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4 min
Desengaño
Drama |
18.10.14
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Sinopsis

Mario se preparó un gin-tonic disponiéndose a bucear con su ordenador portátil en la inmensidad de la red buscando una puta que consolase su vacío como hombre. Tras diez años juntos, su matrimonio con Raquel había fracasado.

Mario se preparó un gin-tonic disponiéndose a bucear con su ordenador portátil en la inmensidad de la red buscando una puta que consolase su vacío como hombre. Tras diez años juntos, su matrimonio con Raquel había fracasado. La pasión con la que inauguraron su unión se había diluido por culpa de la rutina y la escasez de sexo, cada vez más ocasional y repetitivo según juzgaba Mario. La ausencia de ella por las tardes debido a un nuevo trabajo acrecentaba su vacío. Ahuyentó estos pensamientos con un largo trago a su bebida y se concentró en la búsqueda de la prostituta con la que esperaba colmar su olvidada virilidad. Su mirada se detuvo en un explícito anuncio: Carla, veintiocho años, salvaje y fogosa. «Vaya par de mamellas, está tremenda la zorra esta» se dijo Mario con regocijo a si mismo mientras meditaba si se quedaba con ella. No le convenció lo suficiente, de modo que siguió examinando más anuncios. El que más llamó su atención rezaba: Susana, treinta y cinco, modosita y ardiente. La fotografía que lo acompañaba mostraba parcialmente de espaldas a una mujer de pequeña estatura, con nalgas prietas y unas piernas bien torneadas. Mario se decidió por ella sin saber muy bien por qué. Le recordaba de forma ambigua a Raquel, y le excitaba la idea de acostarse con otra mujer diferente pero sin embargo parecida a ella. Llamó al número que figuraba en el anuncio y concertó la cita para esa misma tarde con la madame que regentaba el piso en el que Susana ejercía de meretriz.

          Mario se arregló con presteza para la ocasión. Tras un breve afeitado y una relajante ducha de agua caliente, se puso unos desgastados vaqueros azules y un polo marrón comprado de oferta en unos grandes almacenes. No quería llamar la atención una vez saliera a la calle. Terminó de acicalarse y cogió el autobús hacia el burdel situado en el ensanche de la ciudad, camuflado en un moderno bloque residencial. Antes de entrar en el portal, se miró por última vez en el reflejo de su teléfono para comprobar que estaba listo y llamó al porterillo. Le abrieron casi al instante, entró, y subió rápidamente las escaleras hasta la segunda planta. Cuando llegó al rellano del prostíbulo clandestino la puerta ya estaba entreabierta. La madame le hizo pasar, le explicó las normas del establecimiento que dirigía y le cobró los cien euros que costaba el servicio.

          -¿Le gustaría tomar algo mientras Susana se prepara para usted? -. Le preguntó la madame.

          -No gracias… bueno sí. Un vaso de agua por favor -. Dijo Mario con la boca seca intentando detener el súbito nerviosismo que se había desatado en su interior. Era la primera vez que se iba de putas en su vida, y también iba a ser su estreno como marido infiel.

          La madame regresó con el vaso de agua, que Mario se bebió en dos tragos, y le pidió que la acompañara a la habitación de Susana. Recorrieron un breve pasillo y llegaron hasta la entrada de la estancia. Se despidió de él con un último recordatorio:

          -Esta es la habitación de Susana. Ha contratado usted una hora. Cuando se acabe el tiempo sonará un timbre y tendrá que abandonar el cuarto.

          Una vez ella se fue, Mario inspiró con fuerza y abrió la puerta. Su mundo se hizo añicos nada más atravesarla. De pie en el centro de la habitación se encontraba Raquel, semidesnuda, que le dirigió la misma mirada incrédula. Igual que estatuas, boquiabiertos y aturdidos, permanecieron frente a frente durante lo que pareció una eternidad. Sintiéndose engañados el uno por el otro, se preguntaban a sí mismos como había desembocado su matrimonio en semejante farsa.

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¿Sobre mí? Bueno, qué decir..... soy un veinteañero tardío con muchas inquietudes. Me encanta escribir desde que era pequeño, y con mucho esfuerzo y sacrificio voy logrando pequeños éxitos en este mundillo. Escribo principalmente relatos cortos, pero tengo siempre presente la meta de publicar mi primera novela en un plazo no demasiado largo. Soy de los que prefieren ver el vaso medio lleno a todo. Intento disfrutar al máximo cada día que pasa (o al menos que no sea tan malo). No sé qué es lo que me deparará el mañana, lo importante es el ahora. Y muy gustosamente compartiré "mi ahora" literario contigo, lector/a.

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