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2 min
Desaforado y como con bronca
Reflexiones |
09.08.15
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Sinopsis

La transformación de Jakarta en una megalópolis hace tabla rasa de las tradiciones

Finalizado el coro de muezzins llamando a la oracion del al-fajr (el alba), que se extiende levemente por todo Jakarta como un manto sonoro desplegado por miles de mezquitas repitiendo la rutina cotidiana que acompaña el amanecer, el viejo imam inicia su furibundo reclamo a viva voz, amplificado por los altoparlantes de su musholla, desaforado y como con bronca. Hace 2 años que vivo aquí, y siempre alrededor de las 5 de todas las mañanas, asisto involuntariamente, casi siempre desde la cama, a la misma ceremonia. Durante 10 minutos el anciano repite enérgicamente la misma frase, las mismas 4 palabras. Paralelamente, la vieja Jakarta de las arboledas y los kampungs donde todos los pobladores se conocen, la de los rios limpios y las casas bajas, la del silencio sólo interrumpido por los pájaros, va siendo arrasada por la mole de cemento, acero y vidrio poblada de inmigrantes anónimos, el ronronear incesante de millones de autos y motocicletas, los shoppings extravagantes y los ríos contaminados. La vieja ciudad pueblerina donde las tradiciones y castas eran respetadas, donde se sabía de la cuna a la muerte a quién obedecer y a quién mandar, donde la voluntad paterna era indiscutible, ya sea para elegir la cena de la familia, arreglar matrimonio o designar el futuro profesional de sus retoños es barrida progresiva pero rápidamente por la urbe inmunda donde hijos e hijas eligen a sus compañeros por sí mismos, donde parias y jóvenes tienen ambición de mando, donde el orden se establece cada vez menos por la cuna que por el dinero, donde la canalla es cada vez más numerosa.No resulta entonces extraño que el viejo inicie la rutina matinal, pecho frío inhiesto, rezando desaforado y como con bronca.

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