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4 min
Desesperación
Suspense |
04.01.14
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Sinopsis

Un relato que escribí hace algún tiempo...siempre me ha interesado hasta dónde puede llegar la mente humana cuando está sometida a algún tipo de presión, amenaza, etc. Locura, desesperación...(Los que me lean ya se habrán dado cuenta) En éste caso, está inspirado en algo que me ocurrió.

Llevaba una semana sin dormir por culpa de aquel molesto sonido. Los ojos se le habían hundido, aflorando al mismo tiempo unas descomunales bolsas oculares que le daban la apariencia de algún personaje sacado de la ciencia ficción. El cansancio se había vuelto insoportable: los últimos días se mareaba cada vez que intentaba hacer cualquier esfuerzo, por mínimo que fuera. Como aquel día que fue a coger una caja de leche de la despensa y por poco se le resbala de las manos. Ya no tenía fuerzas para casi nada; únicamente para trasladarse del sofá a la cama pero, una vez allí, permanecía en vela casi toda la noche por culpa del incesante ruido.

Se preguntó en varias ocasiones por qué no había llamado a la policía desde el primer momento. Pero pronto desechó la cuestión, puesto que él, se decía, era un vecino respetuoso, y no quería llamar la atención ni crear altercados. Sin embargo tendría que haber una solución. Su paciencia, infinita y admirable según habían reconocido algún conocido suyo, estaba empezando a llegar a su fin.

Había momentos, los cuales llegaban a durar tan sólo segundos, en los que tenía pesadillas. Últimamente se le estaba repitiendo la misma, una y otra vez. Pero no, habíamos quedado en que él era un vecino respetuoso, por favor, faltaría más, quítate eso de la mente. Sin embargo…

El séptimo día no pudo aguantar más. Justo a la misma hora de siempre, a las 07:15, momento preciso en el que empezaban a asomar los primeros rayos del sol, comenzó el ruido. Con los ojos entrecerrados todavía por el cansancio, - por eso y porque las bolsas casi le impedían que los abriera -, bajó las escaleras, entró a la cocina para coger un cuchillo, y salió a la calle, aún con el pijama puesto.

Tan sólo tenía que cruzar la acera, para encontrarse con la casa de su vecino. Por fin se acabarán los ruidos, a partir de ahora me dejarás dormir, jodido cabrón. Valiéndose de su escasa reserva de fuerza, cogió impulso y dio un salto para traspasar la valla de la casa.

Y ahí estaba él. La razón de sus desvelos, de su semana fatídica. Al buen vecino, al de la paciencia infinita, se le habían acabado tanto la paciencia como la bondad. Su rostro, que ya de por sí estaba desmejorado (al asunto de los ojos había que añadirle el desaliñado pelo totalmente revuelto y la descuidada barba), se había transformado en la de un auténtico monstruo, en el que la rabia y la sed de venganza bullían de forma desmedida.

Ya te tengo, pequeño cabrón. Puto gallo de los cojones.

Se acercó al indefenso animal, que ahora no emitía ni un mísero silbido (seguramente sabría que algo no andaba del todo bien; a través de sus ojos de gallo también reconocía a los monstruos), y lo agarró por el pescuezo. Con la otra mano acercó el cuchillo y, de un rápido movimiento, se llevó la cabeza por delante.

Canta ahora, maldito hijo de perra.

Durante unos segundos observó los últimos retazos de vida del animal, sorprendentes impulsos nerviosos que le daban un aspecto siniestro a la escena, ya de por sí bastante sangrienta. Pero en algún lugar de su interior, seguía el vecino bondadoso. Realmente, la culpa de todo la tenía su vecino, que había sido al que se le había ocurrido la brillante idea de tener a un gallo como animal de compañía en un tranquilo vecindario. Así que retrocedió, dejando que el gallo pudiera ir al cielo de los gallos sin necesidad de llevarse más insultos consigo.

Nuestro hombre volvió a entrar en casa, y se dirigió directamente a la cocina, para limpiar el cuchillo y sus manos de la sangre derramada, que no había sido poca. Subió lentamente a su habitación, como un verdadero zombi. Ahora sí que había agotado todas sus fuerzas.

Se dejó caer en la cama y, dando un último suspiro, comenzó a entrar en un placentero sueño.

Sin embargo, minutos más tarde, un molesto sonido comenzó a repetirse en su cabeza. El sonido del canto de un gallo.

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  • Llegué a pensar que iba a matar a su vecino de en frente. Gran final. Pero, por cierto ¿le cortaste el cuello al gallo o eso ya no forma parte de la realidad? Te seguiré leyendo. Un saludo.
    Por un momento creí que la víctima no era un gallo...menos mal, este era el menor de los males.Se decribe perfectamente la situación de desesperación que atormentaba al protagonista.Estoy con Delito , un caldito antes de acostarse, ya que lo había hecho, le hubiera ayudado a descansar..jejejje
    Realmente, hay algunos vecinos que tienen ideas curiosas sobre que tipo de animal de compañía es el más adecuado. Un relato entretenido y con ciertas dosis de suspense alrededor del tenebroso laberinto en que a veces se convierte la mente humana, todo un universo por descubrir. Un buen relato, en suma, aunque no a la altura de algunos otros que te he leído. Saludos y Buen Año, Alex.
    Se entrevee la influecia de Poe y su Corazón Delator y me gusta, por que Poe siempre me ha parecido un escritor adelantado a su época, pasarse borracho casi todo el día es lo que tiene, que te hace viajar al futuro o donde quieras. Felicidades amigo Alex por un relato en el que si cambio el gallo por un perro me he sentido plenamente identificado, no liquidé al perro, pero si me planté en casa del vecino a las 4 de la madrugada y tuvimos unas palabritas, un saludo y que los Reyes Magos te traigan más relatos como este.
    Comprendo perfectamente a ese vecino respetuoso, comprendo que perdiera la paciencia, comprendo que perdiera la cabeza y que por ley de talión se cobrase la del gallo, pero no comprendo los remordimientos, comprendería mejor un caldo.
  • Breve reflexión sobre las relaciones personales actuales

    La escritura del alma nunca podrá borrarse.

    Humilde y breve reflexión sobre la vida.

    Es curioso lo que puede llegar a hacer la música. Llevaba más de año y medio sin escribir absolutamente nada. De pronto eschuché LA canción en EL momento idóneo y los dedos comenzaron a moverse solos.

    Una escena que pudo darse o no, allá por los años veinte.

    Hace unos meses visité el Museo del Prado y, de entre todas las obras de arte, hubo una que me llamó bastante la atención. Este relato está inspirado en lo que me transmitió aquel cuadro que, incluso meses después, me sigue conmoviendo.

    La curiosa visión del amor de Tío Alberto.

    Un relato que escribí hace algún tiempo...siempre me ha interesado hasta dónde puede llegar la mente humana cuando está sometida a algún tipo de presión, amenaza, etc. Locura, desesperación...(Los que me lean ya se habrán dado cuenta) En éste caso, está inspirado en algo que me ocurrió.

    Hay cosas que significan tanto que hacen que la distancia se acorte. Dedicado con todo mi cariño a una de las personas más importantes de mi vida y a un pequeño granujilla, aunque él no podrá saberlo.

    Inspirado en algo que me contó mi abuelo hace ya algunos años. A él le dedico esta historia.

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