cuando todos aquellos hombre incluyendo a su aparentemente bien deducido líder Semión rodearon la reliquia.

El porqué el asunto tiene que ver con relojes lo entenderéis en unos instantes...



"¿...Cantan?" El no salir de su asombro del Sargento Segundo concibió solo una pregunta, en un campo de batalla no te puedes preguntarte mucho. Al parecer tampoco había tiempo de gesticular algún tipo de emoción ante lo que sucedió, como aquel extraño brillo de la campana rusa, un brillo propio que reaccionaba ante las magistrales y bien ejecutadas notas de los cantores de las estepas. "¿Un ritual mágico?" él desde hacía tiempo que había dejado de creer en esas cosas, principalmente por su propia seguridad, ya tenía bastante con lo suyo y sus poderes desde el nacimiento... demasiadas muertes accidentales de niño le habían enseñado con fuego que no había que involucrar más el alma en lo místico o lo que rayos fuera, por el bien de ambos, tanto para él como para el demonio.
Estuvo tentado de ordenar fuego por parte de sus maquinas de guerra, pero la curiosidad, que al parecer si tenía cabida en la guerra, le exigió, que no sugirió, ver aquello y actuar en consecuencia, que puede que fuera interesante y se pudiera aprender de ello. Aunque que arrepentido quedó después de ver el rostro en esa campana que emitía ondas melódicas con solo un vago resonar...



"Efectuado, camarada..." aseguró Semión aunque no hiciera falta pues los resultados eran claramente visibles. Ahí estaba, Vorobiov no le hacía falta haberlo visto jamás para reconocer a ese dios eterno: Cronos, "alguien" de largas barbas y triste mirada. Ahora el dios yacía de alguna manera mortal en el hierro de la campana, formaba e imitaba la forma de la misma de una manera deforme como solo un ente como aquel podría. El Comisario quiso incluso tocar por curiosidad pero sabía que jugar con dioses era la peor idea habida y por haber. Así que ahora que tenían este inesperado arma de su parte, esperó a ver la reacción de su enemigo, no sin antes hacer un gesto que todos sus soldados comprendieron al instante por como se movieron de un lado a otro, incluyendo a los cantores.



Un hormigueo no suele durar mucho, al menos así siempre había sido en el caso de Gottschalk, pero ese extraño presentimiento lo noto muy real y todo debido a como lo estaba empezando a sentir, el como tenía tiempo para analizarlo con una tranquilidad aterradora, hasta su pestañeo era como cerrar los ojos y no saber abrirlos ya que era por instinto inconsciente. "¡Ha ralentizado el tiempo!" maldijo a la vez que confirmaba sospechas y una bala de tanque explotaba cerca de su posición, justamente hacía donde deberían estar sus hombre bien cubiertos. Pero no le hizo falta ver el casco con cabeza incluida volar hacia delante desde uno de los laterales para idear a comenzar un plan con sus poderes; gracias al Führer él tenía una mente ágil por encima de la media y dio ventaja inesperada hacía su enemigo. 



La niebla casi transparente en un principio se alzo desde la nieve, la madre tierra por la que luchaban los rusos parecía mostrarse agresiva sin motivo alguno. Vorobiov reconoció entonces el poder de su enemigo y solo pudo reaccionar a cubrirse él mismo con sus densas sombras, aquellas que al igual que Gottschalk con su condición fueron regaladas sin consentimiento al nacer. El tiempo aún no se ralentizaba lo suficiente y lo supo a la perfección cuando desde su oscuridad que ampara vio a la neblina antes nieve convertirse en una estructura de fino hielo solido que tiñó de color por el que luchaban y mostró las tripas de su hasta en ese entonces compañero Lébedev, que fiel a su superior se situaba a su lado confiando en la victoria que prometió sin tenerla aún en las manos siquiera. Cómo habría deseado haber podido protegerle a él también, pero sus sombras tan densas e incomprensibles le habrían aplastado y ahogado en una muerte igual de terrible. Solo Dios y su patria entendían el porque solo a él mismo protegían sin daño alguno.
Entonces ocurrió algo inesperado, el cantar de los hombres que invocaron a Cronos parecía haberse ido por la reacción de un dios Cronos que empezó a surgir de la campana, estaba ya a medio cuerpo cuando algo le impidió mostrarse del todo, creando así una horrible imagen de dios deforme en una campana. Unas cadenas respondieron a dichas preguntas, las cuales surgían también de la superficie del artefacto y parecían anclar al dios en su lógica. Aún así no fue impedimento para ver horrorizados los pocos supervivientes de esa peculiar masacre de vapor el como devoraba un cadáver cercano, todo con una enorme y deformada boca que decapitaba y mutilaba aquel ser traspasado por hielo recién rojo.



La española lo vio, como así aseguraría más tarde a compañeros de trabajo de reportajes, lo que le hizo deducir que Cronos no era la primera vez que visitaba nuestro mundo, e incluso se aventuraba a acertar con la época como lo eran los principios del Siglo XIX. Su cuerpo se estremeció y su cordura mermó unas décimas, unas lágrimas limpiaron en parte la imagen aún mental que se reflejaba, aquella de un ser encadenado luchando por extraños motivos divinos que devoraban cadáveres rojos, mutilaciones procedentes del paraíso y de lo más profundo de la mente. Quiso vomitar, pero el mareo le impedía apenas razonar y su instinto tomo control entonces, moviendo a sus piernas hacia una dirección que le llevara lejos de aquel horror, bien lejos también del descabezado y cruel suboficial y de su enemigo a la altura.
Por fin pudo sentir una corazonada de salvación y arrodillarse contra el suelo, para dar paso a una vomitona liberadora provocando más lagrimas que lograron limpiar al final lo indescriptible. La bilis liberada se juraría que era negra como aquella noche, como si hubiese liberado algo maligno  como lo pudiera ser aquella imagen, pero la mente de la chica no quiso asimilar más. Luego siguió andando un poco más y terminó por caer al suelo sin fuerza alguna quedándose boca arriba. El oscuro cielo le hablaba con borrosas visiones de puntos brillantes que parecían mecerse en olas turbias. Su mente divagó ajena de aquella batalla...

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