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18 min
DESPEDIDA
Varios |
05.05.12
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Sinopsis

Para despedirme por un tiempo

Es tarde. Conscientemente sé que es tarde, a punto de amanecer. Aunque ningún rayo de sol cegó mi vista, es tarde. ¿O demasiado pronto? Aunque no sienta un ápice de calor en todo mi cuerpo, es tarde. A pesar de que lo único que sienta sea mi propio espíritu. Sé que es tarde: está a punto de amanecer. Pero a punto de amanecer, ¿es tarde o temprano? Todo depende de un simple punto de vista. Y aunque no tenga tiempo para poder pensar en ello, si lo he hecho. Deben ser los nervios. O deben de ser las toneladas de cinismo que sin dejar hueco para otras supuestas cualidades rellenan mi exhausto cuerpo. Y este es otro punto de vista, el mío. Cuántas veces uno siente la soledad como única compañera sólo por tener un punto de vista que otros ni comprenden ni lograran entenderlo.

Marcho fruncido, como si usted se cruzara por ese paso de peatones a un feto guiado por su cordón umbilical. Las rodillas crujen como ramas secas a cada largo paso que doy, no guiado por nada que acorte mi camino, pero si encogido. Suponga que mí cinismo pesa todavía más de lo que imagina. La rapidez con la que cabalgo provoca que el manso aire de diciembre golpee heladamente sobre mi cara, provocando que el siempre dichoso hilillo de mucosidad comience a brotar con lentitud, pero sin pausa, colgando después por ambos agujeros de la nariz. A pesar de ello, la incomodidad y el nerviosismo que produce tal incoloro y pegajoso riachuelo, soy incapaz de quitármelo de encima, y menos todavía sonarme pues podría producir cualquier inoportuno ruido. Digo inoportuno porque no existe voz ni aullido a mí alrededor más fuerte que el golpear de los zapatos con el suelo. Tal vez las rodillas... No sé si por el frío, o la hora, pero ninguna alma, ente benévolo, espíritu o persona que se precie deambula por la calle. Y aunque no me incluya en el listado anterior, el mundo se presenta ante mí en solitario. (¿Y si "ESO" que te acecha sigilosamente, con sumo cuidado y terrorífico silencio, cual depredador ante presa fuera la causa de tal repentino vacio?).Esta vez no lo he pensado, me lo pregunto directamente y aprovecho para contárselo. Porque unas calles más atrás repare en que algo no me perdía de vista. Y deduje que me perseguía, pues como ya sabe, soy el único y último ser que habita este maldito mundo. “¡No, no eres el último!”, (Me dicen), pero es asunto tuyo. Deduzco que por eso estoy solo.

 

A cada paso que doy avivo el ritmo, continua progresión. Aún no sé si quiero llegar antes o perderlo de vista lo más rápido que pueda. Pero instintivamente aumento el ritmo. No entiendo porque voy a llegar tarde, tengo un nudo en la garganta por esta razón. ¿Vas más rápido porque llegas muy tarde? Una fuerte tiritona recorre eléctrica todos los huesos. No entiendo porque "ESO" me acecha. A mí, a quién sino. ¿Vas más rápido porque "ESO" te persigue? La tiritona se convierte en escalofrío. Pienso cual de las dos causas es la razón por la que huyo, pero la mente se queda en blanco. No encuentro ninguna razón. No puede ser... Ahora, y sin querer pienso cual de las dos me produce mayor temor. ¿Terror...?, Que nadie me exija llegar pronto, y se enfurezca porque hice lo contrario; o que "nada" me persiga como si fuera  su desayuno. ¡Pánico!.  Sin volver a querer pero sin poder evitarlo pienso en las consecuencias de ambos casos: que nadie se entere de que he llegado tarde, o que "nada" logre atraparme. Y me estremezco, la sangre sube con tal virulencia por mis venas que me hace soñar una expansión brutal de mi cuerpo. Si la locura conocida tuviera un comienzo conocido, tal vez lo esté experimentando en este momento. Pero por ahora, conscientemente, aumento de nuevo el ritmo.

Si usted me compadeciera se preguntaría que porque me preocupo, si realmente "nadie" me obliga a nada, ni "nada" me esta persiguiendo. Pero no tengo una respuesta a tal observación, ni cabal ni imaginada, el caso o el problema es que huyo de mi muerte para acudir a mi tumba. Y esa horrible lucha que sucede en mi cabeza me está sumergiendo en un fangoso caos.

El vaho, casi fuego, que sale de mi boca se reparte entre el ahogo de mi conciencia y el aliento del miedo. Un miedo, pánico, que evita que la mente se serene y actué como tal, pausada y reflexiva, maliciosa según quien, y que en contra de mi voluntad oprime el corazón por zancada que doy. Muero a cada paso. Aún así, cada vez voy más rápido. Y tú dirás que cada vez muero más rápido. Realmente no sé cuanto tiempo lleva siguiéndome, pues aún no me he girado para verlo ni ahora me acuerdo desde que tiempo inmemorial lleva haciéndolo. ¿Y cómo sabes que "algo" te está siguiendo?, Me pregunto, y supongo que usted también. Porque lo sé. Porque lo siento. Porque ni siquiera es una corazonada, simplemente es verdad, y por detrás viene galopando para demostrarlo. Pero no hace falta que me demuestre nada, sé que ahí viene, al acecho. Giro rápido las esquinas, que alivian fugazmente la ansiedad que me desborda, para segundos después volver, notando que "ESO" también ha girado y no ha perdido mi estela aumentado más si cabe mi raudo, pero sigiloso paso. Doblar la esquina ha supuesto un poco de oxígeno a mis neuronas, y estas en un acto de desesperación me dicen que no es la primera vez que me sigue. ¿Pero es que no recuerdas cuando?, Por supuesto tendría que habérmelo cruzado, en un hipotético choque frontal, cuando debía perseguir a otro desalmado ser. No quiero pensar que habrá sido de ese cuerpo, ni me importa. Ese es su problema. (A pesar de mi pesadilla, el cinismo siempre engorda... y ralentiza levemente mi paso. Y pido perdón, a esa alma desgraciada, a todas las personas a las que alguna vez ofendí, pegue, insulte, deje en evidencia, aplaste, engañe y volví a ofender. Como si este raudo y obligado, a mi pesar, arrepentimiento aliviara mi pesada carga recobre ese leve pero inoportuno paso que antes perdí. Pasan rápidas las caras de todas aquellas personas de las que me he acordado y pedido cura, y estas, atormentadas por mis actos pero sonriendo a mi desgracia van gritando, gimiendo o escupiendo su perdón: ¡te lo mereces!, ¡Es lo que te has ganado!, ¡Te jodes, cabrón!.... "Tal vez sólo quiera presentarse", me susurro sigilosamente, "saber de ti, preguntarte algo, puede ser que necesite tu ayuda y le estés huyendo sin ningún motivo", me rio. "Y qué quieres, que me detenga para comprobarlo, ¡estás loco!", Me insulto, me humillo, me desprecio a mí mismo porque a veces pienso que soy el único culpable de mis atormentadas penurias. Y aumento el paso. No tengo ganas de comprobar absolutamente nada, hoy no, ahora no, aún no.  No soy de esos tipos que antes de que se den cuenta ya se están muriendo. Ahora no, aún no.

¡Creo que se acerca!, O... puede que sean mis propios pasos, no lo sé pero cada vez son más fuertes y penetrantes, como piedras golpeando en pared metálica. Todo está frío y oscuro. En vez de amanecer de una puta vez creo que el tiempo corre al revés, alargando mi odisea y dilatando mi angustia. Me pregunto si el vacio será igual que mi alrededor. Solitario, frío y oscuro. Alguien diría que estoy describiéndome. Y ese alguien se acercó antes a mi cara, escupiéndome su venganza. ¡Qué razón tienes! Me aproximo raudo al final de otra calle, una de tantas. Desgraciadamente, aunque eso lo descubriré poco después, creo que el dichoso alumbrado ha dejado de llamarse así. La tenue iluminación va apagándose paulatinamente, curiosamente a la par que mi esperanza, como si la vida que me sujeta dependiera y fuera extensión de la claridad con la que mis ojos puedan distinguir el horizonte. Tenebroso horizonte. Me acerco a la esquina que decidirá mi futuro, cual César. "Piensa, piensa. Tantas malas ideas han acabado con el poco de cordura que necesitas". Pienso, pienso... ¡Tengo que huir, tienes que correr! Al cruzar la calle correrás como nunca has corrido en toda tu asquerosa vida, como si ella misma dependiera de tus piernas. Autoayuda, auto insulto. La respuesta es la lógica y la decisión esta tomada...

El miedo atenaza pero da dosis de increíble valor. Es la mejor terapia para la lucha. Cierra la mente, la enfurece y la vuelve loca, pero da rienda suelta a lo mejor que cada uno posee. Descubres acciones que ni uno mismo hubiera creído tener. Te vuelves invencible. Todo se vuelve instintivo. La supervivencia es instintiva. El más cobarde de los humanos será el único victorioso, el mejor, el que vive para contarlo. Donde el mayor y más valiente de los guerreros ha fracasado la cobardía sale victoriosa... Pero ser cobarde sin llegar a saber lo que es el miedo, sin saborear esa terrible opresión en el corazón, el estallido de las venas, la ceguera y la ira, es poseer prematuramente la ansiedad y la desesperación. Es la perdición. Autodestrucción. Pero yo huyo. Huir para vivir. ¿Es eso cobardía?

La esquina se encuentra a pocos pasos,  ya estoy preparado. Siempre lo estuve para morir y ahora me dispongo a luchar por lo contrario. Solo así. Saco lentamente las húmedas manos de los bolsillos, no sé si para correr mejor o para que "ESO" no me vea correr como un palurdo. Y qué más da. Pensar en algo, incluso antes de hacerse una pregunta, se salda generalmente con la propia contradicción, en la que uno mismo se sitúa entre la espada y la pared. Y acaba, como siempre, en la angustia que ahora mismo tengo. El caso es huir, digo vivir, de eso se trata ¿no? ¡Pues corre, vuela!... Y vuelo, no pienso, solo vuelo.

Desplazándome por las aceras como un ratón busca su pedazo de queso en un laberinto encristalado, por un motivo que no ha visto, acabo exhausto en un patio, escondido, camuflado. Dios sabe que he dado toda la energía que tenía dentro, que no por avaricia deje nada para la soberbia. He corrido como un cobarde. Él sabe que he tenido que parar aquí justo antes de desfallecer. Pero prefiero no mentarle ni tenerlo en pensamiento alguno, nuestras desavenencias siempre han estado basadas con su discriminatoria forma de repartir injustamente y a su conveniente antojo la desgracia con la que cohabitamos, y sinceramente, no debo ser de su agrado. Recordarle como mentor y principal culpable de mi desdicha aumenta mi malestar. Solidificado junto al zaguán, sin moverme un ápice y sin pensar en hacerlo, aguanto la respiración, que derrama ahogo. Coloco las manos que ahora sudan con un motivo tapando la boca para evitar que blasfemias con forma de gemidos huyan de mi espíritu y evitar que me oiga... o tal vez para que lo pueda escuchar yo. Si viene, si ha podido seguirme. Lo dudo mucho. Por muy hambriento que pudiera estar, o enojado, o jodidamente cabreado conmigo dudo que haya sido capaz de reaccionar. ¿Pero si dudo, por qué digo que lo he perdido? Y ¿por qué no salgo de una vez? De nuevo la angustia, el terror. Como siempre inculcado por uno mismo y sus pesadillas. Posiblemente haya cometido un error al haberme detenido aquí, pues ahora estará esperando justo en la acera, en la esquina de este fatídico patio. Armado con envenenado puñal y feroces garras, silenciosas pero pesadas, mortales. Una vez creí escuchar que su estocada era infalible, y que a pesar de ello su víctima agonizaba lo justo como para lamentarse de todos sus pecados. De nuevo aparecen por mis henchidos ojos todas aquellas personas... ¡no, olvidadme! Que se pudran en el infierno. "¿Cómo puedes ser tan neurótico, tan malvado que ni a ti mismo te respetas? No comprendes que si realmente su mirada fuera tan asesina como dicen las malas lenguas nadie, absolutamente nadie habría sobrevivido, y por lo tanto no habría pruebas de como devora a sus victimas"... Es cierto, tan cierto como que las malas lenguas son uno mismo y lo que quiere creerse. Mi amor propio me devuelve con un golpe a la cruda realidad, la oscuridad es lo único de lo que puedo dar fé. Una intensa humedad que cala cada uno de mis intoxicados poros. Tengo que demostrarme a mí mismo que puedo combatir esta amenaza con soltura y valor, la misma que animo mí huida. Temblorosos los dedos, decido desentumecerlos encendiendo un cigarrillo. Mi héroe saldría tranquilamente de este sitio mientras esparcía una gran bocanada de huma en la cariacontecida jeta de mi muerte, como sí nada ni a nadie le preocuparan lo más mínimo. Altivez y energía. Después de espantar un pequeño hilo de humo que furtivamente se dirigía a la calle, observo mi arrugado cuerpo de pecho hacia abajo con la poca luz que la noche ha dispuesto hoy para mi pesadilla... Lógicamente, los superhéroes no existen. Incluso pocos minutos me separan de mi existencia. El humo que recorre los pulmones destroza los alveolos como amoniaco, ya ni la mierda me gusta. El frío ha soldado mis piernas al suelo. ¿El frío? Decido salir. ¡No, estás loco! Es cierto, no estoy loco y decido quedarme aquí todo lo que me resta de vida, esperando. Tal vez no haya podido seguirme, y con un poco de suerte se canse de buscarme y decida buscar otra presa. Otro desgraciado. ¡Y sería su problema, que se joda! Dios, estoy perdiendo la cabeza. Resoplo. Tengo que salir, sacar fuerzas de donde no las tengo, valor de donde no existió. Oxígeno del humo que trago...

 

Y salgo, primero lentamente, (no mires atrás), después con largos pasos, (que no se te ocurra mirar atrás), continuo con zancadas firmes y potentes, (hazte el favor de no girarte)... A pesar de los zapatos intento no apoyar toda la suela, amortiguando lo imposible el horrible sonido que me acompaña para evitar hacer ruido,... o para escucharle mejor. ¿Otra vez las mismas putas dudas? Sí, las mismas, pero es inevitable. La nula confianza que siempre me ha rodeado hace posible lo inevitable. Eso es lógico. "Hasta la lógica se apodera de ti, desgraciado". Tienes razón, esta de nuevo ahí, al acecho, detrás de mí, camuflado en la sombra de mi oscuridad. Tal vez ha estado siempre ahí y no me he dado cuenta. Entonces es imposible despistarlo, por mucho correr, por mucho escondite y maldito patio que encuentre en este camino. ¡Un momento, escucha!... algo ha cambiado, esta gimiendo, sus jadeos se confunden con los míos. Lo hacemos a la par, como si de uno se tratara. También se cansa, y me indica que no es invencible. La bestia es mortal. Tal vez, puede ser que... ¿puede ser que sus gemidos sean de furia? "Cuando vas a dejar de pensar siempre de la misma forma". Pesimismo y resignación es lo que siento. Esa maldita indecisión. Tengo que verlo, deseo observar el mal. Quiero ver al que quiere atentarme, robar mi alma, al ladrón de espíritus, al maldito terrorista, al furtivo que me acecha, al asesino que me desangra. Al que me vuelve loco. ¿Crees que estás preparado? No. ¿Y Él? Si mi osadía pudiera afectarle, tal vez desate finalmente su furia si el soportarme durante tanto tiempo no lo hizo. Sí decidiera hacerlo, e implorando unas últimas palabras no sabría que decirle, quedaría a merced de sus dardos. Si dispusiera de tiempo, solo un poco más, creo que podría convencerle, quitarle de la cabeza esa feroz determinación con la que actúa contra mí... Y sería el único superviviente, Dios que gozada, disfrutaría de una fama jamás alcanzada por ningún ser vivo en toda la historia. Mi hazaña quedaría grabada para todos los tiempos... ¡Basta de gilipolleces, es que no te has dado cuenta ya que estás cavando tu propia tumba, si es que la mereces! El estómago ha dado todo lo que tenía que dar, y comienza a descomponerse. ¡Continua, no te gires y continúa! Y huyo despavorido, gritando como un depravado, corriendo como un palurdo...

Presiento que se acerca el fin, un final que puede virar en cualquiera de los dos sentidos, ya sé que esto se acaba. No tan lejos, más de lo que pueda jurar en este momento, diviso en forma de milagro la puerta de mi casa. "¿Es hermosa, verdad?". Es la salvación convertida en rejas. Es la ironía. Es la verdad... Al contrario de lo que deseaba y usted creía, ese aliento de alegría que esperaba se convierte en desesperación. Pensar en dos finales al azar, más cuando se trata de mi cabellera, no me favorece. Me desespero. Mi interior se desploma, amarrándome al último hilo de esperanza que todavía poseía: la Fé. Por Ella continuo, reptando esos infinitos metros...

 

Su imperceptible aliento, sus sordos pasos, su centelleante sombra, su luminosa oscuridad, su invisible faz, su transparente y descomunal tamaño, su hedor a ira, a venganza, a muerte, a verdad... Ya no puedo más. Saber que te acecha, inteligente y eficaz, perfecto como cualquiera que se alimente de almas, pero inexistente ante mis sentidos. Un doloroso fogonazo acaba por destrozarme, no siento nada. Esa lúcida y despierta mente que agonizaba se sumerge en un oscuro pozo, brotando de ella una angustiosa y horrible ansiedad. Sin poder evitar que las lágrimas se precipiten pesadas y sin sentido por mi cara, sollozando a duras penas intento tembloroso meter la dichosa llave en la cerradura. ¡No me hagas daño, ahora no, por favor!, Le decía, aunque dudaba que pudiera escucharme. O quisiera. Al fin una cerradura cedió, una llave dio una vuelta, abriéndose una puerta por la cual una fuerza extraña introdujo un cuerpo, en apariencia muerto, vacío.

Rezando, deseando que esa puerta quedara cerrada y sellada para toda la vida, el terror acumulado, la tensión que ahora inmovilizaba y había obligado a permanecer dentro de mí, desemboco en un torrente de adrenalina, y felicidad supongo, pues no se distinguir lo que no he conocido. Y arrodillado en el suelo grito, maldigo, insulto, suplico, rio, lloro, gimo, imploro... actúo sin sentido para desahogarme hasta que se apodera de mí la inevitable locura que el destino ya me tenía  preparada. Ahora creo, dudo que pienses igual, que yo presente mi propia locura, la acepte, no por haber logrado escapar de la nada sin sufrir ningún daño, sino por todo lo contrario. Quedar indemne del sufrimiento. De la incapacidad de sentir lo ajeno nació mi propia y peor locura, y mi única muerte. La que me diferencia del resto.

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