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12 min
DESDE LA MIRILLA. Parte 2 Final.
Terror |
15.07.15
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Sinopsis

Una pequeña ventana con vistas al miedo.

Abrió la puerta lentamente... Su corazón comenzó a palpitar con rapidez. Asomó la cabeza y miró hacia la izquierda, hasta donde empezaba la escalera. La tenue luz de las farolas de la calle, que entraba por la ventana situada a la derecha del pasillo, le permitió comprobar que no había nadie. A cada lado del corredor había tres puertas, la suya era la del centro de la parte derecha, según se viene de la escalera. Observó que la puerta de su vecina Yurena, una chica joven que vivía sola, estaba entreabierta lo suficiente, como para poder apreciar una luz encendida en el interior procedente del salón. Su apartamento era el más próximo a la ventana por donde entraba la claridad de la calle, al final del pasillo.

Dejó su puerta a medio cerrar, por si acaso tenía que volver corriendo. Caminó medio agazapado hacia la puerta entreabierta de Yurena, con el ritmo cardíaco percutiendo aceleradamente en sus oídos, mirando de reojo hacia la escalera oscura y con mucha inquietud por lo que pudiera haberle ocurrido a su joven vecina.

Abrió poco a poco, miró en el interior pero no captó ningún movimiento. Dejó la puerta como la había encontrado, sin cerrar del todo. Percibió una mezcla de olores que no pertenecían al ambiente de un domicilio normal. Logró identificar uno de ellos gracias a las visitas que hacía de niño a la granja de su abuelo paterno. Sin duda en el aire de ese apartamento flotaba un fuerte hedor a animal. Concretamente, olía a cabra. Había otro aroma..., éste lo tenía más reciente en su memoria olfativa, lo acababa de oler en su apartamento hacía unos minutos, es más, aún lo seguía oliendo... Había quedado impregnado como un perfume en su mejilla, y provenía de la herida abierta en la ceja. Se trataba, sin ninguna duda, del aroma metálico de la sangre.

Avanzó hasta el salón. Su mirada se paseó despacio por la estancia, había una mesa baja de cristal, detrás, un sillón de piel de dos plazas color marfil y a cada lado de éste, un sillón individual de las mismas características. Observó que encima de la mesa había un tablero de ouija. Recordó que cuando bajó al portal a despedir a Noelia la tarde anterior, llegó Yurena con tres personas más, se saludaron, y su vecina les propuso tomar algo en su apartamento. Noelia se excusó, pues tenía que cenar con sus padres, y él aseguró que no se encontraba en las mejores condiciones, ni físicas, ni psíquicas, ni anímicas, a causa del maldito insomnio

-¡Si os animáis, después de cenar nos haremos una guija!- Les comentó Yurena.

El estado mental de Moisés en el momento de la conversación, semejante a tres resacas juntas, sólo le permitía recordar vagamente algunos pequeños detalles. Recordó que Noelia les dijo que a ella le daba mucho miedo todo lo que tuviese que ver con los espíritus. Ahora, en el salón del apartamento de Yurena, al mirar el tablero del siniestro juego, sintió escalofríos.

-¡Yurena..!- Gritó en voz baja. -¡Yurena..! ¿Hay alguien...?

Se dirigió a través de un pequeño pasillo hacia la habitación de la chica. La luz estaba apagada. Palpó la pared por dentro y encontró el interruptor, lo accionó y la estancia quedó iluminada. El rostro de Moisés se descompuso, sus pupilas se dilataron, sintió angustia, notó arcadas, se tapó con una mano la boca y con la otra se sujetó el vientre. Dió media vuelta, inclinó el cuerpo y vomitó... Vomitó parte del horror que esas dilatadas pupilas acababan de transmitir a su estómago. El horror restante, iba empapando rápidamente su cerebro para seguir atormentándole. El cuerpo de Yurena yacía boca arriba en su cama, atada de pies y manos formando una equis. Sólo llevaba puesto el sujetador. La desnudez de sus partes íntimas, dejaba ver claros signos de una brutal violación.

Las sábanas guardaban el calor y el rojo de la sangre que ella había perdido, y las paredes se veían salpicadas por las pinceladas púrpuras e incoherentes, de un pintor con rasgos paranoicos. Tenía la garganta seccionada, y en el vientre, aparecía tatuada a cuchillo una estrella de cinco puntas invertida. Era claramente una invocación... Una puerta abierta al "Maligno".

Las piernas de Moisés perdieron fuerza y cayó con las rodillas y las manos sobre el suelo mientras tosía con fuerza.

-¡¡Dios... Dios Santo..!!- Acertó a balbucear.

Se limpió la boca con el dorso de la mano. No se atrevió a volver a mirar la espeluznante escena. Desde el suelo alzó la vista hacia la ouija. A su mente vino parte del final del encuentro con Yurena y sus amigos en la calle.

-¡Tened cuidado con estas cosas, las carga el diablo!- Les dijo en broma Moisés.

-Sólo haremos preguntas tontas...- Informó divertida Yurena.

-¿Cuándo encontraré al hombre rico y guapo de mi vida?

-¡O que nos ponga en contacto con el espíritu de John Lennon!- Añadió un compañero.

-¡La podemos preguntar por la existencia o no de Dios!- Comentó otro.

-¡O... si existe el Diablo!- Soltó de repente Yurena con un tono profundo, místico y frunciendo el ceño.

Moisés recordó que todos se rieron.

-¡Estáis locos!- Acabó diciendo Noelia con tono divertido.

Después, los cuatro jóvenes entraron al portal, mientras sus voces y risas se perdían poco a poco conforme se alejaban de Noelia y Moisés por los pasillos del edificio.

¡O si existe el Diablo..! La frase se repetía como un eco en la cabeza de Moisés. Tuvo un presentimiento sobrecogedor. La adrenalina le permitió recabar fuerzas para levantarse y acercarse a la mesa de cristal. Como se temía, el marcador de la ouija, en su último movimiento, había quedado parado en la casilla del tablero con el signo positivo. Si en realidad hicieron la pregunta, la respuesta estaba clara. ¿Existe el diablo..? La ouija contestó... ¡Sí!

Fuera un embajador del mismísimo infierno, o fuese Satán en persona, el ser que había cometido semejante atrocidad, definitivamente... no era de este mundo. Pensó Moisés. Sacó el móvil del bolsillo para llamar a la policía. Ahora los motivos si estaban justificados, denunciaría un brutal asesinato, y los demás detalles..., quedarían para él.

¡Clac...clac...clac...clac..!

De nuevo el sonido de los escalofriantes pasos. Los orificios nasales de Moisés se dilataron en el acto. Dejó de respirar para dejar que trabajara únicamente el sentido del oído.

¡Clac...clac...clac...clac..! El claqueteo de las pezuñas sonaba lejano, pero su cadencia iba progresivamente en aumento. Esa bestia estaba subiendo las escaleras... Y lo hacía deprisa.

-¡¡Hijo de puta...!!- Gritó con impotencia apretando fuertemente los puños.

El angustioso claqueteo de las pisadas se amplificó dentro de su cabeza, mezclándose con los latidos acelerados de su corazón, un bombeo de sangre excesivo y molesto en las sienes, y el creciente terror ante lo que le esperaba si no pensaba con rapidez...

Y pensó que lo mejor sería llegar hasta su apartamento, donde se sentiría más seguro, y una vez allí hacer una llamada de auxilio a la policía.

Corrió hacia la puerta como nunca antes había corrido. Las pisadas cada vez se oían más cercanas... Tenía que darle tiempo a alcanzar la puerta de su apartamento antes de que esa criatura terminase de subir las escaleras y llegara al pasillo.

¡Clac...clac..!

Los pasos cesaron. Moisés avanzaba a toda prisa cegado por el miedo. Llegó a la puerta entreabierta del apartamento de Yurena. La abrió y....

Se paró en seco. La bestia se encontraba parada justo delante de él. Apenas les separaban un metro y medio de distancia. Podía oler su aliento agrio.

Cuatro segundos... Cuatro eternos segundos manteniéndose la mirada.

Cuatro segundos durante los cuales Moisés, con la cara petrificada, la boca abierta y los ojos vidriosos, pudo sentir la salvaje y amenazante mirada de esos penetrantes ojos de color ámbar sobre él, a la que acompañaba con una sonrisa abierta que dejaba ver cierta satisfacción y unos dientes descolocados y amarillentos. El híbrido de hombre y cabrito frunció el ceño y sus cejas se juntaron en forma de uve por encima de la huesuda nariz… Dispuesto a atacar…

Cuatro escasos segundos, en los que Moisés pudo observar que debajo de la capa abierta, la bestia llevaba el torso desnudo poblado de vello marrón y canas beig. No tenía ombligo. La criatura que tenía delante no había nacido de ninguna mujer terrenal. A partir de la cintura hacia abajo, le nacía pelo animal también marrón, que abrigaba sus patas musculosas de cabrito, pero no llegaba a cubrir un gran falo protegido por piel negra y curtida. En la mano derecha, dotada de unos dedos fuertes, con uñas negras, pétreas y largas, apretaba firmemente el mango de un inmenso cuchillo, cuya punta amenazante, le señalaba directamente a él.

Cuatro segundos, tras los cuales, Moisés cerró de un portazo. Corrió sollozando y en estado de shock hasta el baño, cerró la puerta con el pestillo y colocó una silla detrás haciendo tope con el pomo. Se sentó en el excusado y abrió la tapa del móvil. Afuera, se oía cómo esa bestia pateaba la puerta sin cesar con la fuerza de un caballo. Intentó que sus dedos nerviosos se pusieran de acuerdo con el cerebro para dar con las teclas correctas del número de teléfono de la policía. Esperó impaciente durante tres tonos. Escuchó cómo alguien descolgaba al otro lado.

-¿Hola....hola...? ¿Me oye...?- Nadie respondía. -¡Por favor... es una emergencia..! ¡¡Dios..!! ¿Alguien me escucha..?

-"¿Ya lo sabéis Moisés...?"- Preguntó una voz que parecía venir de los infiernos. -"¿Vuestras dudas se han resuelto y os habéis dado cuenta ya de la verdad..? ¡Porque... el... Demonio... existe!"- Se escuchó una risa espeluznante, como un graznido continuado. -"¡Vas a tener una noche divertida , digna de un fisgón entrometido como tú! Además..., te acompañará la simpática Yurena... ¡Que lo paséis de miedo chicos..!

Moisés arrojó el móvil al suelo, lo pisoteó rabioso y desesperado.

Los golpes pateando la puerta no cesaban, cada vez más fuertes, astillando poco a poco la madera.

¡Moisés... Moisés¡- Escuchó gritar a la  criatura.

Acurrucado en un rincón del servicio, llorando, cerró los ojos con fuerza, se tapó los oídos con las manos y su cuerpo comenzó un movimiento de vaivén de delante hacia atrás, con la razón perdida, abandonado a su suerte, sin fuerzas para intentar luchar. A partir de aquí, sólo escuchaba como una especie de ecos lejanos. Los golpes, el crujido de la puerta al romperse, los gritos pronunciando su nombre... Todo, quedó envuelto en una amalgama de sonidos que parecían venir desde otra dimensión. Notó que le agarraban fuertemente por los brazos. No se atrevió a mirar de nuevo a los ojos de esa bestia asalvajada y sedienta de sangre. Ya ni siquiera le importaba morir. Sólo quería acabar con ese sufrimiento . Cuanto antes.

-¡Moisés... Moisés..!

Abrió lentamente los ojos... La luz del día iluminaba la estancia. La televisión estaba encendida y él, se encontraba sentado en su sillón de cuero negro, con las piernas estiradas sobre la mesa baja. Noelia, arrodillada a su lado, le zarandeaba sujetándolo por los brazos.

-¡Moisés... Moisés... Cariño¡ ¿Te encuentras bien..?

Él, la miró a los ojos, ausente, sin articular palabra. No acertaba a discernir si lo real era lo que acababa de vivir, o era lo que estaba viviendo en ese momento.

-¡Llevo más de diez minutos llamando a la puerta como loca y de todas las maneras posibles, con el timbre, con los nudillos, a puñetazos..! ¡Hasta que he recordado que Yurena tenía una copia de la llave de tu apartamento!

Noelia se volvió hacia ella. Estaba situada justo a su espalda. La joven le saludó con una sonrisa, pero con gesto preocupado.

-¡Gracias a ella he podido entrar. Al ver que no abrías me he preocupado por si te había pasado algo!

Moisés casi no la oía, sólo la miraba. Lo único que sabía era que mirarla a los ojos le producía una maravillosa sensación de sosiego interior, un placentero estado de relax, como si se hubiera tomado alguna droga, y estuviese bajo sus efectos en ese momento. Sus comisuras empezaron a temblar visiblemente, y los ojos fijos en los de Noelia se humedecieron. Ella le acarició la mejilla justo un segundo antes de que una lágrima brotase del ojo de Moisés y mojara su mano. Le abrazó con un cariño casi maternal.

-Pero.. ¿qué te pasa mi amor..?

Se volvieron a mirar. Moisés sintió unas irrefrenables ganas de reírse a carcajadas.

-¿Qué hora es?- Quiso saber.

-¡Las once y diez! ¡Vamos a llegar tarde a la prueba del sueño!

Noelia le colocó el cabello. Él, sonriendo a su chica comentó:

No hace falta... ¡Creo... que he dormido..!

 

Nota del autor: Cualquier parecido de la diabólica criatura con Angela Merkel, es pura coincidencia.

       

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